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Apuntes del Evangelio

  •   Domingo Marzo 16 de 2017
  •   Apuntes del Evangelio
  •    Luis Javier Palacio Palacio, S.J.

Lucas 16:19-31, jueves, marzo 16 de 2017

Aunque el evangelio no llama explícitamente el relato de Lázaro y el rico insensible una parábola, la mayoría de la literatura rabínica y los comentaristas lo toman por tal. Su enseñanza, o punto de contacto, ha sido postulado como la necesidad de la misericordia y también como el llamado a atesorar en el cielo o merecer la vida eterna —con la figura del seno de Abrahán—. Hay un contraste entre el banquete del rico y el banquete en el reinado de Dios o el banquete escatológico. En medio estaría el banquete Eucarístico. También se puede ver en la parábola bifronte (con dos cabezas) un final de exhortación a la manera de los profetas, cuando el rico quiere ir a avisar a sus cinco hermanos «para que ellos no vengan también a este lugar de tormento», es decir, para motivar su conversión. Algunos rasgos de esta parábola aparecen en otras de manera más explícita como en el granjero insensato que muere la noche de su cosecha; o el gran banquete al que se termina invitando a pobres, tullidos, ciegos y cojos; o el camello y el ojo de la aguja; o el buen Samaritano. La opción frente a las riquezas en Lucas es de elección entre la renuncia a las posesiones o el compartir. En el Magnificat (1 de los 4 cantos recogidos por Lucas), ya se anuncia la lógica de Dios de manera que la humillada es la exaltada y llena de gracia (misericordia); el hijo pródigo es quien festeja con su padre y no el hijo mayor; Lázaro es el salvado y no el rico insensible; el publicano es el justificado y no el fariseo; el Samaritano es quien realmente cumple el espíritu de la ley y no el sacerdote ni el levita judíos; los excluidos son los invitados al banquete y no los amigos, hermanos, vecinos ricos. El último como primero aparece evidente. El sufrimiento de Lázaro es magnificado con llagas, perros, mendicidad, sobras de la mesa pero el origen de todo es su pobreza material. En las bienaventuranzas Lucas no añade que sean los pobres en el espíritu como Mateo, sino los pobres a secas, los pobres materiales. Incluye un lamento de Jesús contra los ricos «!Porque ya tenéis vuestro consuelo!» (Lc 6:24). En el caso de Zaqueo, a pesar de su riqueza, encuentra su salvación en Jesús porque también es hijo de Abrahán y decide repartir sus bienes. Aunque la recompensa de Lázaro es escatológica (en la otra vida) la finalidad de la parábola es animar la caridad de los fariseos frente al pobre en esta vida.

En Lucas hay varios textos que aluden a la pobreza física bajo su expresión de hambre. Juan el Bautista predica la conversión y pide a la multitud que comparta alimento y vestidos. Jesús defiende a los discípulos hambrientos que recogen espigas y las frotan para comerlas en sábado; alimenta con panes y peces a cinco mil. Lázaro suplica que le dejen siquiera la migas de la mesa del rico insensible. El hijo pródigo no puede comer ni siquiera las algarrobas de los cerdos. Lucas ve la salvación como el alivio del sufrimiento ajeno por medio del perdón y la misericordia en el sentido más amplio posible. Cuando el lenguaje de la salvación no es explícito, se describe como el reverso de la fortuna, como en las bienaventuranzas y en el caso de Lázaro hoy. El futuro deseado por Dios es diferente.

La parábola de Lázaro no es originaria de la literatura judía sino un cuento egipcio que entró en el judaísmo por Alejandría, una ciudad de Egipto donde residían muchos judíos. Seguramente en la época de Jesús ya era un cuento corriente y éste lo usa precisamente porque era ya conocido, dándole una connotación nueva. Introducir a Abrahán, Moisés, la ley le da continuidad a las enseñanzas de Jesús con el Antiguo Testamento. Los líderes judíos habrían fallado en seguir a Moisés así como en aceptar a Jesús. Se inserta luego de que Jesús ha advertido que los fariseos son “amantes del dinero”. Para corregir esto eran suficientes Moisés y la ley y no requerían de la resurrección. Para los creyentes esta resurrección era la que les daba el valor para vivir de una manera distinta y esto se aclara diciendo que para los cinco hermanos del rico insensible la resurrección no tendría ningún efecto. Moisés y la ley habrían fracasado en llevar a los judíos a una nueva forma de vida. A penas les servía para ser “buenos ciudadanos” que vivían a plenitud sus ambiciones. El rico insensible no hace propiamente nada malo. No oprime directamente a Lázaro ni le hace injusticia, pero disfruta su riqueza y sucumbe en su falta de sensibilidad. La salvación en Lucas está marcada en esta misma vida como en el evangelio de Juan lo está el juicio. La parábola del Lázaro es exclusiva de Lucas y en consonancia con todo su evangelio. Jesús es presentado como un profeta pobre que «no tiene donde reclinar su cabeza» (Lc 9:58); que advierte a los ricos que no pueden servir a Dios y al dinero; que critica la falta de misericordia en la parábola de Lázaro y en la del granjero insensato. En este evangelio puede aprenderse a vivir de manera sana en la sociedad de consumo para no esclavizarse del dinero, de la obsesión de bienestar; a vivir de manera solidaria, a compartir con el necesitado. Las clases más poderosas y los estratos más míseros pertenecen a la misma sociedad, son correlativos. La parábola los acerca aún más pues Lázaro está a la puerta del rico. Pero los separada una barrera invisible e infranqueable si no hay compasión o misericordia. Las meras teorías sociales, políticas, económicas simplemente constatan su existencia paralela. Lázaro no puede cruzar la puerta y el rico insensible no quiere abrirla. Lo que la parábola dice es que para Dios no existe tal barrera y no puede tolerar que las cosas queden así para siempre. La barrera no ha sido creación de Dios sino del rico insensible. Algunos detalles parecen irónicos. El rico insensible se viste de púrpura y de lino. Toda su vida es lujo y ostentación. Solo piensa en banquetear espléndidamente cada día, pero es anónimo, no tiene nombre, no tiene identidad, es igual a muchos. Su vida vacía de compasión es un fracaso. Su vida se agota en mero banquetear. Lázaro es un mendigo hambriento, cubierto de llagas. Nadie le ayuda. Solo unos perros se le acercan a lamer sus heridas. No posee nada, pero tiene un nombre portador de esperanza: Lázaro que significa “Mi Dios es ayuda”. Tiene esperanza y fe en Dios. El rico insensible es enterrado y llevado al reino de los muertos donde siempre estuvo. En cambio a Lázaro «los ángeles lo llevan al seno de Abrahán». Con imágenes populares de su tiempo, Jesús recuerda que Dios tiene la última palabra sobre ricos y pobres. Si el sufrimiento se produce lejos es más fácil. Hemos aprendido a reducir el hambre, la miseria o la enfermedad a datos, números y estadísticas, que nos informan de la realidad sin apenas tocar nuestro corazón. También sabemos contemplar tragedias horribles en el televisor, pero el sufrimiento siempre es más irreal y menos terrible a través de la pantalla. Quien sigue a Jesús se va haciendo más sensible al sufrimiento de los que encuentra en su camino. Se acerca al necesitado y, si está en sus manos, trata de aliviar su situación. En el buen Samaritano se nos dice que el prójimo no es el otro sino aquel de quien nos hemos hecho prójimo porque estaba necesitado. En esta parábola ampliada tenemos muchos personajes que pueden reflejarnos en nuestra actitud. Todos tenemos algo que compartir pero podemos ser tan insensibles como el personaje de hoy.