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Apuntes del Evangelio

  •   Domingo Enero 28 de 2017
  •   Apuntes del Evangelio
  •    Luis Javier Palacio Palacio, S.J.

Marcos 4:35-41, sábado, enero 28 de 2017

El mandato del Génesis «Sed fecundos y multiplicaos y henchid la tierra y dominadla» (Gn 1:28) no fue entendido en el judaísmo más que como mayordomía y nunca con la capacidad de sometimiento que hoy tenemos gracias a la ciencia, con sus ventajas y a la vez sus problemas ecológicos. En el sentido judío todo era milagro y nada era milagro porque todo sucedía según el querer de Yahvéh, incluida la tormenta y la calma, la lluvia y la sequía, el huracán y la bonanza. Los relatos de milagros (en realidad se usan en el Nuevo Testamento cuatro términos distintos ) constituyen un género particular de narración que ha sido con frecuencia bastante desfigurado. Tomás de Aquino popularizó un esquema de cuatro tipos de milagros: a) sobre “sustancias” espirituales; b) sobre cuerpos celestes; c) sobre los hombres; d) sobre creaturas irracionales. Los de naturaleza son los que merecen menos crédito histórico aunque lo pueden tener altamente simbólico. Este tipo de “milagros” fue el que puso en aprietos la fe en la modernidad y el enfrentamiento innecesario con las ciencias. No responden a los relatos de curaciones o expulsión de demonios porque: a) quien sufre la adversidad no es una persona necesitada, sino un colectivo como hoy un grupo indeterminado y otras barcas; b) la adversidad no es por exclusión social (impuro) o religiosa (pecado), ni física (parálisis, sordera, mudez, lepra) ni psíquica (epilepsia, demonio impuro), sino una circunstancia exterior que afecta por igual a creyentes y no creyentes ; c) no hay una petición expresa del necesitado que pida misericordia ni movimiento espontáneo de Jesús a ejercerla; (las curaciones son todas a título de compasión o misericordia y esto es lo que muestra Jesús y buscan en él); d) no hay palabras de alivio a personas sino al viento y al mar (prosopopeya propia del lenguaje mítico); e) no hay un cambio o conversión de la persona beneficiaria; f) aunque los milagros suceden en presencia de los discípulos no se hacen para ellos. Por el contrario, Jesús sufre los efectos de la naturaleza como hambre en el desierto, las multitudes que presionan, no tener tiempo para comer, necesidad de dormir (evangelio de hoy), escasez de provisiones e incluso pide a los discípulos incrementar las carencias como no preocuparse de alimento y vestido, no llevar túnica, ni sandalias, ni dinero.

Valga decir que el milagro por excelencia es la resurrección y es el más silencioso. Muere públicamente en una colina y se revela resucitado a unas pocas mujeres y hombres que eran sus amigos. También podemos decir que el milagro es que Dios se vuelve hombre como nosotros con todas nuestras limitaciones y sufrimientos, para padecer con nosotros. El milagro no corrige la naturaleza porque sería contradecirse como creador ni el milagro corrige la historia humana que es lo que Jesús busca pero desde dentro de la misma historia. El evangelio de Marcos es el que más “milagros” registra por lo cual cuando lo leemos podemos pensar que Jesús vino a hacer milagros y a dejar quien los hiciera por él. Pero la tónica de todo su evangelio es diferente: seguir a Jesús es seguirlo en la pasión para que tengamos derecho al mayor milagro: la resurrección. Al leer sus relatos de milagros tenemos que fijarnos en los detalles y no en el hecho taumatúrgico. El mensaje está en los detalles, tanto los de Jesús como los de la comunidad cristiana que elaboró el texto. Por eso un mismo hecho ofrece diferentes relatos en el mismo evangelio o en los otros tres. Puede el creyente creer que la verdad del milagro está en que haya sucedido como se narra y así es precisamente como se vuelve un mito, similar a los que se narraban de muchos dioses griegos y de otras culturas . La literatura budista, hinduista, judía, musulmana está plagada de milagros que buscan una vida más coherente con la fe de tales religiones; no competir con la espectacularidad del relato. En las sinagogas grandes había rabinos de segundo orden encargados de hacer milagros; pero lo que resulta curioso es que judíos y fariseos aunque le tengan ojeriza a Jesús, les encanta que haga milagros y hasta le piden que repita. Pero cuando dice que perdona pecados, se escandalizan, como en el caso del paralítico llevado en una camilla.

Los relatos de milagros ciertamente captan el interés del lector por la curiosidad humana. Son un buen anzuelo, pero su intención es sacudirnos y movernos a obrar a la manera de Jesús, como es la intención de todos los evangelios. Nos movemos si Dios nos mueve desde dentro. Esto es lo que se llama gracia, Espíritu, inspiración, moción interior, voz de Dios cuando somos capaces de salir de nosotros mismos para dar la mano a los demás. En otras palabras, los milagros se ponen en la persona de Jesús para que sean sus seguidores los que los hagan. Nada ni más allá ni en contra de la naturaleza, pero sí con la capacidad humana que vence el egoísmo: hacer misericordia. La tempestad calmada es la manera de expresar que aunque Jesús duerma o calle la comunidad creyente no tiene nada que temer. La resurrección venció la fuerza para parecía más invencible: la muerte. La barca que se hunde podría incluso naufragar si se supone que los navegantes eran avezados en tales lides. Al fin y al cabo ni el “mar” de Galilea es muy ancho (10 kilómetros) ni tan profundo (30 metros en su sima). Pero no tendría valor simbólico una barca hundida sino en la calma que algún día llegaría luego de las persecuciones. Las otras barcas pueden auxiliar, animar, ayudar, levantar al que está en dificultades, llenarlo de fe o de esperanza, entusiasmarlo; esto es identificarse con Jesús, no con quien naufraga que es un actor secundario. No se trata por tanto de pedir “milagros”, sino de hacerlos y tender la mano, abrir la mano, compartir lo que se tiene es el gran milagro que aún no se logra en la humanidad hasta hoy. Casi que vemos la tendencia contraria: a más recursos menos solidaridad, a mayor capacidad de ayuda, más egoísmo; a mayor desgracia humana más se aprovechan muchos. Algunos comentaristas incluso piensan que muchos de los milagros de Jesús se armaron alrededor de algunas enseñanzas de Jesús. Son para ilustrar tal enseñanza de una manera más viva y atrayente para el mundo judío de entonces en el que todo era milagro o nada lo era como se dijo. Hoy tenemos mayor capacidad de hacer “milagros de naturaleza” para prevenir o evitar desgracias naturales; pero tenemos menos deseos de hacerlo. Nuestra responsabilidad moral es mayor cuando sabiendo cómo dejamos que otros se hundan o perezcan en tantas tormentas: económicas, físicas, espirituales, morales, sociales.