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Aporte Ecológico a la homilía del domingo

  •   Domingo Octubre 23 de 2016
  •   Aporte ecológico a la Homilía del Domingo
  •    Alejandro Londoño Posada, S.J.

La descripción del fariseo nos da pie para pensar en muchos ciudadanos “nobles”, cumplidores de la ley, ritualistas, pero que desprecian a los demás. El fariseo del evangelio de Lucas, dice no ser ladrón, ni adúltero, de lo que acusa sin más, al publicano. Además cumple con los ritos de ayunar y dar el diezmo. Se coloca en los primeros puestos.

El publicano se coloca atrás, es consciente de su situación de pecador y no se cree digno de levantar su vista al cielo. Su descripción es semejante a la que hace Pablo de los paganos, antes de convertirse: son personas “sin esperanza y sin Dios” (Efesios 2,12).

Sabemos quién salió del templo a paz y salvo con Dios. Lo afirma Jesús en esta parábola, cuando dice al final “porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido”. (Lucas 19,14).

El Papa Francisco, de alguna manera, nos invita a pensar del mismo modo tratándose de la realidad Ecológica, de la Casa Común. En términos generales afirma: “Merecen una gratitud especial quienes luchan con vigor para resolver las consecuencias dramáticas de la degradación ambiental en las vidas de los más pobre del mundo” (L.S., n, 13).

Pero ya en concreto, denuncia el fariseísmo de quienes han colocado una confianza irracional en el progreso y en la capacitación humana y en cambio felicita a quienes han entrado en una etapa de mayor conciencia. De estos dice: “Se advierte una con creciente sensibilidad con respecto al ambiente y al cuidado de la naturaleza” (L.S., n.19).

Ataca la encíclica muy fuerte a los que ponen su confianza en una “tecnología que, ligada a las finanzas, pretende ser la única solución de los problemas, de hecho suele ser incapaz de ver el misterio de las múltiples relaciones que existen entre las cosas y por eso a veces resuelven un problema creando otros” (L.S., n.20).

Es el caso de los campesinos obligados a comprar ciertas semillas de Monsanto, que producen una primera cosecha muy buena, pero luego deben seguir comprando más y más semillas, pues no dejan volver a producir otras semillas a las plantas que reciben tal tecnología.

En contraste, con todo lo anterior, hallamos en la primera lectura de hoy que “El Señor es un Dios justo y no hace discriminaciones. No favorece a nadie con perjuicio del débil, sino que escucha las suplicas de quien es agraviado” (Eclesiástico 35,12).

Somos nosotros quienes hacemos esas discriminaciones con los débiles y abusamos de ellos. Son las grandes empresas o los grandes terratenientes quienes suelen caer en estos fariseísmos de creerse los nobles y señalar a los otros de paganos, pecadores, malos ciudadanos.