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Apuntes del Evangelio

  •   Domingo Marzo 19 de 2017
  •   Apuntes del Evangelio
  •    Luis Javier Palacio Palacio, S.J.

Juan 4:5-42, domingo, marzo 19 de 2017

El evangelio de Juan es el único que describe actividad misionera de Jesús entre los samaritanos, donde se queda dos días y el pueblo acude a oírlo. Marcos no menciona a los samaritanos, Mateo incluye una prohibición para entrar en ciudades de samaritanos y Lucas habla del rechazo en ciudades de Samaría porque viaja a Jerusalén. Sin embargo presenta al buen Samaritano como modelo de compasión y un leproso samaritano como el único que regresa a dar gracias. En los Hechos de los Apóstoles sería Felipe —creyente procedente de la gentilidad— el pionero de la misión en Samaría. Los samaritanos se tenían por descendientes de Jacob y eran atraídos tanto por el tinte escatológico de la predicación de Jesús como por su crítica al Templo, pues adoraban en Garizim y no en Jerusalén. Cien años antes de Cristo los Sumos Sacerdotes habían mandado destruir el templo de Garizim para centrar el culto en Jerusalén. Que Jesús quiera beber del cántaro de la samaritana muestra que no le preocupan normas rituales de pureza además de romper las normas en el trato con una mujer. Jesús podría beber el agua si tuviera su propio cubo pero no podía usar el de la samaritana. Los samaritanos aceptaban solamente el Pentateuco. Que la mujer reconozca a Jesús como profeta por aludir a sus cinco maridos, es el cliché corriente para los profetas, que conocen lo oculto, varias veces comentado. No hay que suponer bajeza moral en esta mujer. De hecho, en el patriarcalismo judío una mujer que enviudara o se divorciara, especialmente joven, no tenía otra alternativa que un nuevo matrimonio para poder subsistir. Los mismos discípulos se disgustan que Jesús hable con una mujer en público. El ejemplo de los saduceos de la mujer que tuvo siete hermanos por maridos no resulta totalmente inverosímil aunque sea exagerado. No sería de recriminar a la mujer sino al sistema social de entonces. Los samaritanos no aceptaban un Mesías davídico, sino el regreso de un restaurador como Moisés. Jesús desacredita tanto el culto en el Templo como en Garizim pues a Dios se le adora en espíritu y verdad. En el evangelio de Juan tenemos ciertas ecuaciones propias de mucho significado: Dios = espíritu, Dios = luz, Dios = amor, que no son definiciones de la esencia de Dios sino a la manera como se relaciona con el creyente. Por tomar la revelación del nombre de Yahvéh como una definición absoluta (soy el que soy) se elaboró una teología excesivamente rígida ajena al Antiguo Testamento. Aquí hay varias definiciones y auto-definiciones de Yahvéh, como compasión, como misericordia, como tardo a la ira, rico en piedad, etc. El Templo sería reemplazado por su cuerpo en el caso de los creyentes. Tanto Marcos (sirofenicia) como Juan, relatan encuentros de Jesús con mujeres gentiles. El mismo Jesús es acusado de ser un samaritano «¿No decimos, con razón, que tú eres samaritano y que estás endemoniado?» (Jn 8:48), o amigo de samaritanos. Aunque los sinópticos narran solamente un viaje de Jesús a Jerusalén, el evangelio de Juan relata varios. Era la costumbre para los galileos subir a Jerusalén a través de Samaría. El evangelio de Juan es el que mejor describe el contacto pastoral de Jesús con sus destinatarios. Es un evangelio de diálogos reposados que contrastan con los de debate. Es el evangelio que más resalta el encuentro personal. Algunos ejemplos son: Natanael, Felipe, Nicodemo, hermanos de Jesús, la Samaritana, el paralítico de la piscina, la adúltera, el nacido ciego, Marta, María, Lázaro, Pedro y su triple profesión de amor, los griegos. A cada uno le da su receta personal. La vida eterna a quien cree, renacer, pasar de la muerte a la vida, beber del agua que salta a la vida eterna, comer el pan de vida para no tener más hambre, el verdadero adorador lo hace en espíritu y verdad. En todos ellos Jesús los acepta en sus circunstancias o situaciones y desde allí construye sus expresiones de fe. El mismo Jesús lavando los pies a los discípulos se da dentro de un banquete que es más pastoral que comida .

Tradicionalmente los samaritanos eran descendientes de la mezcla entre judíos y los colonos gentiles llevados por el rey Sargón cuando invadió el territorio. Para los judíos era muy importante el origen biológico de descendientes de Abrahán. El evangelio de Juan contrasta tales filiaciones con el origen en el “espíritu”. De María no se narra el nacimiento de Jesús como en Lucas y Mateo sino al final su presencia como “madre” del “discípulo amado” y como “mujer”. También la Samaritana y María Magdalena anunciando a otros la presencia de Jesús constituyen maternidad espiritual, porque como aclara a Nicodemo es necesario nacer de nuevo. En contraste igualmente con la confesión de fe de Pedro, en el evangelio de Juan, es Marta la primera persona que hace una confesión plena de la identidad de Jesús como Mesías. La Samaritana y María Magdalena cumplen la función de apóstoles predicando a otros la presencia de Jesús, la primera en vida pública y la segunda como resucitado. Podemos echar de menos en Juan un conjunto de temas conocidos por los sinópticos, como los relatos de la infancia, la predicación ascética ante la venida del reinado, el sermón de la montaña, el discurso parabólico, el Padrenuestro, la transfiguración, la eucaristía en la última cena, expulsiones de demonios. Pero por otra parte Juan aporta temas desconocidos para la tradición sinóptica: Nicodemo, la samaritana, el ciego de nacimiento, el paralítico de la piscina, la resurrección de Lázaro, las alegorías del pastor y la vid. El Jesús del Juan asombra por su movilidad, de forma que hay que pensar en tres años de ministerio en lugar del único año de los sinópticos. Juan entiende la fe como un proceso de diálogo. La disposición de la samaritana frente a Jesús es la de una discípula que pregunta, responde, escucha y acepta. Esto coincidiría con la teología mesiánica propia de los samaritanos, centrada justamente en un Mesías Maestro. En el diálogo entre la samaritana y Jesús donde hablan de la sed, el agua de la verdadera fuente, el pozo de Jacob, la adoración de Yahvéh hay malentendidos que se aclaran en el diálogo. La Samaritana se impacta con la libertad de Jesús para hablar en un lugar público con una mujer. Con este gesto ya hay más de mil palabras. Ella se descubre valorada personalmente. La Samaritana corre a anunciar lo que ha oído y experimentado. Las consecuencias de su acción es que «muchos samaritanos de esa ciudad creyeron en él por la palabra de la mujer» e invitan a Jesús a permanecer en el pueblo. Se puede leer en los evangelios que los discípulos son enviados a la siega incluso donde no han sembrado. Probablemente es el caso de Felipe en Samaría pues el papel de la mujer es un componente destacado también en los evangelios. Esto adquiere mayor relieve hoy cuando Francisco ha invitado a revisar el diaconado femenino que hubo en los primeros siglos y hoy presentan luteranos, anglicanos y recientemente el patriarcado greco-ortodoxo de Alejandría.