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Aporte Ecológico a la Homilía del domingo

  •   Domingo Octubre 28 de 2012
  •   Aporte ecológico a la Homilía del Domingo
  •    Alejandro Londoño Posada, S.J.

Aparentemente la narración de Jeremías sobre la alegría del pueblo que sale del exilio, el evangelio de ciego Bartimeo y el texto de Hebreos sobre Jesús constituido en sumo sacerdote, nada tendrían que ver con la Ecología.

Cuando se comenzó a hablar del Plan de Evangelización (Plan E), en la arquidiócesis de Bogotá, se mencionó todo menos la problemática ecológica, tan evidente en esta ciudad-región. Se tomó pronto conciencia de que un Plan de Evangelización no era lo mismo que un Plan Pastoral. Este último se elabora para rebaños necesitan aclarar mejor para dónde van y que ya cuentan con Pastor.

Por el contrario, un Plan de Evangelización supone que hay muchas personas que no pertenecen al rebaño o que tienen poco sentido de pertenencia, desconocen al Pastor y en la práctica carecen de pastores. A estas personas hay que anunciarles, como dice la segunda lectura de hoy, que “todo sumo sacerdote, en efecto, es tomado de entre los hombres y puesto al servicio de Dios a favor de los hombres, para ofrecer dones y sacrificios por los pecados…” (Hebreos 5,1) y que a Jesús, Dios Padre le confirió esta dignidad, pues “llegado a la perfección se convirtió en causa de salvación eterna para todos los que le obedecen” (Hebreos 5, 9).

A los israelitas Yahvé les dice: “Yo los traeré del país del norte, los reuniré de los extremos de la tierra…Regresarán entre llantos de alegría, agradecidos porque retornan, los conduciré a corrientes de agua por un camino llano….” (Jer 31, 8a y 9a). Nuestro pueblo también necesita escuchar palabras que hoy sonarían así: “Dejen de estar viviendo como en el norte o primer mundo, por ese estilo de vida, por esos gastos tan lujosos. Dejen incluso de comprar agua embotellada por empresas gringas. Abandonen su desinterés por la suerte de nuestros pobres y marginados.

Regresen de ese exilio y luchen ahora por ideales ecológicos. Sepan que por causa de la codicia en la explotación del oro y otros minerales preciosos, a nuestro pueblo lo están dejando con tierras arrasadas y deforestadas, y que pronto estarán deseando ser conducido a corrientes de agua limpia, como dice el texto de Jeremías”.

Quienes sean capaces de escuchar estos llamamientos, no se extrañen que les vaya a suceder lo mismo que al ciego Bartimeo a quien “Muchos lo reprendía para que se callara. Pero él gritaba todavía más fuerte: Hijo de David, ten compasión de mí” (Mc 10, 48).

Volviendo al Plan E de Bogotá, se nos propone vivir la adhesión a la persona de Jesucristo y a su proyecto del Reino… se nos propone ser sal y luz del mundo participando en la construcción de una sociedad más justa, reconciliada, ecológica, solidaria y misericordiosa (Doc.3, pag. 33).