Descargue la Homilía en formato .PDF

↓ Descargar

Apuntes del Evangelio

  •   Domingo Febrero 22 de 2017
  •   Apuntes del Evangelio
  •    Luis Javier Palacio Palacio, S.J.

Marcos 16:13-19

Los relatos de la resurrección (tumba vacía y apariciones) son la clave para entender los evangelios siendo a la vez extra-evangélicos. Sin la resurrección los relatos evangélicos no pasan de ser simplemente interesantes historias del pasado. Con la resurrección se vuelven historia meta-histórica; es decir, historia que nos saca de la historia (espacio y tiempo). Pablo lo expresa al menos con tres afirmaciones básicas: a) «Si Cristo no ha sido resucitado, vana es entonces nuestra evangelización; vana también nuestra fe» (1Co 15:14); b) «Si Cristo no ha sido resucitado… aún estáis en vuestros pecados» (1 Co 15:17); c) Murió por obra de nuestros pecados y resucitó para nuestra justificación. En una versión actual correspondiente al credo podemos decir: “Jesús murió por nuestros pecados (o resucitó al tercer día ) y en eso se revela Dios”. Es la experiencia pascual la que convierte a los apóstoles en misioneros; por eso todos los relatos son de envío, incluidos los de la tumba vacía. En el evangelio de Juan (20:23) el perdón de los pecados aparece como un encargo pascual. En Mateo no hay sino dos apariciones y ambas grupales: a las mujeres y a los once. Las estructuras de la Iglesia no derivan de una voluntad fundacional del Jesús histórico, sino de un envío misionero del Resucitado. En Pablo, por ejemplo, no hay diferencias entre “laicos” con carismas, obispos, presbíteros, apóstoles y diáconos. De ahí que tenemos tres estructuras básicas eclesiales hoy en proceso ecuménico con variaciones organizativas: Latina, Ortodoxa, Luterana. La Ortodoxa ha mantenido siempre el “sacerdocio común” de todo bautizado que el Vaticano II revivió en la Latina. La ordenación en todas es un servicio a la comunidad. El Nuevo Testamento usa la palabra presbítero (anciano) para designar un ministerio particular (clero) y reserva santo (hiereus en griego de donde se deriva jerarquía) para el sacerdocio laical. Es la traducción del sacerdocio judío. Cristo abolió hiereus como una casta distinta y los creyentes son consagrados e introducidos por el bautismo en el sacerdocio universal. La resurrección de Cristo es esperanza para todos los creyentes porque él es la primicia o primer fruto y el primogénito de muchos hermanos. Es promesa para todos los hijos de Adán.

En la conclusión canónica del evangelio de Marcos, parte de la cual es el evangelio de hoy, se resumen varias apariciones: a María Magdalena, a los discípulos de Emaús, a los once. Las dos primeras no son creídas por los once, precisamente porque la resurrección no se reduce a un asentimiento en el credo. Exige la experiencia personal que es la que tuvo Pablo, como posible para todo creyente. Cambio a los once discípulos que estaban «sumidos en la tristeza y en el llanto» (Mc 16:10), en misioneros que deben predicar el evangelio a toda la creación; capaces de replicar lo que Jesús había hecho en su vida pública: «Expulsarán demonios, hablarán lenguas nuevas, tomarán en sus manos serpientes, y, aunque beban algo mortalmente venenoso, no les hará daño, impondrán las manos a los enfermos y éstos recobrarán la salud». El lenguaje evidentemente es figurado pues ningún creyente habla lenguas por infusión, es inmune a los venenos, funge como culebrero popular, reemplaza a los médicos en su labor. Pero tampoco lo hacía Jesús en su tiempo. Los signos de garantía y genuinidad del evangelio deben responder a los tiempos, lugares y personas; no reproducen gestos sino contenidos. A las personas de doble faz Jesús las ha llamado “serpientes” y “raza de víboras” (Mt 23:33).

La situación de los discípulos luego de la muerte de Jesús y antes de las apariciones es una situación de abatimiento. Después de las apariciones relatadas por María Magdalena y sus dos compañeros es de incredulidad. La incredulidad afecta a los once y es obstinada. Está relacionada específicamente con la resurrección: los discípulos son reprendidos por su actitud para con los testigos de la resurrección. Solamente la intervención de Cristo con su reproche relativamente duro les hace salir de este estado de incredulidad y dureza de corazón. La misión es especialmente ambiciosa. Su objeto es proclamar o predicar el evangelio y la Palabra. Tienen que partir y salir de su encierro por todo el mundo, por todas partes, a toda la creación; tienen que contar con el rechazo, la fe o la incredulidad y hablar de temas trascendentes como la salvación y la condenación. La gente se verá obligada a tomar postura en algo que afecta íntimamente su vida. Es el juicio que todo creyente debe hacer de sí mismo frente a Jesús como lo presenta el evangelio de Juan. Las señales que acompañarán «a los que crean», es decir, que no son exclusivas de los apóstoles. Se prometen a los creyentes sin distinción y sin que aparezcan subordinadas a ninguna condición, excepto a la de creer. Es una enumeración larga. Dos de los signos ya aparecían en el envío pre-pascual. Resulta sorprendente la lista si se tiene en cuenta que es probable que la comunidad a la que se dirige el evangelio de Marcos ya en este momento estaba sufriendo la experiencia contraria del fracaso de los signos o de oposición a ellos. Podemos pensar en una doble explicación. Que los signos tienen la función de adorno de una convicción profundamente arraigada más que de reflejo de situaciones presentes y concretas. La palabra de Dios es ciertamente eficaz, pero como grano de mostaza, como levadura en la masa, como grano que crece escondido. Esa es la razón de que no necesiten corrección ni restricción alguna en la evidencia. También puede ser que en determinadas comunidades hubiera manifestaciones carismáticas como “hablar en lenguas” (glosolalia) de la que habla Pablo a los Corintios. Se indican cinco signos: a) expulsión de demonios que corresponde a enfermedades de causa desconocida; b) don de lenguas que se incluyen igualmente en el relato de Pentecostés y que deben discernirse con las reglas que da Pablo a los corintios; c) serpientes que resultan inofensivas y que pueden obedecer a la historia popular de Pablo cuando desembarca en Malta (Hechos 28:1-6); o el simbolismo de la serpiente del Génesis como la tentación; d) el veneno que no logra envenenar como se aplicará luego en muchas hagiografías o historias de santos; e) curación de los enfermos que está relacionada con la presencia del reinado de Dios ya iniciado. En Marcos son especialmente abundantes los relatos de curaciones. Llama la atención no obstante la ausencia en este final de Marcos (para algunos comentaristas es un añadido al original) del Espíritu Santo, que aparece claro en las apariciones en el evangelio de Juan. Los signos parecen depender únicamente de la invocación del nombre de Jesús «en virtud de mi nombre». La experiencia pascual es la que une el Espíritu del Resucitado con la vida del Jesús porque el resucitado es el mismo crucificado. Sin pasión no hay resurrección y sin ésta no entendemos aquella.