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Apuntes del Evangelio

  •   Domingo Enero 18 de 2017
  •   Apuntes del Evangelio
  •    Luis Javier Palacio Palacio, S.J.

La gloria de Dios es el ser viviente
Marcos 3:1-6, miércoles, enero 18 de 2017

Ireneo de Lyon es quizás de los Padres de la Iglesia el primero en leer las Escrituras como una antropología, es decir, más que como un tratado sobre Dios, sobre el hombre como Dios lo quiere. Dicho de otra manera, es la palabra de Dios pero no sobre Dios mismo sino sobre el hombre. Une la maravilla de Dios como creador con el hombre como creatura de tal manera que la gloria de Dios coincide con la vida plena del hombre. Del hombre en su totalidad, no del alma como luego enfatiza el neoplatonismo. El paraíso no estaba en el pasado en el cual Adán era un niño (nepios en griego) sino que espera en el futuro cuando la humanidad desarrolle la plenitud de su divinidad que ya insinuaba el Génesis: imagen (ya dada) y semejanza (tarea por alcanzar). La semejanza no es otra cosa que Jesús, modelo de humanidad. La humanidad es una criatura en desarrollo desde la creación a la consumación. No teme a Darwin, le da sentido espiritual.1 Para los judíos estaba permitido buscar las curaciones en la sinagoga pero no en sábado, pues se consideraba trabajo prohibido excepto si era caso de vida o muerte. Tanto para el judaísmo como para el cristianismo la vida es don sagrado de Dios y en el judaísmo no se justificaba arriesgarla sino en tres casos: para evitar la idolatría, el asesinato o los crímenes sexuales. En la teología cristiana solamente para evitar perder la vida eterna. En ninguna de las dos religiones es pues un valor absoluto total aunque en el cristianismo hubo épocas de sobre énfasis del martirio buscado. Hoy se pone más énfasis en la armonía entre esta vida y la vida eterna que no deben disociarse. En peligro de muerte física era permitido violar el reposo sabático incluso con los animales. La oveja caída en sábado en un pozo se le podía sacar. Pero la mayoría de las curaciones de Jesús no cumplen tal urgencia. Las cuatro de paralíticos: mano seca, paralítico de Cafarnaún, el de la piscina Betzatá y el de la mujer encorvada, eran casos que llevaban años y no estaban en peligro de muerte. Pero sí tenían una vida disminuida y precisamente el sábado era el día para celebrar la plenitud de la vida. Lucas anota en el relato paralelo que la mano seca era la derecha (dexia en griego) lo que incrementa el dramatismo de su limitación. En este sentido la pregunta de Jesús puede tomarse como meramente retórica: «¿Es lícito en sábado hacer bien en vez de mal, salvar un alma (vida)2 o dejarla perecer?» Suponiendo que no sea una pregunta meramente retórica, implica que dejar de hacer un bien posible ya es hacer un mal y que salvar la vida no es solamente dejar morir sino mejorar su calidad. Los presentes en la sinagoga podrían pensar con justificada lógica que dejar pasar un sábado con la mano seca no era hacer un mal y que no restablecerle la mano no era dejarlo perecer. Esto estaría dentro de los cánones de escribas y fariseos. El hombre podría volver en semana para ser curado. Pero Jesús, por un lado quiere ir más allá de los escribas y fariseos y por otro lo que hace en sábado tiene sentido profético escatológico. El sábado es para que toda la creación entre en el gozo en su creador. Un evangelio apócrifo al que no se debe dar credibilidad pero refleja el sentir popular, dice que el hombre de la mano seca era un albañil que la necesitaba para trabajar. En un sermón de Antonio de Padua decía: «Tiéndele al pobre tu mano seca, paralizada por la avaricia, y la limosna le devolverá su vigor» con una adecuada aplicación de que los paralizados de la mano somos todos lo que no la abramos a los demás. El final del relato de hoy es bastante extraño en la lógica que usualmente vemos en las curaciones de Jesús. Lo que gana con curar al hombre en sábado es que «los fariseos luego se concertaron con los herodianos contra Jesús para prenderle» una reacción muy distinta a la que se espera del lector. La reacción de los opositores de Jesús en vez de cambiar o convertirse, se agrava. Diferente había sido la reacción en la sinagoga de Cafarnaún con el hombre con un espíritu impuro. Su fama se extendió por Galilea. En Marcos los opositores de Jesús fluctúan entre los escribas, los escribas y fariseos, los fariseos y herodianos (fanáticos del rey Herodes), los discípulos del Bautista y los fariseos. Antes de que se levante la objeción, Jesús pide al hombre de la mano seca ponerse en medio de la sinagoga. Ver al hombre en su limitación era “leer” aquí y ahora la voluntad de Yahvéh en vez de leerla en la Escrituras. El rostro del otro puede ser más revelador de la urgencia de Dios que toda la Biblia; cuando menos es más capaz de mover el corazón que la cabeza. La anotación de Marcos es bien diciente: «Con la mirada airada, entristecido por la dureza de su corazón». El contraste, como los claroscuros de Rembrandt, es bien significativo. Le aíra como a los profetas que la ley escrita prime sobe la ley viva, que no los haya llevado a ser más sino menos sensibles, escudados en la ley. Pero a la vez que se aíra por ellos se entristece igualmente por ellos. Jesús tiene el corazón partido entre la tristeza y compasión por el que sufre con su mano seca y el que sufre enredado en la ley. A la doble pregunta sobre hacer el mal o dejar perecer que parecería tener una respuesta tan obvia, los asistentes a la sinagoga callan. Hacer el bien, salvar la vida no parecía que se hubiera encarnado como respuesta refleja a pesar de que el sábado era para aprender y ahondar en las Escrituras. Los profetas habían sido la palabra “viva” pero tan incómoda que prefirieron asesinarlos, excepto Elías que escapa en un carro de fuego. Jesús, como en todas las curaciones, sorprende con sus palabras. No ordena que la mano sea sanada sino que estire le mano. Entre curar la mano y guardar normas sobre el sábado ¿Qué da más plenitud de sentido al descanso (menuha) sabático? Una religión de meras normas es más cercana a un método humano para controlar a Dios; el discernimiento es un desafío mayor para obrar como Dios obraría. La normatividad puede hacer una asceta pero el discernimiento un místico. En algunos de los mejores textos del Antiguo Testamento cuando Yahvéh se enfrenta al dilema de aplicar la justicia o hacer misericordia, entra en conflicto consigo mismo y termina triunfando la misericordia. En Jesús es claro que la misericordia gana la preeminencia. Igual repite Jesús lo que ya decían los profetas sobre el culto: «Misericordia quiero y no sacrificios» (Mt 9:13). En el relato paralelo en Mateo la pregunta la hacen los fariseos y es más jurídica: «¿Es lícito curar en sábado?» (Mt 12:10). La confabulación de los fariseos con los herodianos es la confluencia de la ley religiosa y la ley civil. La mezcla fue siempre problemática en el judaísmo antes y después del destierro; con los reyes y con los invasores persas, griegos y romanos. Jerusalén y Roma se encuentran ante Jesús que no responde a ninguna de las dos. Mejor, a las dos, pero desde perspectiva diferente: la gloria de Dios es el ser viviente sin discriminación ninguna.

Notas

  1. Un pensador más reciente que se asemeja mucho a Ireneo es Teilhard de Chardin y su proceso de “cristificación” para toda la creación; la recapitulación de la que habla Pablo en 1 Corintios 15:28 y Efesios 1:10.
  2. En el lenguaje científico es posible traducir con bastante precisión de una lengua a otra; no así en el lenguaje religioso. La traducción ya es una interpretación. En griego PSYCHE traduce tanto alma como vida.