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El servicio, factor diferenciador del cristiano

  •   Domingo Octubre 21 de 2012
  •   Pistas para la Homilía del Domingo
  •    Jorge Humberto Peláez Piedrahita, S.J.

• Lecturas:

- Profeta Isaías 53, 10-11
- Carta a los Hebreos 4, 14-16
- Marcos 10, 35-45

• La liturgia de este domingo propone a la comunidad el servicio, como un elemento esencial del seguimiento del Señor. A propósito de una conversación sobre privilegios y posiciones de poder que se dio entre los apóstoles, Jesús aprovechó la oportunidad para dar una orientación muy precisa: “El que quiera ser grande entre ustedes, que sea su servidor, y el que quiera ser el primero, que sea el esclavo de todos”. De esta manera, Jesús establece una clara diferencia entre el Reino que Él anuncia, y los poderes de este mundo cuya motivación es el dominio.

• Cuando Jesús afirma que el servicio es un factor diferenciador en la nueva creación que Él instaura, está expresando su vivencia. A través de sus enseñanzas y de sus milagros, sirvió a aquellos que estaban más necesitados: los pobres, los excluidos de la sociedad, los enfermos, los pecadores. La vocación de servicio es llevada por Jesús hasta el extremo de dar la vida por nosotros, para que tuviéramos acceso a la participación de la vida divina.

• Esta temática del servicio no sólo está presente en el relato evangélico que hemos escuchado; también se encuentra en las otras dos lecturas:

- El profeta Isaías presenta la imagen del Siervo de Iahvé, quien expresa el servicio a la comunidad entregando la vida como expiación: “Con sus sufrimientos justificará mi siervo a muchos, cargando con los crímenes de ellos”. Esta figura del Siervo, descrita por el profeta Isaías, anticipa lo que será la pasión y muerte del Señor, expresión – la más radical de todas – de servicio a la humanidad.

- Un concepto teológico semejante aparece en la Carta a los Hebreos, donde se subraya el compromiso total del Señor con nuestra condición humana: “No tenemos un sumo sacerdote que no sea capaz de compadecerse de nuestros sufrimientos, puesto que Él mismo ha pasado por las mismas pruebas, excepto el pecado”. En este contexto, el servicio del Señor a la humanidad tiene la impronta de la solidaridad y la compasión.

• Vemos, pues, que el hilo conductor de la liturgia de este domingo es el servicio, tal como lo muestran las lecturas: servicio como entrega expiatoria del Siervo de Iahvé; servicio como solidaridad y compasión en el Sumo Sacerdote de la Nueva alianza; servicio como estilo peculiar de ejercer la función de autoridad dentro de la comunidad.

• Los invito a que avancemos en nuestra reflexión, pues la palabra servicio es muy rica y sugiere acciones concretas en favor de los demás, teniendo en cuenta personas, tiempos y lugares, como dice San Ignacio de Loyola:

- Cuando pensamos en servir a los demás, lo primero que se nos ocurre es tender la mano a las personas que padecen algún tipo de necesidad; las posibilidades de servir a los necesitados son infinitas. Ante el amplísimo abanico de posibilidades de servicio que se abren ante nosotros, debemos preguntarnos en qué campo puede ser más eficiente el aporte que hagamos en cuanto a recursos económicos y al tiempo que dediquemos.

- Cuando nos comprometemos con algún tipo de servicio a la comunidad, nos sentimos útiles pues trascendemos el pequeño mundo de nuestras preocupaciones individuales para articularnos a un proyecto más amplio, que impacta positivamente las vidas de otros seres humanos. Cada uno de nosotros puede aportar un poco de bondad a una sociedad desgarrada por tantas formas de violencia.

• Ahora bien, no es suficiente tener buena voluntad de servir a los demás; la forma como lo hacemos debe ser analizada cuidadosamente para que se logren los beneficios que buscamos:

- Ante todo, el servicio que prestamos a otras personas debe ser oportuno; esto significa que debe ser respuesta a necesidades reales y en el momento adecuado; con frecuencia, iniciativas muy generosas producen resultados negativos porque resultan impertinentes, es decir, porque se llevan a cabo en el momento o en circunstancias equivocadas.

- Debemos ser extremadamente delicados en la forma como servimos a los demás para no herir susceptibilidades y no maltratar la autoestima de esas personas. Por eso hay que evitar toda sombra de paternalismo y hacer que aquellos a quienes queremos dar la mano sean los actores de su propia superación y crezcan en autonomía.

• Si queremos seguir las huellas de Jesús, el servicio a los demás es el criterio por excelencia para tomar las decisiones correctas. En el Evangelio, el amor a Dios y a los hermanos son inseparables. De ahí que nuestra espiritualidad debe tener la impronta del servicio, el cual se puede expresar de muchísimas maneras.