Descargue la Homilía en formato .PDF

↓ Descargar

Apuntes del Evangelio

  •   Domingo Enero 24 de 2017
  •   Apuntes del Evangelio
  •    Luis Javier Palacio Palacio, S.J.

Marcos 3:31-35, martes, enero 24 de 2017

La organización familiar tiene, en sus diferentes formas, la antigüedad de la humanidad. En los escritos más antiguos de la Biblia se da por descontada, es decir, algo que no necesita justificación divina, como el comer, respirar, dormir o reproducirse. La tribu se entendió, común a muchos pueblos, como una extensión de la familia. El primero de los 613 mandatos era “creced y multiplicaos” que en el Génesis se entiende como mandato divino. La Biblia se ocupa de la pureza de la familia (leyes de parentesco y bastardía), el respeto por los padres, la protección de los derechos hereditarios. En el año del jubileo la tierra regresaba a la familia (tribu) original. No había en hebreo propiamente una palabra para “familia” como hoy la conocemos. Lo más cercano es casa, como se ve en “casa de David”, “casa de Jacob”, “cada de Abrahán”, concepto que incluía las concubinas. La monogamia entra al matrimonio judío tan tarde como la Edad Media. Buena parte de la justicia se impartía en la familia y por la familia; en parentesco ascendente obligaba la venganza por un asesinato. La literatura sapiencial busca crear una familia feliz, desarrollar el amor interno, aunque la madre tenía un estatus inferior al del padre. No hay a lo largo de la Biblia una relación uniforme entre familia y matrimonio monogámico que terminará siendo, al menos teóricamente, lo que constituye la base de toda sociedad. Hay que admitir que tenemos variadas formas de familia contemporáneas muchas de ellas monoparentales, mixtas (de diferente religión) y uniones libres. En la época de Jesús, tanto dentro del judaísmo como entre los griegos y romanos, existía la convicción de que los deberes familiares podían trascenderse por ideales propios de la filosofía o la religión. Los esenios formaban una familia especial de varones adultos. Adoptaban niños para formarlos en su movimiento, pero no los engendraban; los llamaban “parientes”. Las escuelas filosóficas hacían otro tanto y muchos estudiosos de la ley judía tenían el amor a la Torah por encima del amor a la mujer o los hijos. Igual les pide Jesús a sus seguidores. Pablo, educado en la escuela estoica de Tarso da como razón en favor del matrimonio evitar la inmoralidad sexual. En la unión mixta no incitar la parte creyente al divorcio, excepto en riesgo de su fe. Filón de Alejandría (filósofo judío contemporáneo de Jesús) enfatizaba que Abrahán rompió con la religión de sus padres y con su patria, Ur de los caldeos, para seguir su fe. Deja la religión de los astros visibles para seguir la de la voz invisible, solamente audible. También destaca Filón de Alejandría el caso de Pinjás (o Finéas) que sacrifica a sus amigos y parientes por caer en ritos idolátricos. Que la ley judía trascienda los afectos familiares tiene una expresión dramática (casi inhumana) en el caso del martirio de los siete hermanos macabeos y su madre que resultan como desafío a las políticas de Antíoco, invasor griego, que ataca las costumbres judías (comer cerdo).

Las renuncias exigidas por Jesús a sus discípulos en Marcos empiezan desde el llamado cuando abandonan todo para seguirlo; luego les recalca la renuncia a padre, madre, mujer, hermanos, hermanas. En Marcos, a diferencia de Juan, no se asigna función ni a María ni a José en la historia de Jesús. Tampoco se les describe como discípulos. Su familia, casa o tribu prácticamente sale de escena cuando cambia de residencia de Nazaret a Cafarnaún. Este será su centro de operaciones y no Nazaret. Mateo y Lucas dan una visión menos hostil de la familia de Jesús. Teniendo las culturas que rodean el Mediterráneo el honor familiar como una herencia de nacimiento o adquirida, es creíble que la familia de Jesús se sienta incómoda con lo que se decía de él. En ese entonces no era tan importante saber ¿quién soy yo? sino ¿a qué grupo pertenezco yo(1)? Antes Marcos nos cuenta que lo tenían por “fuera de sí” o loco, por poseído o por aliado de belcebú. El evangelio de hoy no dice que fueron su madre y sus hermanos a buscarlo aunque no nos dice con qué intención. Aunque algunos demonios habían confesado a Jesús como “Hijo de Dios” para sus conocidos en Nazaret era otra cosa: «¿No es éste el carpintero, el hijo de María, y hermano de Santiago y de José, de Judas y de Simón? ¿Y no viven sus hermanas aquí entre nosotros?» (Mc 6:3). Esto es lo que algunos escritores, sobre todo de espiritualidad, dirán que la divinidad se escondía y Pascal dirá que era necesario que se escondiera para que la fe tuviera sentido. De otra forma creeríamos en Jesús como se cree en un gran líder como Alejandro Magno o los emperadores romanos y no como el salvador. Las actitudes y enseñanzas de Jesús respecto a un orden social alternativo en el cual la familia tradicional judía parece no jugar papel determinante, puede percibirse en tres áreas relacionadas: las reglas matrimoniales, el valor de los niños y el manejo de la propiedad. De la imagen de la familia patriarcal con las doce tribus judías no quedaba más que el recuerdo en lo físico y la teología en lo religioso. El matrimonio como contrato (kethuba) era fácilmente anulado, los niños no tenían mayor valor hasta que no llegaran a la edad núbil (14 años) y la propiedad estaba concentrada en romanos, otros extranjeros, hacendados y comerciantes. Del proyecto original de Israel no había nada que mostrar.

La respuesta de Jesús a sus parientes, que se anuncia como madre y hermanos, tiene un elemento adicional que debía ser del interés de la comunidad cristiana: hermanas. Tiene también un detalle redaccional que puede insinuar el sentido de comunidad creyente. La comunidad está reunida “dentro” en torno a Jesús escuchándolo y su familia está “fuera”. Jesús pregunta por los que son sus verdaderos parientes y se responde a sí mismo: «El que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre». Aquí no incluye ni excluye a los que están fuera pues ni siquiera se refiere a su propia voluntad sino a la del Padre. Pero pasa su mirada por los que están reunidos en torno a él como indicando que ellos están llamados a ser sus parientes. Sabemos que en Marcos ni siquiera los más cercanos como son sus discípulos logran entenderlo pero aun así lo acompañan al menos hasta Jerusalén y antes de la cruz. Cumplir la voluntad de Dios es un proyecto de vida que no termina. En otras palabras, es una familia que está siempre en construcción. El biblista Xabier Picaza dice que la familia en la Biblia es una historia pendiente. Es que la familia creyente no es ni la judía, ni la romana, ni la del código napoleónico, ni la que consagre la constitución política, ni las variadas legislaciones que respondan a las formas modernas de organizar el matrimonio, el patrimonio, la custodia de los hijos. La familia de Jesús tampoco la conforman los santos como otrora se pensaba. Apenas si tenemos una pálida expresión de su familia cuando hablamos de la “gran familia humana”, la “casa común” (Laudato si´), todos los hijos de Adán, fraternidad universal. Esa “familia” está a la espera de ser diafanía del evangelio.

Notas
  1. Aún hoy en países orientales como Japón y China el apellido familiar precede siempre al nombre propio. En una presentación incluso precede el nombre de la empresa para la cual se trabaja o el lugar de nacimiento.