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Aporte Ecológico a la homilía del domingo

  •   Domingo Diciembre 11 de 2016
  •   Aporte ecológico a la Homilía del Domingo
  •    Alejandro Londoño Posada, S.J.

Las tres lecturas de este domingo acuden a comparaciones tomadas del campo, de la naturaleza, para anunciarnos algo nuevo, algo que está por venir. En nuestro caso será el Nacimiento de Jesús. Pero detengámonos primero en el primer sentido que podrían tener dichas comparaciones.

Isaías se expresa así al comenzar el capítulo 35: Se alegrará el desierto y la tierra estéril, que reverdezca y se cubra de flores y de júbilo la pradera; florecerá ésta como florecen los narcisos, desbordará de gozo y alegría. ¿La razón? Pues allí se hará ver la gloria del Señor, la majestad de nuestro Dios.

Interesante notar como la comparación se hace entre las flores que aparecen con toda su belleza y el júbilo, la alegría y el gozo, que nace para el pueblo. En aquel caso, por la vuelta de los desterrados de Babilonia. En nuestro caso, por el deseado regreso de la Paz y del Niño Dios en Navidad.

La segunda lectura, de la Carta de Santiago compara la paciencia y el gozo por la Venida gloriosa del Señor, con la paciencia que tiene el labrador cuando espera la cosecha tan anhelada de sus campos. En otras palabras, los campesinos aguardan con paciencia la llegada de las lluvias de invierno y primavera para recoger los frutos de su labor, como dice Santiago más adelante.

Nosotros en estos días de Adviento debemos también esperar con paciencia la Venida del Salvador. La sociedad capitalista nos está presentando ésta de mil colores y con mil tipos distintos de regalos, pero no nos está hablando de la necesidad de ser sobrios, de no dejarnos llevar por la ambición y el derroche. Esta espera debería ser como nos la propone la encíclica Alabado Seas del Papa Francisco.

“A la vez que podemos hacer uso un uso responsable de las cosas, estamos llamados a reconocer que los demás seres vivos tienen un valor propio ante Dios y, “por su simple existencia, lo bendicen y le dan gloria”, porque el Señor se regocija sus obras (Sal. 104,31).” (L.S. n.69).

La comparación que aparece en el evangelio de Mateo se refiera a la persona de Juan Bautista: “¿Qué salieron a ver en el desierto? ¿Una caña sacudida por el viento? ¿Qué fueron a ver? ¿Un hombre vestido delicadamente?” (Mat. 11, 7-8)

Jesús afirma de su primo Juan que es más que un profeta, que es una persona que no imita a los que se visten delicadamente en los palacios de los reyes. Que él es de quien dice la Escritura: “Yo envío mi mensajero delante de ti para que te prepare el camino”. (Mat. 11,10).

La pregunta que nos podemos hacer es si en este momento no hay más personas pensando en qué vestido comprar de todos los que aparecen en la propaganda “navideña” o si están pensando en cómo prepararse para vivir una Navidad en paz, consigo, con la naturaleza y con Dios. Que ojalá nosotros no seamos de los primeros, sino de los segundos. Más aún, que ante tanta pobreza como nos rodea, imitemos el ejemplo de Juan el Bautista.