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Apuntes del Evangelio

  •   Domingo Febrero 05 de 2017
  •   Apuntes del Evangelio
  •    Luis Javier Palacio Palacio, S.J.

Marcos 6:53-56, lunes, febrero 6 de 2017

Los conceptos de salud y enfermedad que hoy tenemos son muy distantes de los conceptos bíblicos equivalentes. De hecho encontramos tres muy diferentes entre sí que han sido traducidos indistintamente por curar. Son: a) “terapia” que era realizar una función ritual; así la “terapia” del leproso no se daba cuando se “curaba” su lepra sino cuando hacía la ofrenda de purificación en el Templo. En los sinópticos aparece 40 veces para la mayoría de la “curaciones” de Jesús y hoy podemos asociarlas con las “terapias” que hace un capellán de hospital más que el médico; b) iatrós de donde se deriva “enfermedades iatrológicas” (causadas por tratamientos o medicinas) que buscaba un poder superior al agente de la enfermedad para dominarla, como en el caso de las “causadas por demonios” por lo cual la “curación” era una lucha de poderes externos al enfermo. Hoy equivaldría a las enfermedades llamadas de conjuro, maleficio, brujería, vudú, etc.; y c) higiene que alude a lo que hoy podemos llamar medicina social, o de un ambiente sano en donde se reduzcan las posibilidades de enfermedades contagiosas, virales o mentales; control de polución ambiental, plagas, epidemias, etc. Este último aspecto aparece en todos los relatos de curaciones de Jesús: la reintegración social del considerado enfermo o endemoniado. Incluso en el Hijo Pródigo que es reintegrado a la familia con plenitud de derechos. La expresión del evangelio de hoy «colocaban a los enfermos en las plazas, y le rogaban que les permitiera tocar siquiera el borde de su manto: y cuantos lograban tocarlo, todos sanaban» sería una desfiguración de la actividad curativa de Jesús si no contáramos con relatos más extensos que nos dan un mejor sentido y contexto de las curaciones como signo(1) del reinado de Dios. Tal parece que es una reproducción al infinito del relato de la hemorroisa y las fimbrias(2) que ocupan un lugar secundario en dicho relato. Enfermo tampoco significa necesariamente aquejado por un mal sino “débil” (no firme).

Hoy, la definición de salud, emanada de la Organización Mundial de la Salud, adecuada para políticas públicas, dista del concepto bíblico de salud, que aunque pobre médicamente, es rico espiritualmente. La OMS define la salud como: “Estado de completo bienestar físico, mental y social, no solamente ausencia de enfermedades o incapacidades”. Expresa la utopía de la ausencia del sufrimiento, la felicidad sin dolores y una comunidad sin conflictos. Es la vida eterna expresada en término de técnicas y ciencias de hoy. En la Biblia la salud es diferente y la podríamos definir como la capacidad para esperar la muerte en paz; la habilidad para convivir con el dolor, la habilidad para soportar el conflicto sin acudir a la violencia. En pocas palabras la salud en la Biblia no es la ausencia de disfunciones sino la fortaleza para vivir con ellas. Moisés sería un enfermo necesitado de terapia de lenguaje, pero en la Biblia es el gran líder complementado por su hermano Aarón; Isaías, Jeremías, Oseas, Amós y otros profetas serían minusválidos físicos y sociales frente al pueblo pero eran instrumentos de Yahvéh que aportaron más que el forzudo Sansón. David sería el sano de los sanos para la OMS pero fue el que encaminó el reino a su división; Salomón el sabio que consuma la división y echa la culpa a sus mujeres. Si la salud es el estado general de bienestar y se declara como el valor supremo de la vida y la sociedad, lo que esto implica es una actitud mórbida (enfermiza) respecto a la salud(3) . El culto moderno a la salud produce precisamente lo que ofrecía superar: miedo a la enfermedad. En la Biblia el sufrimiento (v.gr. Job) revela no solamente la fragilidad humana sino también el sin sentido de una vida normal que no espera trascender. Jesús llama “ciegos” a los fariseos teniendo los ojos muy sanos; “sordos” a los que nada les dicen sus parábolas, teniendo plena agudeza auditiva; perdona la paralítico por la fe de sus amigos. Las curaciones de Jesús no fueron lo que hoy quisiéramos que fueran. No fueron para demostrar que Jesús superaba o dominaba las leyes de la naturaleza sino las injustas leyes humanas que marginaban y segregaban. Es el sentido primero de “terapia”. Los relatos de curaciones no buscan volver a Jesús un taumaturgo (como los relatos similares de Vespasiano) pues la sencillez de los relatos, sin elementos burlescos, mágicos o sensacionalistas pone el foco en la fe y en las palabras de Jesús. Las curaciones de hoy con la expresión «cuantos lograban tocarlo, todos sanaban» están lejos de dar cuenta de la actividad de Jesús. Pablo es quien mejor corrige estos desvíos de la auténtica fe. Este es el segundo sentido de curación como iatrós. El poder superior es Jesús mismo por su Palabra (verbo encarnado). El centro de los relatos de curaciones no está en el enfermo ni en su enfermedad (difícil hoy de diagnosticar) sino en el comportamiento de Jesús que es el que debe imitar el creyente. El hombre que ha sido curado en el encuentro con Jesús queda curado también de sus pecados, menciónense o no en los relatos; es reintegrado como la suegra de Pedro que se levanta y les sirve; como el endemoniado de Gerasa que es enviado a predicar a la Decápolis; como el ciego Bartimeo que tira su capa y sigue a Jesús; como el cobrador de impuestos Zaqueo que restituye lo sisado; como el telonero Leví que dejando todo sigue a Jesús; como la Samaritana que predica en el pueblo la llegada del Mesías; como la mujer adúltera que no es condenada y librada de morir apedreada. Todos estos casos son la salud en el sentido de higiene social, religiosa, cultural. Pero el signo de las curaciones ha resistido el paso de los años, de la modernidad, de las ciencias, de los adelantos médicos por muchas razones, algunas lamentables. El pobre que no tiene acceso a la salud la busca en el brujo, el curandero, el chamán, el santuario, la devoción, la novena, la peregrinación. Algún alivio encuentra incluso en los males incurables o casos desahuciados. Algo del triple sentido de la curación logra. Sin embargo es necesario volver a las “enseñanzas duras” del evangelio y tenemos al menos dos que dan para una reflexión profunda: «El que ha hallado su vida, la perderá; y el que ha perdido su vida por Mi causa, la hallará» (Mt 10:39) y la máxima expresión del amor (ágape) en Juan: «Nadie tiene mayor amor que éste: dar uno la propia vida por sus amigos» (Jn 15:13). Esto, en vez de curación o salud, debió ser lo orado por Jesús al Padre y lo que vivió como pastor que da la vida por sus ovejas.

Notas
  1. El evangelio de Juan utiliza siempre signo (señal, semeion) para los actos de Jesús que otras traducciones llaman milagros. Jerónimo, traductor de la Vulgata o Biblia latina nunca usa milagro en el Nuevo Testamento; reserva tal palabra solamente para el Antiguo Testamento.
  2. Realmente toca el borde del manto no es una traducción adecuada. Lo que tocan es la fimbria (cráspeda en griego, tzit-tzit en hebreo) que son los cuatro flecos color jacinto (morado) que representan la ley judía, por mandato del Deuteronomio. María no usaría tzit-tzit porque era para los hombres.
  3. Nietzsche decía que cuando Dios muriera, la Salud se volvería el nuevo Dios. En parte se ha vuelto cierto con los spas, fitness clubs, dietas, tratamientos de todo tipo, anaqueles repletos de insumos para la salud del cabello, la piel, y demás partes corporales en las tiendas de cadena y en la canasta aún del pobre.