Descargue la Homilía en formato .PDF

↓ Descargar

Apuntes del Evangelio

  •   Domingo Enero 31 de 2017
  •   Apuntes del Evangelio
  •    Luis Javier Palacio Palacio, S.J.

Enfermedad y muerte
Marcos 5:21-43, martes, enero 31 de 2017

Para el judaísmo la muerte no revestía mayor problema siempre y cuando fuera de edad avanzada, rodeado de la prole y muerte natural. No así la muerte violenta o la muerte prematura, fruto de la violencia (Caín y Abel) o castigo por pecados mortales(1). También la enfermedad era un castigo por pecados propios o culpas heredadas por lo que solamente Yahvéh podía realmente curar. En el relato de hoy sobre la hija de Jairo, se da el paso de “está muriendo” en el primer informe a “ha muerto” en el segundo. El relato entra así en la ambigüedad de si se trata de un relato de resurrección (de los cuales hay tres en los evangelios) o de curación. Más clara la ambigüedad cuando se inserta el relato de la hemorroísa entre la enfermedad y la disfunción orgánica. En el de la hija de Jairo igualmente está en una etapa de transición, pues aunque es llamada reiteradamente niña, se dice que tenía doce años, precisamente la edad núbil en el pueblo judío(2). También Jesús aparece de doce años cuando muestra independencia de criterio frente a sus padres quedándose en Jerusalén. Un elemento común en el evangelio de Marcos es que Jesús quiere alimentar a las multitudes, por lo que narra dos reparticiones de panes, una a los gentiles y otra a los judíos, y al final pide que le den de comer a la adolescente. En el relato de la hemorroísa, quien también habría sufrido por doce años, los discípulos aparecen como ausentes al sentido de las curaciones aunque físicamente presentes. Que la mujer toque a Jesús, en un rito complejo que puede considerarse mágico, es descrito con una de las palabras traducidas por algunos como milagro: «notando en seguida la fuerza (dynamis) que de él había salido» pero vale la pena anotar que no es Jesús quien piensa así sino la mujer quien se decía a sí misma: «Como logre tocar siquiera sus vestidos, quedaré curada». Siendo impura por el flujo de sangre, hacía impuro a Jesús con tocarlo. Jesús busca un contacto más personal e íntimo y pide buscar la mujer. Solamente luego de encontrarse con ella pronuncia la frase reparadora: «Tu fe te ha salvado». Hay una variación interesante en Lucas en el relato similar pues dice que la mujer lo que busca tocar es la fimbria del manto. Corresponde al griego cráspeda que traduce el hebreo Tzitzit y eran los flecos color Jacinto (morado) que prescribía la ley de Moisés en recuerdo permanente del decálogo. Esta precisión mostraría a Jesús como un observante de las costumbres judías y a la mujer como creyente en los amuletos que se elaboraban con trozos de la ley judía. Estaría pues tocando lo judío de Jesús más que lo “cristiano” que es su misericordia. Esto sería lo que había oído de Jesús que queda un poco más claro cuando se echa a sus pies, declara la verdad y escucha sus palabras.

En el relato de la adolescente hay un detalle que parece desvirtuar los rituales religioso-mágicos de los rabinos dedicados a curar. Mientras en estos rituales se decían fórmulas secretas, ininteligibles, se describe la actitud de Jesús: toma la adolescente de la mano, como hizo con la suegra de Pedro, y pronuncia las palabras ¡Talitha qumi! Que inmediatamente traduce para que sean inteligibles. La adolescente se levanta (qumi) como se levantó la suegra de Pedro. Los relatos son variaciones sobre los mismos temas, como el Bolero de Ravel. Los detalles sí varían y allí está la intencionalidad del relato.
La presentación de la mujer con un flujo de sangre, a pesar de traducciones suaves como hemorragia, perdía mucha sangre, derrame de sangre, y otras, es traer a cuento en el evangelio un hecho natural que era causa de discriminación en el judaísmo(3) y de discusión en el cristianismo. Agustín de Canterbury, evangelizador de Inglaterra en el siglo VI prohibía a las mujeres entrar al templo durante el período. Los profetas habían utilizado la imagen de la mujer durante el período como símbolo de Israel manchado por la idolatría. Para mostrar que Jesús curaba, cualquiera de los relatos de curaciones sería suficiente, pero hacerlo con una mujer con flujo de sangre tiene implicaciones mayores de crítica a un sistema que no les hacía justicia a las mujeres. Igual lo hizo con el sábado y su reposo que no hacía justicia a los necesitados y con las normas de pureza que no hacía justicia a ciertos enfermos como los leprosos. Podría incluso significar curar de la idolatría destruyendo a la vez el símbolo de ella erigido por los profetas. Jesús transforma una escena de relato popular pues los “médicos” en los que gastó su fortuna no pasaban de meros charlatanes en la época(4), en un relato más teológico o litúrgico. La mujer aparece azorada y temblorosa, echada a los pies, confesando la verdad en actitudes propias de experiencias místicas. Lo ordinario de la vida se transforma en experiencia de salvación. No hay pagos que hacer porque gratis da Jesús para que sus seguidores den gratis. La curación (la palabra se puede traducir igualmente por salvación por lo que antes se dijo del concepto de enfermedad en el judaísmo) es moral y afecta la verdadera identidad de la mujer. Puede presentarse en público la que debía vivir en cuarentena. La despedida que da Jesús a la mujer junta la expresión judía consagrada: ¡Vete en paz (Shalom)!, con la cristiana: ¡Tu fe te ha salvado! Precisamente a los discípulos les había criticado Jesús la falta de fe. En los relatos de la pasión igualmente son los discípulos quienes huyen mientras las mujeres permanecen y lloran a su paso hacia el Gólgota.

Tal parece que el relato de la hemorroísa y el de la adolescente hija de Jairo pudieran entenderse como variaciones de la resurrección “social” que es una de las implicaciones de la resurrección como milagro central de la vida cristiana. Reanimar un cadáver en los tres casos, Lázaro, el hijo de la viuda de Naín, la adolescente de Jairo no tiene mayor sentido pues no supera la idea judía de resurrección. Implicaría incluso una segunda muerte biológica poco agradable, aunque quizás el sueño de morir santamente a la judía, anciano, rodeado de prole y de muerte natural. Jesús toca a ambas mujeres y ambas son impuras pues tampoco se debía tocar un cadáver. Jesús no acepta el diagnóstico del segundo informe: «La niña no ha muerto, sino que está durmiendo». Un diagnóstico más acertado para la vida espiritual. También los apóstoles en Marcos están vivos pero como si durmieran, la hemorroísa está viva pero como si estuviera muerta pues así la hacen sentir sus paisanos. La resurrección no es solo para la otra vida. Si nos vivimos como resucitados que resucitan igualmente a otros, el evangelio como la fe siguen dormidos o muertos.

Notas
  1. Pecado mortal se llamaba el que era castigado con la muerte. Hay una buena enumeración en el libro del Levítico; por ejemplo, delitos de sangre.
  2. ¿Pensaría Marcos en un paralelismo entre la hemorroísa y la adolescente que llega a la edad de la menstruación? El judaísmo vio indignidad en un hecho biológico natural. En la adolescente empiezan los síntomas de “impureza” que en la hemorroísa ya producen cansancio.
  3. Prácticamente en todas las religiones la mujer ha sido segregada por este motivo con expresiones que llegan hasta hoy.
  4. Se conocen fórmulas rituales y recetas para curar tal mal en la época que harían sonrojar hoy al más lego en el asunto.