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Apuntes del Evangelio

  •   Domingo Febrero 15 de 2017
  •   Apuntes del Evangelio
  •    Luis Javier Palacio Palacio, S.J.

Marcos 8:22-26, miércoles, febrero 15 de 2017

En el judaísmo la ceguera no constituía una enfermedad sino una condición de la persona en su vejez. Isaac, Jacob, Elí perdieron su vista al envejecer lo cual se contrasta con Moisés que tendría su vista intacta a los 120 años. Antes de la vejez se consideraba la ceguera como un castigo de Yahvéh y un ciego no podía ser sacerdote ni podía desempeñar ninguna función en el altar. Igualmente no podía sacrificarse ningún animal ciego. El ciego, al no poder leer la Toráh (ley) sufría un marginamiento más. Según Flavio Josefo (historiador judío) el Templo tenía un atrio de gentiles, de mujeres y luego de israelitas, donde pueden entrar los varones mayores de 12 años y, en principio, sin defecto físico y sin impureza. Quien es ciego, evidentemente no tiene la bendición de Dios, porque, si la tuviera, no sería ciego. Y si no tiene la bendición de Dios, ¿cómo va a ser digno de presentar la ofrenda? El único caso en el Nuevo Testamento de castigo con ceguera es el de Pablo quien reprende al hechicero Elimás diciéndole: «Ahora mismo caerá sobre ti la mano del Señor y quedarás ciego, sin poder ver el sol por cierto tiempo» (Hc 13:11), algo que el mismo Pablo no menciona nunca en sus cartas. Tal poder de castigar parece un anacronismo pues no aparece ningún relato de Jesús castigando con enfermedades; por el contrario, curándolas. En el Nuevo Testamento la ceguera tiene una uso predominantemente metafórico y así Jesús llama los líderes judíos “ciegos que guían ciegos”. En el libro de Tobit se encuentra una folclórica receta para curar a los ciegos con la hiel del pez (Tb 6:59). En la actividad de Jesús podemos ver al menos cuatro actitudes de Jesús que consideran la ceguera de manera muy distinta como la consideraban en la época: a) acoge a los ciegos y los hace partícipes del reinado de Dios; b) en los cuatro evangelios hay siete relatos de curaciones de ciegos como signo mesiánico. En la del ciego de nacimiento rechaza expresamente que se deba la ceguera a pecado propio o de los padres; c) el caso de Elimás puede ser, más que la supuesta ceguera física, poner de manifiesto que le mensaje cristiano está sobre la magia; d) la ceguera de los fariseos y otros personajes es ciertamente simbólica pues no le inspira a Jesús piedad sino condena por su actitud obstinada. Pablo, en la carta a los romanos dice que el pueblo de Israel ha sido castigado por la ceguera por un tiempo limitado, mientras se anuncia el evangelio a los gentiles; luego también los judíos aceptarán a Jesús. La curación progresiva del ciego bien puede ser la imagen de la curación progresiva de la ceguera de los discípulos que empiezan a entender a Jesús con la experiencia de Pascua o sea su propia conversión. Jesús nunca deja de ser el modelo. De ahí las palabras duras de Kierkegaard en su diario personal: “Cristo vino al mundo como modelo, con constantes advertencias decía: «¡Sígueme!». Pronto la relación se invirtió. Los hombres prefirieron adorar al modelo. Los apóstoles entonces siguieron a Cristo y enseñaron a sus oyentes: «¡Sígannos!». Pronto la relación se invirtió y adoraron a los apóstoles. Así comenzó todo a desvanecerse… No hay sino una cosa que es la revelación divina, un solo género de adoración que Dios exige: el discipulado. Pero el hombre solo desea responder de una manera: adorando a los modelos ”. El creyente puede curar a otros de sus cegueras o al menos aliviarlas. Jesús curó algunos ciegos y muchos habría entonces; pero no hubo más que unos pocos ciegos curados entre millares, y Jesús no creó casas o centros de asistencia para los ciegos . En el libro del Apocalipsis, en la carta a la iglesia de Laodicea se aplica a cada uno «desdichado, miserable, pobre, ciego y desnudo» (Ap 3:17) que debe comprar «colirio para ungir tus ojos y ver» (Ap 3:18).

A los mismos discípulos les cabe esta ceguera. No entienden la liberación que Jesús trae y tratan de encasillarlo en su idea de Mesías. Les gusta ver a Jesús triunfando sobre el demonio y haciendo milagros y compartiendo con ellos estos mismos poderes. Pero les flaquea la fe y no entienden pues su corazón está endurecido (Mc 6:52). La misma respuesta de Pedro al decir que Jesús es el Mesías encubre una esperanza equivocada. Creía, como muchos, que el Mesías iba a instaurar el Reino por medio del poder político y militar, por el poder de la espada. El mismo Pedro, la noche en que Jesús fue apresado, al señalar que la hora había llegado, entendió que la lucha comenzaba y desenvainó su espada. Al ver Jesús que sus propios discípulos tienen una idea del reinado equivocada, cae en cuenta de la dificultad para predicar el camino de la pasión y la novedosa forma de predicar el reinado que instauraba. Esa ceguera no puede tener más que una curación paulatina porque exige aprender a ver de una manera nueva; aprender a ver el mundo con los ojos de Jesús. El relato de hoy algo nos dice al respecto. Para curar al ciego de hoy, el ciego de Betsaida, Jesús lo coge de la mano y lo conduce fuera de la aldea, de la multitud, del espectáculo, para llevarlo progresivamente a la luz, hasta que vea del todo. Con la mera saliva la visión mejora pero es parcial o deformada: «Veo a los hombres, porque percibo como árboles, aunque andan». Luego Jesús le aplica las manos en los ojos y mejora la vista pues ve perfectamente. Evidentemente entonces no tenían la optometría moderna de miopía, hipermetropía, presbicia, astigmatismo. Pero esto es secundario al relato. Ahora que ve, Jesús lo envía a casa y le pide no entrar en la aldea de donde lo había sacado. La visión no es para lucirla o ufanarse de ella sino como la cuota inicial de la conversión, de una vida distinta. Es similar al perdón de pecados como cuota inicial de la conversión que es la condición para que se instaure el reinado de Dios. Aquí no se menciona la fe del ciego, ni las órdenes imperativas de Jesús como en otras curaciones. Tampoco la petición corriente: ¡Hijo de David, ten compasión de mí! Los que llevan al ciego esperaban que Jesús simplemente lo tocara. Pero esto correspondería a una fe más mágica que evangélica. Los detalles del relato dan más pistas para su sentido que decir simplemente: Jesús toco un ciego y éste vio. También estos detalles aparecen en la curación de Bartimeo, la hemorroísa, el hombre del brazo atrofiado, el sordo tartamudo y otros. Las curaciones de Jesús no nos invitan a buscarlas sino a hacerlas pues todo el evangelio se escribe para que los creyentes se identifiquen con Jesús y no con los usuarios de su misericordia. «Sed misericordioso como vuestro Padre es misericordioso» (Lc 6:36).