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Apuntes del Evangelio

  •   Domingo Febrero 26 de 2017
  •   Apuntes del Evangelio
  •    Luis Javier Palacio Palacio, S.J.

Mateo 6:24-34, domingo, febrero 26 de 2017

En el evangelio de hoy aparecen en boca de Jesús varios consejos respecto al estilo de vida de un creyente. No esclavizarse con el dinero, ni la comida, ni el vestido, ni la bebida, ni la artificialidad en la vida, ni por el pasado, ni por el futuro. En un solo consejo se resume: «Buscad el reino y su justicia». Muchos Padres de la Iglesia se maravillaron al encontrar consejos semejantes en la filosofía griega y hablaron de las “semillas del Verbo ” presentes en todo el mundo que habían producido tales frutos entre los griegos. También hubo quienes defendían la originalidad del cristianismo en todo sentido hasta llegar a llamar vicios las virtudes de los filósofos. Hoy se acepta el influjo especialmente estoico en los evangelios y en Pablo, quien habría estudiado tal sistema en Tarso. La originalidad del cristianismo no está en su ascética, bastante común con los estoicos, sino en su mística de in-habitación del Espíritu que nos lleva al servicio de los demás. La Palabra logos como verbo encarnado en el cuarto evangelio (de Juan) tenía ya una larga tradición en los estoicos. El valor que el evangelio de hoy confiere al instante, al presente, que lleva a no angustiarse por el futuro aparece en muchos principios de vida. Vivir como si viéramos el mundo por primera vez y a la vez como la última, con la consciencia de que en el instante presente tenemos acceso a la totalidad del tiempo y espacio, aunque sea filosófico encaja con el sentido de providencia divina de los creyentes. La atención al presente libera de las pasiones más hondas que son siempre causadas por el pasado o por el futuro, la tristeza, la frustración, el fracaso del pasado o el temor al futuro, a la muerte. Pero ni el pasado ni el futuro dependen de nosotros, sino de la Providencia, que era para los estoicos el “logos” del cosmos. Para Agustín de Hipona obtenemos la imagen de la Trinidad con tres actos: recordando a Dios, conociendo a Dios y amando a Dios y los tres se dan en el presente. En los evangelios el presente es llamado KAIROS, con una concepción diferente a la del tiempo, pues es el momento o instante salvífico. El pasado ya no existe y el futuro aún no llega, pero el presente condensa a ambos en el aquí y ahora. La escultura no expresa toda la vida de la persona sino el instante de su KAIROS. Los estoicos definían de dos maneras el presente: como límite ente el pasado y el futuro (definición matemática) y como el momento de la vida totalmente consciente, cuando el hombre sintoniza con la eternidad; una eternidad experimentable en esta vida. El pasado no nos pertenece porque ya está fijo e inmutable; pero el futuro no depende de nosotros sino del “logos” (Providencia) y aún no existe. Solamente el presente depende de nosotros y por tanto de nuestra voluntad de hacer el bien; solamente tengo el presente para mi salvación. Ideas similares encontramos en el evangelio de Juan. El auto control fundado en el examen de consciencia y el esmero en la recta intención igualmente es común a la filosofía y el cristianismo. Vivir como un ejercicio de preparación para la muerte es la definición platónica de la filosofía (amor a la sabiduría); pero no era precisamente un ejercicio de eutanasia sino un ejercicio para la vida. Como en Pablo la resurrección es significativa para esta vida porque la muerte encontró su vencedor. Entrenarse para morir es en realidad el mejor entrenamiento para vivir. Los conocidos Ejercicios Espirituales de Ignacio de Loyola son, según Pierre Hadot, son la versión cristiana de la práctica ascética greco-romana. La vida monacal, nacida en Oriente, lleva a los monjes a vivir con consignas a menudo más filosóficas que evangélicas y por medio de sus escritos se cristianizan . Hoy nadie duda de su valor espiritual. La definición socrática del amor como el vehemente deseo de la belleza de la cual carecemos, bien pasa por la definición del amor a Dios en Agustín: el único que colma nuestro deseo; un amor siempre recursivo y carente; satisfecho e insaciado .

El conocimiento del cosmos, sin el cual el hombre no sabe dónde está él mismo; si no conoce el propósito de la existencia del cosmos tampoco entiende el propósito de su misma existencia, bien puede aplicarse a Dios en el creyente aunque su origen es estoico. Obrando así, el hombre puede vivir en una actitud alegre de consentimiento y sí el cosmos en obediencia a su voluntad como divina. La dimensión mística (unitiva con la divinidad) de cada momento estriba en poder decir sí al cosmos con su voluntad de “logos” universal. Debemos querer lo que la razón universal quiere, es decir, el momento presente exactamente como es. El aire cristiano de esta afirmación se siente en muchos autores místicos y monjes del desierto. Si la filosofía buscaba enseñar a mirar el mundo, la sociedad y los individuos desde un punto de vista universal, el evangelio y el mismo judaísmo buscaban hacer lo mismo desde la perspectiva de Dios. En el Padrenuestro y en la oración de Jesús, es lo que se llama la voluntad de Dios con la cual el creyente busca sintonizarse interior y exteriormente. Las pasiones arriba mencionadas por el dinero, el vestido, la bebida, la vivienda, la talla corporal, la longevidad de la vida, son una pasión inútil porque ninguna logra el punto de vista superior. No supera los intereses egoístas o el amor de sí mismo que es el nivel inferior (común con los animales) del amor cristiano .

Este texto sobre las aves del cielo y los lirios del campo es uno de los pasajes más poéticos y bellos de las Escrituras y un desafío de estilo de vida de todos los tiempos; máxime hoy con la crisis ecológica y la necesidad de conversión. El KAIROS antes mencionado, es el momento propicio para la conversión. Lo que pide Jesús a sus seguidores no se deriva de saber de ornitología, botánica ni agricultura sino simplemente de «mirad las aves del cielo» o de «mirad a los lirios del campo»; es decir, de una experiencia mística al alcance de cualquiera. Sin embargo, quien lo hace, ya empieza a entrar en el reinado de Dios. Luego vendrán otros pasos importantes de responsabilidad frente a los demás. Pero sin esta mística, como antes se dijo, en común con otros frutos de las “semillas del verbo” en otras culturas y religiones, no hay suficiente base humana para vivir el evangelio. Como dice Francisco en la encíclica Laudato si´: “La espiritualidad… modo alternativo de entender la calidad de vida… estilo de vida profético y contemplativo… Es importante incorporar una vieja enseñanza, presente en diversas tradiciones religiosas, y también en la Biblia. Se trata de la convicción de que “menos es más”» (LS, 222). La mística como antídoto al consumismo contaminador.