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Aporte Ecológico a la homilía del domingo

  •   Domingo Noviembre 27 de 2016
  •   Aporte ecológico a la Homilía del Domingo
  •    Alejandro Londoño Posada, S.J.

El proyecto de Dios para con la humanidad siempre ha sido el de la Paz, la Justicia, la Fraternidad; cómo quisiéramos que estas tres realidades reinaran en nuestro país! Por desgracia siempre ha habido personas y pueblos que se interpongan a estos bellos planes. Y en el fondo más cuando se trata del proyecto de la Vida Eterna que nos trae Jesús.

Hoy celebramos el Primer Domingo de Adviento. Nos comenzamos a preparar para la Venida, para el Nacimiento de Jesús. Pero si nos descuidamos, esta preparación puede ser poco cristiana. La sociedad de consumo nos propone, en la práctica, reducirla a comprar regalos y adornos para el pesebre o para nuestras casas, almacenes y calles.

Por eso nos viene muy bien darle importancia a las lecturas de este domingo. En la primera, Isaías nos propone encaminarnos hacia Él: “Vengan, subamos al monte del Señor, a la Casa del Dios de Jacob para que Él nos enseñe sus caminos y podamos seguir sus senderos” (Is. 2, 3).

Pablo, más concretamente nos propone: “Dejemos las obras de la tinieblas y tomemos las armas de quien actúa la luz del sol” (Romanos 13, 13). Es como si estuviera respondiendo al mal comportamiento que señala Marcos de la gente de los tiempos de Noé: “Porque en los días anteriores al diluvio la gente no pensaba sino en comer y beber y casarse” (Mc. 24,38).

Fijémonos bien. Lo que Jesús se queja es que sólo, solamente, pensaban en esto. Pero no pensaban en buscar la paz, en trabajar por implantar la justicia y por vivir la fraternidad. Menos aún estaban pensando en la Vida Eterna.

Aplicando esto a la Ecología, al cuidado de la Casa Común, tenemos toda una invitación a buscar la paz no sólo en nuestros corazones, en nuestras familias, sino en nuestros vecindarios y en nuestro país. En estos últimos, la violencia ha destruido las riquezas medioambientales que el Señor nos dejó y esto en contra de la comunidad y en particular de los más pobres.

Qué buenos que acudiéramos el salmo de hoy, con todo fervor, pidiéndole al Señor que nos reciba en su Casa, pues es una alegría ir a la casa del Señor. Por eso repitamos: “Por mis hermanos y compañeros, voy a decir: “la paz contigo”. Por la casa del Señor nuetro Dios, te deseo todos bien”.