Descargue la Homilía en formato .PDF

↓ Descargar

Apuntes del Evangelio

  •   Domingo Febrero 09 de 2017
  •   Apuntes del Evangelio
  •    Luis Javier Palacio Palacio, S.J.

Marcos 7:24-30, jueves, febrero 9 de 2017

Este es un pasaje que aparece en Marcos y Mateo con ligeras variaciones. Mateo la llama “cananea”, Marcos la llama griega de origen sirofenicio. Marcos califica al “demonio” como “espíritu impuro.” Era creencia ordinaria que las enfermedades con causas desconocidas eran causadas por “espíritus malos.” La misión de Jesús había comenzado con los judíos, tanto en Judea como en Galilea y se pensaba que sería solamente para ellos. Jesús acababa de criticar el legalismo judío, cuando pasó a tierra de los gentiles, es decir, a tierras de no judíos, al otro lado del lago de Galilea, de Tiberíades o de Genesaret. Las primeras palabras de la mujer: «Ten misericordia de mí, Señor, Hijo de David; mi hija es malamente atormentada del demonio» (Mt 15:22), muestran que esta mujer creía en la misericordia . Según Mateo, Jesús no respondió palabra pero los discípulos le decían: «Despídela, pues viene gritando detrás de nosotros» (Mt 15:23). También así protestaban los discípulos cuando las madres llevaban a sus niños a Jesús para que los bendijera. Igualmente protestan cuando Jesús quiere saber quién le ha tocado la fimbria del manto en el caso de la hemorroísa. La respuesta de Jesús muestra su carácter judío: «Deja primero hartarse a los hijos, pues no está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perritos». Pero la mujer no se da por vencida y le dice a Jesús: «Sí, Señor; pero los cachorrillos debajo de la mesa comen de las migajas de los hijos». Como diciendo: Sí, Señor, tienes razón que para los judíos somos tenidos como perros pero también los perritos tienen derecho a la misericordia. Los judíos se creían de mejor familia por ser descendientes de Abrahán y llamaban a los gentiles perros. Este era también el nombre para los seguidores de la corriente griega de los filósofos cínicos. Aunque se use el diminutivo no deja de ser ofensivo el término aplicado a la mujer. Las mascotas (talismanes) son un invento muy tardío en la cultura europea. Entonces Jesús cambió de opinión y le dijo: «¡Oh mujer, grande es tu fe! Hágase contigo como tú quieres» (Mt 15:27).

Jesús, después de la resurrección, cuando ya es el Cristo, es aceptado más por los gentiles que por los judíos, entre los que se desarrolló básicamente su actividad, pero este relato muestra que ya está rompiendo el particularismo judío: visita una región gentil; entra en la casa de un publicano (Zaqueo) sin temor a contaminarse; toca a un leproso contra las leyes de pureza ritual; habla con una mujer pública; accede a la petición de una mujer gentil y de un centurión romano. La apertura plena a los gentiles será más clara en Pablo y así puede expresar que el cristiano tiene que superar todas las barreras: «Ya no hay judío ni griego, ya no hay esclavo ni libre; ya no hay varón ni hembra; pues todos sois uno solo en Cristo Jesús» (Gal 3:28).
La región de Tiro (y Sidón) era el límite septentrional de Galilea y estaba habitado por gentiles y hasta por enemigos de los judíos en donde Jesús no era un desconocido. Los sirofenicios desarrollaron una cultura anterior a la judía y el mismo Templo de Jerusalén se construyó sobre un modelo de un templo fenicio. Competía comercialmente con Judea y el mismo Jerusalén. Pero ya la fama de un Jesús misericordioso se habría extendido allí. Los judíos como pueblo se consideraban hijos de Yahvéh, como los circuncisos que portaban en su cuerpo las marcas de la alianza y los demás pueblos eran “lobos” o cánidos como los perros. Algunos profetas como Jonás y Amós habían quebrado de alguna manera el nacionalismo, chovinismo o parroquialismo judío pero no habían prevalecido. Jesús recompensa la firme confianza de la mujer, una confianza tan sencilla, constante y conmovedora como la de la mujer que padecía el flujo de sangre (hemorroísa). La mujer sirofenicia ha hecho cambiar a Jesús de opinión. La mujer se va a su casa y encuentra a su hija curada, en cama y sana. Hay un dejo de lo que sucede con la hija de Jairo de la cual dice Jesús que no está muerta sino que duerme. Jesús alaba la fe de la mujer sirofenicia, como alabó la del centurión. Esto contrasta con las varias veces que critica a sus discípulos por su falta o su poca fe. Sólo en dos pasajes de los evangelios Jesús alaba públicamente la fe de alguien. Y las dos veces se trata de paganos: el centurión romano y esta mujer sirofenicia.

En este encuentro se enfrentan dos grandes personalidades. Hay un drama en el desarrollo de este relato: Jesús que opone resistencia, la mujer que logra vencer esa resistencia. La mujer realiza una disputa verbal digna de un maestro del judaísmo y convence con su argumentación. Acepta su condición y retuerce el argumento a Jesús, como diciendo: Es verdad; tú estás en lo cierto. Te llamé "Hijo de David", y no me hiciste caso; te pedí "socórreme", y me lo negaste con un desaire; pero ahora que me reconozco indigna de tu favor, como un perrillo, ya que soy gentil, es cuando apelo a ti: también los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos y obtengo tu favor. El Dios judío como el cristiano es el Dios de la Palabra del diálogo y no siempre de la respuesta inmediata. A veces reprende, a veces enseña, a veces pregunta, a veces responde y también a veces calla. Una fe auténtica requiere estar dispuesta a este diálogo incesante, aunque a veces parece que Dios se oculta. Decía Pascual que Dios al encarnarse en Jesús no se hizo más claro sino más oscuro. Nos desbarató las imágenes que teníamos de Dios y que nos daban seguridad. Este relato de hoy fue llamado por siglos “el evangelio de la mujer que convirtió a Jesús” porque efectivamente nos muestra cómo es un Dios que se deja afectar por la necesidad humana, por las razones humanas, por el sufrimiento humano. El teólogo Paul Evdokimov dice que en la cruz Jesús se pone del lado del hombre para salvarlo; no del lado de Dios que clama justicia sino de Jesús que clama misericordia y perdón. Pero hay algo más; aunque el relato es más rico en detalles en Mateo, en el evangelio de Marcos nos muestra una mujer sirofenicia bastante autónoma, como la hemorroísa, como la mujer que unge a Jesús en Betania. En Oriente la mujer estaba supeditada al hombre, al marido, al hermano mayor. Curiosamente en los casos citados los hombres aparecen más bien en el papel de antagónicos. Jesús como varón judío se opone a la gentil sirofenicia; los discípulos se oponen a la hemorroísa que Jesús quiere contactar; Simón se opone a la mujer que unge a Jesús en Betania acusándola de mujer pública. Hoy se destaca la función de género en los relatos bíblicos, dimensión que debe cuestionarnos. En el evangelio de Lucas se muestra a María, madre de Jesús, procediendo también con bastante autonomía, pues no es esclava sino del Señor, no de su sociedad, ni de su esposo, ni siquiera de su judaísmo. La sirofenicia da mucho que pensar más allá de una curación a distancia. Son sus palabras y su sensata conversación las que logran lo que busca y Jesús premia.