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Apuntes del Evangelio

  •   Domingo Febrero 07 de 2017
  •   Apuntes del Evangelio
  •    Luis Javier Palacio Palacio, S.J.

Marcos 7:1-13, martes, febrero 7 de 2017

Los lavados rituales con agua no son exclusivos del judaísmo; el islamismo, el budismo, el hinduismo también los incluyen. Los asocian como preparación para la oración o para ciertos ritos. En el judaísmo los había totales (para todo el cuerpo) y parciales y se recomendaba que fuera con agua viva, es decir, corriente. Para la ablución total, el cuerpo debía estar primero totalmente limpio por lo que no se equivale con el baño de hoy, pues el agua tenía que entrar en contacto completo con toda la piel. Las prescripciones rituales cobijaban a los sacerdotes del Templo pero los fariseos y otros devotos las extendieron a la vida diaria. Las mujeres debían tener inmersión total luego de la menstruación. Esdras (segundo Templo) introduce la ablución antes de la oración de la mañana. Para las manos se prescribía antes de partir el pan, luego de las necesidades fisiológicas, al levantarse, salir de un cementerio. Dichas impurezas no cobijaban todo el cuerpo sino las manos solamente. Nada distinto de las normas de higiene contemporáneas. En el lavatorio de los pies hay un reflejo de abluciones cuando Jesús dice a Pedro: «Señor, no solamente los pies, sino también las manos y la cabeza» (Jn 13:9) y no es para estar limpio sino para tener parte con Jesús. La simbología se trasladó al bautismo en muchos Padre de la Iglesia. Cipriano decía que el bautismo era lo único que podía lavar a los judíos de la sangre de Cristo que habían derramado. Sabemos que los judíos no podían matar a nadie entonces y que lo crucificaron los romanos. Curiosamente en este evangelio Marcos utiliza “bautizar las manos en el agua” sin que quede claro si ya se utilizaba el término para el ritual cristiano. Bautizar significa sumergir, no limpiar ni borrar ni lavar como a menudo se interpreta en catequesis bautismales. Marcos había utilizado la palabra sumergir (bautizar) para expresar la actividad del Bautista en el Jordán. En el judaísmo rabínico —nace luego de la destrucción del Templo, cuando la clase sacerdotal ya no existe—, permanecen las abluciones rituales. La pureza ritual familiar era importante porque era la manera de sentir la cercanía al culto. Así, nacen las tradiciones que Marcos llama «tradición de los antepasados». Recordemos que los fariseos que salen en los evangelios no son los mismos que Jesús conoció. Los de los evangelios son presentados como más belicosos pues ya los creyentes tendrían roces y habían sido expulsados de las sinagogas. Los rabinos rápidamente desarrollaron nuevos ritos luego de destruido el Templo. Probablemente no los seguían ni todos los fariseos ni la mayoría de los judíos pero aquí se quiere contrastar, más que con la costumbre de los discípulos de Jesús con el criterio clave para los ritos: «Este pueblo me honra con los labios pero su corazón está lejos de mí; vano es, pues, el culto que rinden» que es similar a la contraposición de la misericordia con los holocaustos. Este es el único lugar en donde Marcos utiliza la palabra judío fuera del relato de la pasión. Aunque se refiere literalmente a los habitantes de Judea (una de las doce tribus) por ser la más representativa se toma por todo el pueblo (figura llamada metonimia). La manera como Marcos describe el lavado de manos es poco claro, lo cual se constata por las variaciones que hay en muchos manuscritos. La relación entre puño y mano es ambigua. Incluye vasos, jarras y vajillas de metal que nada tienen que ver con el tema tratado. Hoy seríamos aún más escrupulosos con tal menaje. La vajilla del Templo era consagrada, no purificada. La doméstica lavada no purificada.

La palabra utilizada para las manos de los discípulos sin lavarse no es propiamente impuras sino “manos comunes”. Impuro se usa para los demonios que causaban ciertos males. Aquí tenemos la tercera vez que Jesús debe dar cuenta de la conducta de los discípulos pues es de éstos de quienes se quejan y no de Jesús. Antes debió dar cuenta de por qué no ayunan como los fariseos y los discípulos del Bautista y por qué arrancan espigas en sábado. Fácilmente podemos suponer que las costumbres de los creyentes ya reñían con las de los judíos y necesitan de la autoridad de Jesús para dar razón de ellas. Pero el mensaje de Jesús pasa sobre costumbres humanas tanto de judíos como de creyentes. Se sabe, por ejemplo, que los mártires de Lyon (siglo II) ayunaban martes y viernes para seguir la costumbre de los fariseos y a la vez diferenciarse pues éstos ayunaban lunes y jueves en honor de Moisés; en Lyon, en honor de la pasión. La respuesta de Jesús es de una diatriba un poco salida del tono de los evangelios. Llama a los fariseos hipócritas contra los cuales profetizó Isaías. En la época de Isaías ni siquiera existían los fariseos como tales, aunque sí su talante. Isaías profetiza contra las monarquías de Uzías, Jotán, Acaz y Ezequías. Sabemos que en general los profetas fueron manoseados por judíos y cristianos. Aún hoy sus figuras son a menudo mal interpretadas. Incluso los fariseos eran defensores de la libertad humana (libre albedrío) que será tema clave en el desarrollo de la teología cristiana.

Estrictamente hablando, lavarse las manos no se opone a ningún mandamiento de Dios como no se opone hoy usar o no desodorantes o cosméticos. Sería un añadido supererogatorio como los compromisos que hacen hoy personas devotas de prácticas religiosas personales. Era un añadido ritual que buscaba servirles de memoria viva. Luego de la destrucción del Templo y la diáspora judía, los judíos llevarán su patria en el corazón y su Templo será la mesa familiar. La sinagoga y el sábado (shabbath) es lo único que sobrevive. Habiendo sido destruido el Templo, la alusión a la práctica del korban, ofrenda sagrada, resulta algo extemporáneo que pudo darse en otro tiempo. Los creyentes no tendrían ocasión de tal práctica pues para ese entonces no tenían ni templo ni propiamente clase sacerdotal. Pudieron haber sido animados en el pasado a hacer la ofrenda y quedar liberados de obligaciones familiares hacia los padres, aunque entre los creyentes el concepto de familia judía sufre serias críticas, pues ahora la obligación es hacia los hermanos creyentes. La respuesta a los fariseos, puesta en boca de Jesús resulta demasiado fuerte para el tono general de los evangelios ante un problema de tan poca monta frente al mensaje de perdón y misericordia. Puesta por la comunidad creyente muestra las tensiones de la época de un cristianismo que va rompiendo el cascarón judío para nacer, no sin dolor. En un ambiente gentil tales disputas serían impensables y el caso de los idolotitos en Pablo es claro. La regla de comidas y costumbres es la caridad con el débil que pueda escandalizarse. Igual sucede con la enseñanza que viene a continuación en Marcos sobre alimentos puros e impuros en donde la norma es que la pureza importante se debe guardar en el corazón. Esta sí sigue siendo válida para judíos y cristianos.