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Apuntes del Evangelio

  •   Domingo Febrero 03 de 2017
  •   Apuntes del Evangelio
  •    Luis Javier Palacio Palacio, S.J.

Marcos 6:14-29, viernes, febrero 3 de 2017

Para Marcos la vida pública de Jesús empieza luego de que el Bautista es encarcelado, de donde no saldrá vivo. Los evangelios ubican al Bautista en diferentes posiciones y actitudes, igual que sus discípulos, respecto a Jesús. Es como una bisagra entre el Antiguo y el Nuevo Testamento pues tiene los rasgos del profetismo tradicional de Israel, pero también algunos similares con la predicación de Jesús precisamente en el evangelio de Marcos. Es el único evangelista que pone a Jesús a bautizarse gustoso en el Jordán. En Mateo hay una discusión sobre quién debe bautizar a quién; en Lucas no se dice quien bautiza a Jesús y en Juan no se menciona el bautismo de Jesús. Teniendo el evangelio de Marcos como eje central que el seguimiento de Jesús es el seguimiento en la pasión, no es de extrañar que describa la pasión del Bautista como un adelanto de la de Jesús. La pasión y muerte había sido la constante en la vida de los profetas, excepto Elías que escapa a la muerte arrebatado por un carro de fuego y cumple una función especial en la literatura judía. Volvería en cualquier momento para explicar las Escrituras en su sentido último y anunciaría la llegada del Mesías. Para Jesús, al contrario del Bautista, no había que convertirse para evitar el juicio sino para que llegara el reinado de Dios; tampoco el ayuno sino la fiesta (no ayunar sino desayunar), expresada en el anhelado banquete de bodas. Marcos describe al Bautista como Elías que ha de llegar a preparar a los hombres para el reino. Con el Bautista el reino estaría cerca. Con Jesús el reinado no solamente está cerca, porque ya lo estaba con el Bautista sino que ya ha llegado. Este se manifiesta en el perdón de los pecados, en las curaciones y la pérdida de piso de las potencias hostiles.

El martirio del Bautista es no solamente un preanuncio de la suerte de los profetas si toman a Jesús por tal sino de la suerte de los discípulos que son enviados a predicar la conversión igual que el Bautista. El relato del Bautista es el único en este evangelio que no es acerca de Jesús; pero si hay temas paralelos. El Bautista es el justo que sufre en silencio pues sus discípulos no salen o no pueden salir en su defensa; solamente reclamar su cadáver para darle sepultura, como dice el evangelio de Juan que sucede con Jesús. Tanto Herodes que decide la muerte del Bautista como Pilatos que decide la de Jesús son funcionarios romanos; ambos vacilan en tomar la decisión por titubeantes y pusilánimes frente a la presión social; ambos condenan a la muerte. Evidentemente que la muerte del Bautista se decide de una manera más expedita que la de Jesús pues en ésta interviene también el Sanedrín con los sumos sacerdotes y el pueblo. Claramente Jesús formula su seguimiento: «El que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, cargue con su cruz y sígame» (Mc 8:34). Cada quien tendrá su cruz apropiada que en el caso del Bautista le viene sin quererlo de la promesa de Herodes ante el baile de su hijastra. La manera como Herodes entiende a Jesús como el Bautista, Elías o uno de los profetas es la misma que los discípulos dan cuando Jesús les pregunta por lo que la gente dice de él. Pero igualmente el evangelio de Marcos deja clara la superioridad de Jesús sobre el Bautista en tres aspecto fundamentales: a) Jesús es más poderoso que el Bautista pues éste dice que viene detrás uno más fuerte; b) que Jesús es de mayor significado que el Bautista pues no es digno de desatar su sandalia; y c) que Jesús va a bautizar con un bautismo mayor que es en el Espíritu Santo.

A veces no es fácil hacerse una idea de lo que fue la primera experiencia creyente. Durante siglos se han acumulado visiones, interpretaciones, costumbres, celebraciones(1) sobre el mensaje de Jesús que a veces es necesario liberarlo de adherencias posteriores si se quiere rescatar la fe cristiana en su esencia. Es necesario diferenciar bien a Jesús del Bautista, pues en una continuidad uniforme del Antiguo Testamento a Jesús, desaparece o al menos de desdibuja la revelación dada en Jesús como Verbo Encarnado. El mensaje del Bautista se concentra en el anuncio de un juicio terrible de Dios del cual nadie podrá librarse. La única salida es hacer penitencia (manera de entender la conversión en la tradición judía de entonces) y volver al cumplimiento de la ley para huir de “la ira de Dios”. Algunos predicadores medievales en las épocas de la peste negra, epidemias y terremotos, predicaban algo muy similar a esta idea del Bautista. El mismo Bautista se convierte en símbolo del mensaje que predica. Se retira al desierto a hacer penitencia, llega a extremos en el vestir y el comer; a diferencia de Jesús no cura enfermos, no bendice a los niños, no acoge a los leprosos ni perdona a las prostitutas, no expulsa demonios. El Bautista entiende la religión sobre todo como la espera y preparación de un juicio severo de Dios. El ser humano ha de vivir de manera ascética y penitente teniendo como horizonte ese juicio divino. El mensaje de Jesús, por el contrario, se centra no en el juicio de Dios, cuya ira estaría a punto de estallar, sino en la venida ya cercana de un Padre que es salvación y perdón para todos, incluso para los gentiles. No oculta Jesús el riesgo de rechazar esa salvación, pero el que llega no es un Juez severo, sino un Padre que solo busca el bien del ser humano. El mismo Jesús se convierte en símbolo de ese Dios que asume la pasión por amor al mundo (cosmos). Jesús no vive ayunando, como el Bautista, sino comiendo con pecadores. No se dedica a bautizar, sino a curar, acoger, perdonar y liberar del mal. La religión de Jesús no consiste en prepararse para un juicio divino, sino en acoger ya desde ahora a un Padre que quiere hacer nuestra vida más fraterna, más dichosa, más justa y liberada. El cristianismo, con el énfasis en la conversión como penitencia dio un viraje hacia el ascetismo más que al misticismo que parece más acorde con la vida de Jesús. Marcos, que enfatiza tanto la pasión, no menciona que Jesús hubiera ayunado en el desierto en el relato de las tentaciones. Lo decisivo no es la ascesis, sino el amor fraterno que busca el bien de todos, aunque toque sufrir por ello. Es la pasión que nos echan encima y no la que nos echamos a nosotros mismos la pasión redentora. Como bien formula Pablo la ley cristiana: «Lleve cada uno las cargas de los otros, y así cumpliréis la ley de Cristo» (Gal 6:2). Pero hay muchos cristianos que no han superado la religión del Bautista. Su relación con Jesús no es tanto a través del evangelio sino de la imagen de un juez severo al que hay que temer, o defenderse o incluso engañarlo en el juicio. Jesús no podía ni puede confundirse ni con el Bautista, ni con Elías ni con ninguno de los profetas porque su forma de entender a Dios como Padre era novedosa. Ninguna forma conocida daba cuenta de tal novedad y los mismos discípulos apenas empiezan a descifrarla con la experiencia Pascual.

Notas
  1. A menudo las celebraciones han terminado reemplazando el papel del biblista o del teólogo. La máxima LEX ORANDI LEX CREDENDI (lo que se ora es lo que se cree) termina como la fe del carbonero. La liturgia tiene el desafío de ser correcta bíblica y teológicamente; no de ser estética o simplemente tradicional.