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Aporte Ecológico a la homilía del domingo

  •   Domingo Diciembre 18 de 2016
  •   Aporte ecológico a la Homilía del Domingo
  •    Alejandro Londoño Posada, S.J.

En una encuesta hecha en nuestro país en el 2011 por un periódico, resultó que las personas en Navidad sentían alegría el 80%, tristeza el 17% y no respondían el 3%. Quizás los datos cambien de un lugar a otro. Pero son muy dicientes. Es una época de alegría.

La invitación ahora es a revivir la forma cómo cada uno de los fieles ha vivido la Navidad. Qué bueno recordar con quiénes, en qué ambientes y con qué prácticas religiosas. El objetivo es caer en la cuenta de cómo este año podemos vivirla mejor.

Las mismas prácticas religiosas marcarán mucho estas vivencias. Unas Posadas bien preparadas como lo hacen en México o entre los méxico-americanos en USA, marcan a las personas y les traen recuerdos del pasado. En Colombia gozamos de una práctica, cuyo valor no hemos apreciado siempre. Se trata de la Novena Navideña.

En algunos sitios, es cierto, los adultos le sacan el quiete con el pretexto de que es una fiesta para los niños. En otras partes, en cambio, es una costumbre muy arraigada el rezarla en familia. En otras, es una celebración barrial.

Pero pasemos a la historia del pesebre. El 24 de diciembre de 1223 comenzaron a sonar las campanas de la iglesia del pueblo de Greccio, en Italia. Los vecinos salieron a ver qué sucedía. De pronto se les apareció Francisco de Asís desde una montaña vecina y los invitó a subir. Ellos tomaron antorchas y emprendieron el ascenso.

¿Qué encontraron? Un pesebre vivo, representado por personas, incluso alguien con un niño casi recién nacido. Cuentan que la sorpresa fue tan grande que cayeron de rodillas. Fue entonces cuando descubrieron por qué Francisco se desaparecía a ratos y subía a esa montaña. ¿Era sólo para orar? A Francisco le gustaba alejarse de la gente y ponerse en contacto con Dios. Pero había algo más. Ese bosque vecino era de un amigo suyo llamado Juan Velilla. Allí Francisco había descubierto una cuevita muy parecida a la que conoció pocos días antes en Palestina, a donde había ido en peregrinación.

Ahora él estaba enfermo y hasta creía que esta era su última Navidad. Por eso se le ocurrió la idea de hacer un pesebre vivo, con personas de carne y hueso. Para eso fue invitando a ciertas personas a quienes impuso la obligación de no contar a nadie lo que estaban tramando.

Como conocía bien los relatos de Lucas y los había meditado con cariño, no le quedó difícil organizar la representación viva del pesebre. Por eso sus vecinos pudieron decir que eran las primeras personas en el mundo que había conocido un pesebre vivo. Y por eso a Francisco no le quedó difícil pasar un buen rato con ellos explicándoles el misterio del Nacimiento del Niño Dios.

Cuando terminó de hacerlo, un sacerdote que también había sido cómplice de este secreto, les celebró la Eucaristía y les ayudó a comprender el misterio que hoy también nosotros celebramos junto a los pesebres.

En el 2013 un arzobispo argentino elegido Papa tomó su nombre de Francisco y nos invitó a vivir la sencillez, el amor por los pobres y el cariño del poverello de Asís, por la Naturaleza y por la Navidad. Quien desee conocer el apreció por san Francisco de Asís lea los primeros números de su encíclica LAUDATO SI, donde habla bellezas del modelo que está imitando en su pontificado.

Además, el Papa Francisco aconseja a las parroquias a que estén “en contacto con los hogares y con la vida del pueblo, y no se conviertan en una estructura separada de la gente o en un grupo de selectos que se miran a sí mismos” (La Alegría del Evangelio, n.26).