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Apuntes del Evangelio

  •   Domingo Marzo 05 de 2017
  •   Apuntes del Evangelio
  •    Luis Javier Palacio Palacio, S.J.

Mateo 4:1-11, domingo, marzo 5 de 2017

En la teología Occidental, dada el sobre énfasis que se dio al relato de la caída, en el cual la mujer es “seducida” por la serpiente, reforzado en el Nuevo Testamento con las expresión «no fue Adán el seducido, sino Eva» (1 Tm 3:14), se introduce un elemento que aclara no menos que oscurece el pecado. Por un lado parece venir de fuera de manera que hay lugar a la disculpa de la propia responsabilidad; por otro lado muestra que el mal no lo cometemos nunca solos pues en su accionar y en sus consecuencias siempre implica a los demás. En la teología Ortodoxa la caída fue leída de una forma menos “ontológica” y más histórica, de manera que la caída era inevitable como proceso de una humanidad inmadura. Tanto Adán como Eva son exaltados en la liturgia y celebración cristiana. También hay tentación en Caín y Abel sin mujer ni serpiente de por medio. En el Antiguo Testamento el pueblo con su comportamiento pone a prueba a Yahvéh y es éste el que es tentado por el pueblo. Su símbolo es Masá y Meribá, en el desierto. ¡No tentarás al Señor tu Dios! se vuelve la versión negativa del amor a Dios con el todo el corazón. Son tentados Abrahán, Leví, Ezequías, Isaac en una forma en que son sinónimos prueba y tentación en los piadosos y justos. A menudo, solamente luego de salir airosos se entiende el incidente como prueba y acrisolamiento. Es el judaísmo rabínico tardío el que hace del tentador alguien independiente (como la serpiente aludida) y de satán el tentador por excelencia. Este se aliaría con las tendencias torcidas, profundas e innatas del ser humano: poder, violencia y placer. En los escritos apocalípticos ya el dualismo de lucha entre el bien y el mal es evidente. Se refuerza con el influjo gnóstico y maniqueo afectando seriamente la visión monoteísta del Dios bueno y misericordioso.

En el Nuevo Testamento la tentación aparece básicamente en los tres relatos de tentación de Jesús (Marcos, Mateo y Lucas) y en Pablo, Hebreos, Santiago, Hechos y Apocalipsis. En casi todos ellos el sentido es de prueba superable por el creyente. La tentación suprema viene a ser evitar tener que sufrir como cristiano, lo que por el contrario es el distintivo de ser discípulo auténtico. Abrahán y Job fueron zarandeados por las pruebas y Jesús lo fue igualmente. Santiago llega a expresar: «Nadie en la tentación diga: Soy tentado por Dios. Porque Dios ni puede ser tentado al mal ni tienta a nadie» (St 1:13). No aclarando de donde viene entonces la tentación, la aclaración nos viene mejor de Pablo y su concepción del ser humano. Así se aclaran las tentaciones nuestras que no difieren de las de Jesús por más que se expresen en lenguaje judío. Jesús estuvo sometido a prueba durante toda su vida. Las preguntas capciosas de muchos buscan ponerlo a prueba; los que esperan (sus mismos discípulos) un mesianismo diferente al de la pasión son parte de la tentación; la oración en Getsemaní es frente a la tentación de huir de la pasión; la invitación a bajar de la cruz es la final. Empieza su vida pública tentado en el desierto y la termina tentado en la cruz. Las del desierto nos dan una buena idea de la “sicología” de la tentación, pues juntan la responsabilidad personal con las consecuencias posibles en el reinado de Dios.

Ubicar las tentaciones en el desierto nos remite a la experiencia colectiva del pueblo en camino a la tierra que mana leche y miel. Las tentaciones de Jesús son de uno o de muchos, judíos y gentiles, cristianos y no creyentes. Surgen de las pasiones humanas que fallan en su objetivo o en sus métodos. La segunda tentación ocurre en el Templo en donde se desenmascara como la tentación puede usar ropaje religioso. La tercera en un monte alto donde se ambiciona el control político, militar, geográfico universal (reinos). Quien programa el acrisolamiento es el Espíritu que impulsa a Jesús al desierto, de manera que el “diablo ” es apenas un personaje de reparto para que el drama tenga desarrollo. Las tentaciones parecen personales (alimento luego del ayuno, que Marcos no menciona), religiosas (adoración) y políticas (poder). Son tentaciones para probar la disposición de Jesús para la misión, no su resistencia al pecado. «Si eres Hijo de Dios» en la primera tentación marca el destino de todo creyente, pues lo que Jesús muestra en su vida es una nuevo concepto de filiación, de cómo se es hijo. La cultura en general sabe cómo ser hijo de un rey, hijo de un rico, hijo de un personaje influyente; pero solamente en Jesús se muestra el máximo de dignidad del Padre: tener un hijo como Jesús. Jesús aprende a ser hijo entregándose a los demás y el Padre aprende a ser Padre aprobando (con la resurrección) el comportamiento de Jesús. No cambia la función natural de las cosas; ni las piedras en panes ni las aves del cielo en discípulos sino que manda repartir los pocos panes y peces que se tienen entre los demás (no parece que él mismo coma), que se imiten las aves del cielo y los lirios del campo en simplicidad de vida; que no se ambicione ser príncipe ni grande de las naciones sino servidor de todos. La cita del Deuteronomio “no solo de pan vive el hombre” es el recuerdo del pueblo en el desierto cuando las necesidades inmediatas de comida le impedían pensar en las necesidades a largo plazo de la palabra de Dios. Puede extenderse a quien se sacia de poder (reinos) de prácticas religiosas (culto) satisfaciéndose a sí mismo. En la segunda tentación en el Templo se pide una señal mesiánica según algunos escritos rabínicos; el Mesías aparecería en el alero del Templo y probablemente en la Pascua judía para que fuera más espectacular. El diablo (disociador) tentador pide a Jesús que tiente a su Padre. La respuesta «no tentarás al Señor tu Dios» alude nuevamente al pueblo en el desierto, que esperaba que Yahvéh le evitara los sufrimientos propios del Exodo. Más dramática es la situación de Jesús en la cruz cuando muere en ella no a pesar de ser Dios sino precisamente porque lo era de una manera nueva. A lo largo de su vida pública varias veces pedirán a Jesús señales extraordinarias para seguirlo y las negará. Sus señales son la misericordia con los enfermos, pecadores, niños, centuriones, gentiles. La tercera tentación es la más frecuente en toda la humanidad; en tiempos de Jesús era el Imperio Romano. Es el deseo de dominio universal económico, social, político financiero e incluso religioso, personal en los grandes conquistadores y comunitario en las grandes invasiones y corporaciones. La respuesta de Jesús «al Señor tu Dios adorarás y a él solo darás culto» muestra cómo a Dios lo identificamos con nuestras pasiones más oscuras como sucede en la teología de la prosperidad (prosperity Gospel). Toca a Jesús aclarar en su juicio que su reino no es de este mundo y ceñir una corona diferente a las de todos los reinos: la de espinas. Cualquier justificación evangélica del tener sin compartir, poder sin servir, capacidad humana que no esté al servicio de los demás, queda desautorizada en estas tentaciones de hoy, que no logramos vencer totalmente en ningún momento de nuestra vida; nos duran hasta la muerte.