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Apuntes del Evangelio

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  •   Apuntes del Evangelio
  •    Luis Javier Palacio Palacio, S.J.

Marcos 8:14-21, martes, febrero 14 de 2017

El pan sin levadura (ácimo) de la Pascua les recordaba a los judíos el pan de la aflicción preparado de afán para salir de Egipto. Para la Pascua se debía eliminar toda levadura que hubiera en casa, buscando hasta en las cuevas de los ratones. La levadura era considerada como símbolo de impureza. Pablo utiliza este símbolo: «Echad fuera la levadura vieja, para que seáis masa nueva, lo mismo que sois panes ázimos». (1 Co 5:7). En la fiesta de Pentecostés (shavuot o cosechas) se ofrecían dos panes de flor de harina amasados con levadura y se asociaba a la revelación divina en el Sinaí. Jesús, en cambio, aparece como alejado de esta idea de Pascua cuando compara el reinado de Dios como levadura en la masa, no solamente porque fermenta sino porque aparece escondida, como el tesoro en el campo, la semilla que crece sola, la limosna en lo oculto, la oración a puerta cerrada, perfumarse al ayunar, el reinado de Dios que ya está oculto en medio de ustedes. El Padre ve en lo oculto frente a una religiosidad que se presentaba a sí misma como espectáculo con los fariseos. De alguna manera ser judío se expresaba como celebrar las tradicionales fiestas del calendario. En el cuarto evangelio o de Juan, la comida es vista por Jesús como símbolo de la voluntad del Padre y la última cena se celebra antes de la Pascua judía por lo que habrían comido pan con levadura. Este es el evangelio que sigue la Iglesia Ortodoxa y por eso comulgan con pan con levadura. Para Pablo, el pan ácimo es símbolo de una vida moralmente pura, mientras que la levadura significa el pecado, como se citó antes. En la parábola, por el contrario, la levadura, en cuanto que es capaz de hacer fermentar la masa, se convierte en símbolo del reinado de Dios. Igualmente el vino puede ser símbolo de salvación como en la copa de acción de gracias de Pascua, de sufrimiento como en las palabras novedosas que añade Jesús en los sinópticos, como seducción como en el Apocalipsis: «Cayó, cayó Babilonia, la grande, la que dio a beber del vino de la ira de su prostitución a todas las naciones» (Ap 14:8) y finalmente como ira de Dios.

La suerte del Bautista termina definiéndose en una comida o banquete de Herodes. Es como una comida envenenada por la disposición de los presentes que lleva a Jesús a advertir a sus discípulos: «¡Estad alerta! Tened cuidado con la levadura de los fariseos y con la levadura de Herodes», una levadura que puede llevar a la muerte. Lo que entienden los discípulos es sobre el pan, del cual dice que llevaban un solo pan (símbolo eucarístico pues todos comen de un mismo pan) pero luego dicen no llevar ningún pan. Una confusión de lo simbólico con lo literal. La aclaración de Jesús es que no solamente no han entendido su alusión sino que tampoco entendieron el significado de la repartición de panes o el asunto del pan. Los discípulos parecen quedarse con las meras estadísticas de las reparticiones de pan. Reconocen los números de los comensales y de los panes (no se mencionan los peces que lejos de Galilea tenían menos sentido), algo que también impactó a Tomás de Aquino para terminar hablando de algo que se popularizó como “multiplicación de los panes”. En realidad nunca aparece tal palabra y su sentido no es de crear a partir de la nada. Esta es una idea que entra por le platonismo y acogida por muchos Padres de la Iglesia. Por el contrario, Jesús no parte nunca de la nada sino de lo que hay, así sea poco. La repartición de panes muestra el interés de Jesús por el bienestar (siente compasión porque tienen hambre o están como ovejas sin pastor) de sus seguidores en contraste con el legalismo que rodeaba el pan. Verdad es que la “etiqueta” del pan era para realzar el papel de Yhavéh que hace que la tierra produzca el pan, pero como en todo lo formal, la forma puede terminar más importante que el contenido . La muerte del Bautista respondió a la “etiqueta” de un banquete solemne y la levadura de Herodes puede bien apuntar a la confusión de prioridades. Probablemente la eucaristía cristiana escandalizaba ya la dietética y la etiqueta de la Pascua judía. Igualmente las obras de Jesús llamadas en muchas traducciones milagros. Mientras que diez y ocho son narrados en los primeros ocho capítulos, su número baja a tres luego de hablar de la pasión. Incluso se nota en que en la primera repartición de panes a los judíos requiere de 5 panes, recogen 12 canastos y alimenta a 5.000: en la segunda a los gentiles requiere 7 panes, recogen 7 canastos y alimenta a 4.000. En la curación de los dos ciegos, se incrementa la dificultad pues en el segundo ciego es progresiva y requiere de la saliva. La pasión, como posibilidad real del fin de Jesús incrementa las dificultades con los oyentes. Esto sería más comprensible para el lector del evangelio que para los discípulos. Solamente por caminar junto a Jesús y convivir con él no se puede concluir que ya estaban totalmente convertidos. La mentalidad de los discípulos, salidos del ambiente judío, tendía a aparecer de nuevo, ya que la ideología dominante, tenía raíces profundas. En esa época como hoy, era una forma de inconsciente colectivo; es decir, como algo que parece muy personal y elaborado pero que surge de la asimilación de lo que hay en el medio. La advertencia de Jesús pretende poner a sus discípulos en guardia contra esa levadura que viene leudando dentro de ellos mismos. En el evangelio de Marcos las autoridades judías que se oponen o son contradictoras de Jesús son más numerosas que en otros evangelios. Menciona seis grupos: los fariseos, los saduceos, los herodianos, los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos. Los más destacados son ciertamente los fariseos que toman más fuerza luego de la destrucción del Templo (año 70). Son los opositores del cristianismo primitivo y quienes los habrían expulsado de las sinagogas. Entonces, su presencia sería más importante y fuerte de lo que fue en la vida pública de Jesús, en su momento histórico, cuando serían superados en influjo por los saduceos. Estos desaparecen con la destrucción del Templo pues eran básicamente sus funcionarios.

Lucas interpreta la levadura de los fariseos como la hipocresía: «Guardaos de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía» (Lc 12.1). Así como el reinado de Dios consiste en levadura que va fermentando para el bien, la hipocresía coma la inconsecuencia o desfase entre lo que se es y lo que se aparenta ser, va fermentando para el mal como en lo que se conoce como mal social o estructural. Aquél en el que todos caen con buena conciencia. Tal es el caso de los males ecológicos del mundo de hoy. En el evangelio de Juan, en donde el pan adquiere una dimensión aún más importante que en los sinópticos, Jesús hace largas explicaciones a los oyentes sobre el “pan vivo” en el cual ya no se hace diferencia entre el pan con levadura y el pan ácimo; tampoco admite que se confunda el pan del que habla con el maná del desierto. Es un intento de corregir el lenguaje simbólico religioso que siempre exige interpretación para el aquí y ahora del creyente. Hoy tendremos nuevas y diferentes levaduras con nuevos y distintos nombres pero igualmente con efectos de reinado de Dios o de violencia larvada.