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Aporte Ecológico a la homilía del domingo

  •   Domingo Octubre 09 de 2016
  •   Aporte ecológico a la Homilía del Domingo
  •    Alejandro Londoño Posada, S.J.

Con el resultado del plebiscito sobre el Acuerdo de Paz, nos encontramos en una simple tensión social, sino en una crisis. Las tensiones molestan un poco, pero se resuelven a veces fácilmente o se pasan por encima. Las crisis nos hunden o nos sacan adelante mejor de lo que estábamos.

Estas consideraciones valen para las tensiones y las crisis en los matrimonios, e incluso para las de los automóviles. Si la tensión se da por falta de gasolina, se resuelve pronto. Si la tensión por el daño total en el sistema de frenos o lo resolvemos o nos chocamos.

El resultado, aunque de empate técnico, nos puso en una crisis en cuanto al problema gravísimo de la paz. Y están en juego la vida de miles de personas si siguen los combates. Pero también quedaron en el aire los compromisos sobre desarrollo rural analizados en la Habana y en los cuales, de algún modo, se juega el futuro ambiental del país.

Debemos reconocer que la naturaleza ha sido víctima de la guerra, como cientos de ejemplos lo corroboran. Bastaría con recordar la destrucción y el deterior de regiones como los de la Sierra de la Macarena; o los diversos sectores afectados por los atentados a la infraestructura petrolera.

Ahora bien, si miramos esta situación desde la encíclica LAUDATO SI, nos encontramos con que “no podemos dejar de reconocer que un verdadero planteo ecológico se convierte siempre en un planteo social, que debe integrar la justicia en las discusiones sobre el ambiente, para escuchar tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres” (L.S, n 49).

El evangelio de hoy nos dice cómo Jesús iba camino de Jerusalén y pasó por la frontera entre Samaria y Galilea y al entrar a una población le salieron al encuentro 10 leprosos, que se detuvieron a distancia y comenzaron a gritar: “Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros”.

Los pobres, que han sido las personas más afectadas por los desastres ecológicos de la guerra, también le gritan a nuestro país, a los gobernantes y a todos nosotros, que tengamos compasión de ellos. El peligro es que como la misma encíclica nos advierte: “El impacto de los desajustes actuales se manifiesta también en la muerte prematura de muchos pobres, en los conflictos generados por la falta de recursos y en tantos otros problemas que no tienen espacio suficiente en las agendas del mundo”. Hasta aquí el Papa citando a los obispos alemanes (L.C. n. 49).

Pero la escena de los leprosos nos adentra en otro campo, tal vez más personal, el de la gratitud. Sólo uno de los 10 regresó a dar las gracias a Jesús. Esta escena nos hace pensar si hemos sido agradecidos con el Señor que nos ha regalado un país tan rico en biodiversidad, tan rico en especies animales, vegetales y minerales.

Sólo un aspecto, que hemos ido olvidando en los últimos años, y que el Papa nos recomienda: ”Una expresión de esta actitud es detenerse a dar agracias a Dios antes y después de las comidas. Propongo a los creyentes que retomen este valioso hábito y lo vivan con profundidad. Ese momento de la bendición, aunque sea muy breve, nos recuerda nuestra dependencia de Dios para la vida, fortalece nuestro sentido de gratitud por los dones de la creación, reconoce aquellos que con su trabajo proporcionan estos bienes y refuerza la solidaridad con los más necesitados” (L.S., n. 227)