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Guíon para la radio

  •   Domingo Febrero 26 de 2017
  •   Guión para la Radio
  •    José Martínez De Toda, S.J.

Moderador/a: Buenos días. Estamos aquí en el Estudio… (Se presentan los participantes).

El Evangelio del domingo de hoy trata de cómo combatir el stress. Escuchémoslo.

Lectura del santo evangelio según San Mateo (Mt 6, 24-34)

JESÚS – Nadie puede servir a dos señores; porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No pueden servir a Dios y al Dinero.

"Por eso les digo: No anden preocupados por su vida, qué comerán, ni por su cuerpo, con qué se vestirán. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?

Miren las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros; y su Padre celestial las alimenta. ¿No valen Vds. más que ellas?

Por lo demás, ¿quién de Vds. puede, por más que se preocupe, añadir un solo codo a la medida de su vida?

Y del vestido, ¿por qué preocuparse? Observen los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan, ni hilan.

Pero yo les digo que ni Salomón, en toda su gloria, se vistió como uno de ellos.

Pues si a la hierba del campo, que hoy es y mañana se echa al horno, Dios así la viste, ¿no lo hará mucho más con Vds., hombres de poca fe?

No anden, pues, preocupados diciendo: ¿Qué vamos a comer?, ¿qué vamos a beber?, ¿con qué vamos a vestirnos?

Que por todas esas cosas se afanan los gentiles; pues ya sabe su Padre celestial que tienen necesidad de todo eso.

Busquen primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se les darán por añadidura.

Así que no se preocupen del mañana: el mañana se preocupará de sí mismo. Cada día tiene bastante con su propio mal.

Pregunta 1 – ¿Qué es mejor: servir a Dios o servir al dinero?

Algunos responderán: “A los dos”. Pero Jesús nos dice que simplemente no es posible servir bien a dos señores tan opuestos a la vez entre sí. Si lo intentamos, nos frustraremos y perderemos el tiempo. “No pueden servir a Dios y a Mammón (el dinero)”.

El ansia del dinero (el servirlo) es egoísmo, y suele llevar consigo la explotación y la injusticia. Pero Dios es amor. Son dos cosas contrapuestas.

Para muchos el dinero (y la corrupción) es el único guía de sus vidas: como para un marinero es la estrella polar y sus instrumentos de navegación.

El problema no está en tener dinero, sino en ser esclavo de él, en convertirlo en nuestra prioridad más importante, en que enrede sus tentáculos alrededor de nuestros corazones y vaya ahogando nuestra relación con Dios y la ayuda a los más necesitados.

Desafortunadamente, la codicia y el materialismo nos están invadiendo y arrasando. El mayor peligro para el cristianismo occidental no es el Islam, sino el materialismo que se extiende por nuestra cultura a medida que es más afluente, y está desplazando los valores cristianos.

Pregunta 2 – Pero con el salario que tengo, no llego bien al final de mes, ¿qué puedo hacer?

Por supuesto, ver cómo aumentarlo… en mis ventas o en mi trabajo. Eso quizá exija reclamarlo ante el patrón o ante el gobierno, si no depende de mí.

Pero todo eso y el mismo trabajo hay que hacerlo sin stress, que es el cáncer de las ciudades y de la vida moderna. Hay que hacerlo sin angustiarse.

Las mujeres de más de 100 años no son de ciudades, sino de pueblos.

La ansiedad por tener más y más dinero es un cáncer del alma que penetra a ricos y pobres. Nada ganamos con preocupaciones por él.

Pregunta 3 – ¿Cómo vivir sin stress?

Jesús nos recomienda:

“No anden preocupados por su vida, qué comerán, ni por su cuerpo, con qué se vestirán. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?
Jesús parece adelantarse a nuestro tiempo y darnos buenos consejos citadinos. Y nos recomienda la paz, la serenidad, el saber descansar, el olvidarnos de los negocios el fin de semana y dedicarlo en cambio al descanso, a la familia y a Dios.

Parece recomendarnos que digamos con frecuencia: “Se hace lo que se puede”.

Jesús nos pide que no nos dejemos distraer por preocupaciones.

Pregunta 4 – ¿Cómo argumenta Jesús para que no nos preocupemos?

Jesús nos dice:

- Dios provee a la golondrina que trabaja, pero que no se preocupa. Las aves “no siembran, ni siegan, ni guardan en graneros”. Construyen nidos, buscan comida, y cuidan a sus pequeños.

“Asimismo, ¿quién de ustedes podrá, acongojándose, añadir un rato más a su vida?”
Lo irónico es que la ansiedad no alarga la vida sino que la acorta. ¡La preocupación mata! ¡Atasca nuestras arterias y para los corazones!

- Por fin, Dios viste las flores de manera bella, aunque sean menos que los hombres y las mujeres, hijos e hijas de Dios creados a su imagen:

“Reparen en los lirios orquídeas, araguaney y flores silvestres del campo... ni aun Salomón con toda su gloria fue vestido así como uno de ellos” (vv. 28-29).

Si Dios cuida de las flores silvestres y la hierba, ¿no cuidará también de sus hijos?
Jesús no dice que la comida y la ropa no sean importantes, sino al contrario, nos recuerda que el Padre – el que nos creó – conoce bien nuestra necesidad de comida, ropa, y “todo lo demás.” No tenemos que persuadirle al Padre de esto. Esto nos conforta, porque el Padre es capaz de proveer por nuestras necesidades.

Jesús solo se refiere al problema de la ansiedad que acompaña estas cosas.

La preocupación es la marca del no creyente o del que tiene poca fe.

La estrella hacia la cual el cristiano debe navegar es Dios – el reino de Dios y su justicia. Jesús no promete riquezas, sino las cosas esenciales – comida y ropa: aire para respirar, cuidado médico, alojamiento, y todo lo demás.

El cristiano puede ser un gran testigo de todo esto. Tanta gente se preocupa por cosas insignificantes – la marca de su ropa y de sus carros. La gente que vive prudentemente y confía que Dios proveerá sus necesidades, se contrasta con gente tan ansiosa. Su plácida manera de ser hace que otros se sientan atraídos a ellos, llevándolos suavemente a Cristo.

Esto no intenta prohibir la planificación, sino la ansiedad. Podemos decir: “Mañana será otro día”.

Mientras planeamos y preparamos, podemos estar seguros de que Dios nos ayudará. No hay necesidad de estar ansiosos (Rom 8:31). Esto no garantiza que Dios apoyará todos nuestros planes o que nos abrirá todas las puertas que queremos tener abiertas. Pero estamos seguros de que Dios abrirá las puertas correctas en los momentos apropiados.

Seamos como el niño que se fía de sus papás. Ellos le traerán el alimento, etc. “De mayor me dijeron que cuando pequeños, pasábamos hambre. Yo no me acuerdo. Éramos felices en casa”.

Pregunta 5 – ¿Por qué cosas nos debemos preocupar realmente?

Jesús como hombre, está lleno de problemas. Jesús sabe que le espera algo terrible en Jerusalén, sudará gotas de sangre en Getsemaní, pero repetirá: “No se haga mi voluntad, sino la tuya.” (Lucas, 22:42).

Nos manda quitar los ojos de nosotros mismos, de nuestras vidas, de nuestra propia ansiedad egoísta con nuestros deseos de obtener cosas buenas, y en cambio buscar entregarnos a la causa justa de Dios.

Jesús nos dice: “Busquen primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se les darán por añadidura”.

Como Jesús, asumimos la responsabilidad de ayudar a los hambrientos, desplazados, refugiados y damnificados. Y, aún cuando ayudamos a los pobres y a los vulnerables, no necesitamos estar ansiosos si la cosa resulta difícil. Solo necesitamos caminar con fe, haciendo lo que podamos y confiando que Dios hará el resto.

El Padre, que ha demostrado su generosidad a lo largo de toda la creación, sabe de nuestras necesidades – y, si primero buscamos el reino de Dios y justicia, “todas estas cosas les serán añadidas” (v. 33).

“Así que, no se acongojen por el día de mañana; que el día de mañana traerá su fatiga: basta a cada día su afán”.

Los problemas de hoy bastan para hoy. ¡Ya es bastante tener que preocuparse por los problemas de hoy; no añadan los de mañana antes de que lleguen! No sucumban a la ansiedad del futuro.

El Padre que proveyó para nosotros ayer también proveerá para nosotros mañana.

Despedida

Les invitamos a la Misa, a la Eucaristía, sacramento del amor. Allí Jesús nos dice que evitemos el stress, que no exageremos nuestras preocupaciones. Y Él comienza a darnos su Cuerpo y su Sangre hasta el fin de los tiempos. Dios nos quiere felices. “Contento, Señor, contento”, como repetía S. Alberto Hurtado, de Chile.