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Apuntes del Evangelio

  •   Domingo Febrero 02 de 2017
  •   Apuntes del Evangelio
  •    Luis Javier Palacio Palacio, S.J.

Lucas 2:22-40

El evangelio de Lucas junta dos ritos judíos diferentes para ubicar en el Templo la presencia de Jesús niño, María y José. La purificación era para la madre y la presentación era para el hombre quien debía llevar los primeros frutos de la tierra, cuando eran las siete especies: trigo, cebada, vid, higuera, granada, olivares y miel (Dt 8:8). Lucas pudo haber unido otro rito que era el rescate del primogénito, pero este no implicaba visitar el Templo, pues podía hacerse a cualquier rabino en cualquier parte. Ana habla del “rescate” de Jerusalén, que era un nombre bíblico para la salvación. Pudo Lucas unir dicho rescate con el rescate de los primogénitos. Sin embargo introduce el tema con el cumplimiento de la ley en la cual no se contempla tal rescate.

Los frutos primeros (primicias) se mecían de lado a lado y luego se hacía su elevación. En la purificación la madre era ritualmente impura por 33 días si daba a luz un varón y 66 si daba a luz una mujer. La purificación también se exigía en muchas situaciones de la vida diaria y además de los ritos estaban las ofrendas de purificación. Muchas de las normas consideradas hoy de higiene entrarían en el concepto judío de purificación. En las ofrendas el sentido ya era más religioso que higiénico y por ello se nos habla de dos tórtolas o dos pichones que evidentemente nada tienen que ver con higiene. El citar la norma completa del Levítico, sin que se especifique si los padres de Jesús llevaron tórtolas o palomas, Lucas enfatiza que era el sacrificio de los pobres. Tanto Lucas, como en mayor medida Mateo, establecen una conexión ente el sufrimiento de Jesús niño y el significado salvífico, como diciendo que Jesús trajo salvación no solamente por la cruz y la resurrección sino durante toda su vida por lo cual los rasgos de su vida oculta forman parte de su mensaje. Esto se evidencia en los casos de Simeón y Ana porque hablan de salvación y rescate de Israel y Jerusalén así como de todas las naciones. El contraste paradójico entre la exaltación de Jesús y su humillación es expresado por Simeón de múltiples maneras en el Nunc Dimittis. Con Jesús se va a invertir la suerte de muchos. Que Jesús vaya a ser rechazado es la experiencia de su vida y su sufrimiento final; el sufrimiento de María es la espada que destroza su corazón. Es toda la experiencia como salvador condensada en un niño y su destino. Mateo y Lucas divergen en algunos puntos. María aparece más destacada en Lucas y Mateo dedica más espacio a José. A veces se ha dicho que José sería la fuente para el evangelio de Lucas, pero esto resulta casi imposible por la muerte prematura de José y la distancia en el tiempo respecto al evangelio de Lucas. Además Lucas, como antes se dijo, incurre en algunos errores sobre cosas judías. Los mejores textos griegos comienzan el relato con una referencia a la purificación de ellos (María y José), pero en el siglo I el marido judío no se sometía a ninguna purificación junto con su mujer; era el parto físico lo que hacía a la madre, y sólo a ella, ritualmente impura. Lucas incurre en inexactitud al decir que el niño fue llevado al templo "conforme a" la Ley de Moisés. Las tórtolas o pichones relacionados con la purificación de María, nada tienen que ver con el rescate que se hacía con monedas (siclos) como el servicio militar en muchos países. La tribu sacerdotal era la tribu de Leví, pero debido a la disminución de su número, el primogénito varón debía dedicarse al servicio religioso (enseñanza de la ley y culto) o en su defecto ser rescatado. Si bien no se menciona el rescate, tampoco se dice que Jesús sea dedicado al Templo. Para tal dedicación sí contaba el padre, por ser el “dueño” de su hijo. Lo hacía durante el mes que seguía al nacimiento de su primogénito según el Exodo (13: 2s). Incluso en el incidente en Jerusalén a los doce años se le riñe por haberse quedado en el Templo. Jesús a los doce años no aparece enseñando sino haciendo preguntas a los maestros de la ley. Los maestros se maravillan de sus preguntas.

En la presentación hay un giro en la revelación de Jesús pues antes eran los ángeles lo que anunciaban y ahora son los profetas inspirados. Se hace un paralelo con la presentación de Juan el Bautista en donde quien cumple tal papel es su padre Zacarías. Su canto, uno de los cuatro que registra Lucas, es el Benedictus. En ambos casos, Jesús y el Bautista, se anuncia, aunque con el lenguaje confuso(1) de los profetas, la misión del niño. Juan Bautista fue anunciado en el Templo y heredaría el oficio de su padre como sacerdote, según las costumbres judías, pero no volverá a dicho Templo. Es anunciado en un acto litúrgico como es la ofrenda del incienso. Jesús es anunciado en Nazaret y sus contactos con el Templo son nulos en Mateo y esporádicos y conflictivos en Lucas. Ambos, Jesús y Juan Bautista, son recibidos más por profetas que por sacerdotes. El lenguaje que ambos usan en su predicación, aunque con novedades notables, se asemeja más al lenguaje profético que el lenguaje ritual o cultual. El culto por excelencia de la comunidad creyente será la Eucaristía que, como heredera de la cena de Pascua judía, era una cena familiar, no ritual. Lo único que se hacía en el Templo era el degüello de los corderos y ni en Marcos, ni en Lucas ni en Mateo coincide con la muerte de Jesús. Solamente coincide en el evangelio de Juan por lo cual éste adelanta la última cena y en vez de la institución narra el lavatorio de los pies acompañado de un largo testamento final. Las palabras de Simeón que dan a Jesús títulos como “Cristo (ungido) del Señor”, aplican textos del segundo Isaías como “salvación de Dios”, “luz para la revelación de las naciones”, “gloria de Israel” que ya parecen romper el nacionalismo judío y abrirse a la universalidad de la misión de Jesús.

La salvación no se presenta como ya realizada sino como algo que debe ser acogido libremente y que puede ser rechazado y lo va a ser por muchos. En la tradición de la Iglesia Oriental, donde surge el recuerdo de la presentación de Jesús, se designaba como hypapante kuriou(2) que significa el encuentro del Señor, el descubrimiento del Señor. Era una especie de epifanía como la visita de los magos en Mateo. Pero en Lucas, quienes visitan a Jesús son los pastores, considerados impuros que vivían al descampado en un rincón de Belén. Con la presentación Jesús niño entraría por la puerta grande de la ciudad de Jerusalén y en su edificio más representativo: el Templo. Sin embargo, el sentido más pleno de la salvación en Jesús se da en la resurrección y esta se manifiesta nuevamente de manera silenciosa, escondida, humilde, pues se aparece a sus amigos y amigas y no en los grandes sitios de la tradición religiosa judía. No “se deja ver” en el Templo ni el Sanedrín ni el Litóstrato ni a Anás ni a Caifás ni a Herodes ni a Pilatos ni a los sumos sacerdotes. El lenguaje de Lucas mezcla pues purificación, presentación, rescate, primicias pues no hablaba a judíos sino a gentiles. Son figuras relativas que algo dicen de Jesús pero no agotan su sentido.

Notas
  1. Los profetas no conocen el futuro sino que exhortan el presente precisamente para evitar la desgracia venidera si no hay conversión.
  2. Del griego salir al encuentro de, encontrarse con; encontrar, hallar y Kyrios (Señor).