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Apuntes del Evangelio

  •   Domingo Abril 19 de 2017
  •   Apuntes del Evangelio
  •    Luis Javier Palacio Palacio, S.J.

Lucas 24:13-35, miércoles, abril 19 de 2017

Los relatos de resurrección cumplen la función de alentar a la comunidad que caminaba tras los pasos de Jesús. Si los evangelios —hoy suficientemente probado por la crítica— se empiezan a recoger por lo concerniente a la pasión, una respuesta llevaba a nuevas preguntas y los relatos más tardíos tienen que ver con la vida oculta y con la resurrección. Allí, aunque con disparidad en los detalles, se muestra “quién es Jesús” para la comunidad cristiana, aunque siga siendo “necedad” para los judíos y “locura” para los griegos «mas para los que están en vías de salvación, para nosotros, es poder de Dios» (1 Co 1:18). Jesús presentado con rango de profeta no hubiera dado suficiente para que su causa se mantuviera viva; como legislador a la manera de Moisés hubiera sido olvidado prontamente porque no convencía a los judíos de reemplazar la Torah (ley); como un buen judío pasaría como un personaje más de tantos del Antiguo Testamento cuya memoria era edificante para el pueblo. Los discípulos de Emaús lo tildan de «un hombre que fue profeta poderoso en obras y palabras ante Dios y ante todo el pueblo» que lo pone a nivel de Elías, Eliseo y otros personajes envueltos en realidad y leyenda. Pero los creyentes sentían era que “estaba vivo” y en medio de ellos puesto que sentían el perdón y la conversión en sus vidas. A esto no se llagaba con meras citas del Antiguo Testamento sino con un cambio que brotaba de la fe, sin que podamos determinar qué llegaba primero. Fe y conversión, fe y obras, razón y fe tienen una relación como la del clásico acertijo si fue primero el huevo o la gallina. En el campo de la fe lo anterior y lo posterior parecen perder su sentido temporal y hasta causal. Los creyentes creen en la resurrección y por eso entran en el camino de la conversión permanente o entran en el camino de la conversión permanente y por eso creen en la resurrección. Ninguna sicología lo aclara ni necesidad tenemos de aclararlo. En el judaísmo la fe encuentra su esencia en la confianza (emunah en hebreo) y no en el asentimiento a una formulación teológica. “Escucha Israel” (Shema) precede al Decálogo. Las profesiones de fe preceden al dogma que busca ser un test o chequeo de ortodoxia. La fe es el punto de apoyo que pedía Arquimedes para mover el mundo y los creyentes encuentran su ápice en la resurrección. Los griegos (especialmente Platón) ubican la fe en un grado inferior de conocimiento a nivel de la opinión; los creyentes como su forma superior de existencia; no hay relación humana posible sin la fe, aunque sin ella se den las relaciones políticas, económicas, comerciales y sociales corrientes.

La experiencia Pascual (experiencia de Jesús vivo en la vida de los creyentes) no exigía el desarrollo de ideas, las cuales ya tenían en el Antiguo Testamento, sino decisiones personales extremas que hagan arder el corazón y actuar en consecuencia. Luego de la cena con el desconocido caminante, en el cual reconocen la presencia de Jesús, los discípulos que huían de Jerusalén para evitar el peligro, rectifican su camino y vuelven a Jerusalén para enfrentarlo y dar testimonio al resto de los seguidores de Jesús. El Resucitado en su inesperada forma de caminante no estaba en contradicción con el Jesús terreno sino que lo interpretaba. Si el clímax del relato se pone en la comida al caer de la tarde, con rasgos marcadamente eucarísticos, es necesario recordar que no hay clímax sin desarrollo previo y éste es el recorrido del camino, el camino de la vida. Lo hacen con los elementos de entonces de la Escrituras. Lo que son hoy para nosotros las Escrituras cristianas aún no existían como tales. Una parábola, un hecho, una enseñanza de Jesús les hubiera dado una mejor imagen de quien había muerto en la cruz y tendrán que empezar a reconstruir su vida precisamente alrededor de la Eucaristía. Como reafirma el Vaticano II “la Iglesia nace y se nutre de la Eucaristía”, es decir, de la comunidad que revire, re-actualiza la vida toda de Jesús desde la anunciación a la resurrección. Los discípulos de Emaús están cargados de gran riqueza simbólica por el cambio de huir a enfrentar; de leer las Escrituras a la judía a re-interpretarlas como creyentes; de desánimo a entusiasmo; de pasiva espera de un nuevo reino a construirlo con su testimonio; de pasar de un Jesús vivo en Palestina a un Resucitado vivo en medio de la comunidad creyente; de esperar el maná como pan del cielo a bendecir, partir y repartir el propio.

Los discípulos habían conocido al Jesús terreno y lo habían reconocido como "profeta poderoso en palabras y en obras" pero también lo sentían en el camino como "mesías fracasado". Faltaba la chispa que prendiera el fuego y ésta era la Resurrección. La vida de Jesús, sus curaciones, sus enseñanzas fracasan en su objetivo sin la resurrección, por lo cual todos los evangelios van a terminar de recogerla en alguna de sus versiones. Toco sacramento (misterio) celebra la Resurrección que no puede desconocerse por mucho que la cruz aparezca figurativamente como el símbolo cristiano por excelencia. En realidad la cruz es tardía en la historia del cristianismo pues la precedió el pez como anagrama de Jesús salvador e hijo de Dios. La cruz se populariza hacia el siglo IIX y el crucifijo hacia el siglo IX. Algunos templos han reemplazado el crucificado por el Resucitado quien acompaña a los discípulos de Emaús desde el comienzo. Sin la resurrección no es entendible la vocación de Pablo a los gentiles ni la de muchos otros a dar su vida por el evangelio.

Al lector de los evangelios puede llamar la atención la diversidad de maneras y ubicaciones de la experiencia de encuentro o aparición de Jesús a los discípulos. Si cupieran las experiencias de todos los creyentes en ellos habría tantos relatos como creyentes. Se puede distinguir un primer ámbito de tradiciones, que refiere las experiencias de los discípulos en Jerusalén (Lucas-Hechos, Juan, Mateo, aparición a las mujeres; y también Lucas, aparición a los dos discípulos de Emaús). Otra serie de experiencias está ambientada en Galilea (Mateo, Juan en el apéndice, Marcos en el final tardío de su evangelio). También los destinatarios de las apariciones están distribuidos en diversos grupos. Pedro es destacado por Pablo, los discípulos en Jerusalén y en Galilea, las mujeres en Jerusalén, los de Emaús en camino, las multitudes «a más de quinientos hermanos juntos, de los cuales la mayor parte viven todavía» (1 Co 15:6). La metáfora usada en este evangelio para la experiencia Pascual es la de abrir los ojos. El protagonista de la historia es Cleofás, tenido por hermano de José y por tanto, sería tío de Jesús. Los discípulos están en crisis y atemorizados. Vuelven a su pueblo. Jesús es un peregrino pero sus «ojos eran incapaces de reconocerlo». Después del diálogo y celebrar la cena que pasa de simple comida a bendición, partición y repartición del pan, se remiten al recuerdo de lo enseñado y hecho por Jesús y «entonces sus ojos se abrieron y lo reconocieron». Pero no se quedan disfrutando el momento sino que se sienten impulsados a volver a Jerusalén a dar testimonio de su experiencia. Esta es la reacción en cadena que crea la resurrección. Su mejor testimonio empieza a ser el de las personas cambiadas hasta el día de hoy.