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Apuntes del Evangelio

  •   Domingo Febrero 04 de 2017
  •   Apuntes del Evangelio
  •    Luis Javier Palacio Palacio, S.J.

Marcos 6:30-34, sábado, febrero 4 de 2017

El retorno de los discípulos dando cuenta de lo que había hecho y enseñado apenas sí ocupa un versículo en el evangelio de Marcos. Es indudable, con base en todo el Nuevo Testamento, que el envío tiene sentido luego de la experiencia Pascual cuando es consumado el sentido de la encarnación, pasión, muerte y resurrección de Cristo. De hecho los relatos de apariciones todos tienen el componente indispensable del envío. Las mujeres son envidas a contar a los discípulos y los discípulos a contar en todo el mundo. En el caso de Jesús el anuncio del reinado de Dios implicaba el acontecer de Dios en el mismo Jesús, como condición necesaria y fundamental de la validez de su anuncio. Por eso no sería explicable que Jesús enviara a realizar semejante anuncio, cuando todavía sus discípulos no daban muestras del acontecer del anuncio en ellos mismos. Más aún el mismo Jesús apenas se estaba abriendo camino en su propio anuncio, frente a una evidente oposición y rechazo abierto por parte de las autoridades del judaísmo y de las instancias de la ortodoxia doctrinal, a saber los escribas y fariseos. Una señal clara de las incertidumbres de los discípulos en su convicciones respecto al real contenido del reinado de Dios en Jesús, son sus numerosas desconfianzas y dudas respecto a Jesús mismo que se dejan sentir a lo largo de todo el evangelio de Marcos. La conversión siempre está en proceso, sucediendo, sin detenerse jamás. En el mismo sentido habría que entender el escándalo que padecieron sus discípulos frente al hecho de la crucifixión: se llenaron de temor, se desilusionaron de su maestro, fueron a su lugar de origen: Galilea y quizás hasta quedaron un tiempo sin fe. Otra cosa es que la comunidad creyente, tal como va naciendo en la Iglesia primitiva, necesitaba indagar sobre la intencionalidad de Jesús en su vida pública y el papel que en tal intencionalidad tendrían los testigos directos de la vida de Jesús. Durante la vida pública de Jesús no existe, ni puede existir un envío pues faltaría la experiencia Pascual como elemento clave; la comunidad era entonces un grupo bastante heterogéneo que sigue a Jesús. Lucas es quien mejor diferencia cuatro grupos: “los doce”, “los setenta y dos”, las multitudes (o pueblo) y los opositores. Pero tiene un gran valor teológico que los discípulos entiendan que han de dar cuenta a Jesús sobre su actividad. Esta tenía que darse en concordancia con la vida pública de Jesús. Algo similar sucedía en el judaísmo cuando se debía dar fuerza a una ley religiosa o a sus implicaciones; se recurría a Moisés mediante una relectura llamada midrash halakiko(1). En Marcos, Mateo y Lucas se dan listas de “los doce”, con variaciones de nombres pero no de número, y la misión junto con el éxito acompañado de dificultades. Es la imagen de una comunidad ya en marcha y presuponen cierta organización de la misma, como aparece en las cartas de Pablo. La misión está precedida de una experiencia comunitaria de los enviados, o sea el llamamiento a vivir en comunidad, porque es precisamente ésta la que tiene autoridad para enviar. La intencionalidad de textos como el de hoy es remontar el llamamiento y la misión a la persona misma de Jesús, para mostrar que la comunidad es la portadora de la autoridad divina de Jesús. Este es el único texto de Marcos en donde se da a los del grupo el nombre de apóstoles que significa enviados. La tradición de “los doce” la debemos a Lucas. Es la traducción del hebreo shaliach que significa comisionado, con un encargo temporal. Pablo, como apóstol de los gentiles, magnifica el valor de una experiencia similar a la del evangelio de hoy, pero no ubicando su llamado en Jesús de Nazaret en su vida pública sino en la experiencia del Resucitado en su vida misma. En términos cronológicos no podemos pensar en que los discípulos a la hora de la muerte de Jesús ya estaban capacitados de ser testigos de la experiencia salvadora de Jesús. Es claro que a la hora de la muerte de Jesús, los discípulos se perdieron. Uno lo traiciona, otro lo niega, otros huyen de Jerusalén. Solo algunas mujeres buscan al menos su tumba y su cadáver. No es posible que Jesús en su vida pública envíe a unos individuos a anunciar el Reino de Dios si ni siquiera entendían de qué se trataba. La Iglesia se institucionaliza después de la muerte de Pablo, quien es el primero en escribir. La comunidad cristiana operante en la época de Pablo funciona al impulso del Espíritu; es lo que se llama la Iglesia carismática. Todos los relatos de misión son post-pascuales, reflejan el estado de la Iglesia hacia el año 70. En la vida pública de Jesús la misión de los discípulos es estar con él y actúa con ellos, predica con ellos, cura con ellos, camina con ellos, enfrenta dificultades con ellos. El reinado de Dios sucede en comunidad, en grupo; el Dios predicado por Jesús, al igual que el judío, es esencialmente comunitario. Un individuo aislado no puede vivir el reinado de Dios porque siempre supone salir en bien del otro y entonces necesita al menos dos. De ahí la expresión: «Donde están dos o tres congregados por razón de mi nombre, allí estoy yo entre ellos» (Mt 18:20). El reinado o señorío de Dios en una persona es para impulsarlo hacia el otro para que circule la vida. La Iglesia no es una organización sino un organismo. La organización busca un fin expreso ordinariamente económico, de poder, de posicionamiento social, político, cultural. El organismo no tiene más objetivo que la vida y la vida plena de todos. Pablo expresa la ley suprema de Cristo para sus seguidores como: «Lleve cada uno las cargas de los otros, y así cumpliréis la ley de Cristo» (Gal 6:2) .

La escena del evangelio de hoy puede estar ubicada en Cafarnaún, que se vuelve el centro de las actividades de Jesús luego del mal recibimiento en su patria de Nazaret. No se dan detalles del contenido de lo que hicieron y enseñaron los discípulos al contrario de Lucas y Mateo donde se han instrucciones bastante precisas para la misión. De todas maneras Jesús los invita a apartarse a un lugar solitario para descansar. Suponiendo Cafarnaún, van al lado occidental del lago de Galilea puesto que luego del episodio se embarcan para cruzar hasta Betsaida. El lugar no resulta tan solitario porque vienen multitudes de muchas regiones a las que Jesús considera como “ovejas sin pastor” y las instruye. En otras ocasiones lo que buscaban era ser sanados. De nuevo se dice que Jesús sintió “compasión” con la misma palabra usada en las curaciones: dolor de entrañas. La misma que lo llevará a la repartición de panes. No se dice, en esta ocasión, que Jesús enseñara a la gente con parábolas. En general las multitudes no captan el sentido de la misión de Jesús y lo buscan por taumaturgo, imagen que Jesús rechaza en este evangelio. Enseñar está más cerca de su misión y Marcos anota que lo hacía “largamente”. Sin embargo el oír no será suficiente pues la familia de Jesús la conforman los que escuchan la Palabra pero también la guardan y la cumplen. Más bien el camino de los discípulos no tendrá retorno en esta vida porque se dará en el retorno al Padre como el de Jesús, para seguir, como decía Teresita del Niño Jesús, haciendo el bien en esta tierra por toda la eternidad.

Notas
  1. Midrash es la actualización aquí y ahora de un hecho fundante en el pasado, por ejemplo, el ascenso al Sinaí. La vida oculta de Jesús en Lucas y Mateo utilizan el midrash para sus narraciones. Son historia teologizada o lectura teológica de la historia narrada.