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Aporte Ecológico a la homilía del domingo

  •   Domingo Abril 23 de 2017
  •   Aporte ecológico a la Homilía del Domingo
  •    Alejandro Londoño Posada, S.J.

El evangelio nos presenta la aparición de Jesús Resucitado a los discípulos, cuando estaban con las puertas cerradas por miedo a los judíos y la falta de confianza de Tomás en sus compañeros. Él estaba ausente y cuando regresa no les cree.


El evangelio nos presenta la aparición de Jesús Resucitado a los discípulos, cuando estaban con las puertas cerradas por miedo a los judíos y la falta de confianza de Tomás en sus compañeros. Él estaba ausente y cuando regresa no les cree.

Qué lástima que eso mismo suceda en muchos sitios en donde la gente no confía en los demás. En este caso es imposible tener proyectos en común, así sea mínimos, como sería luchar por tener una carretera bien asfaltada que llegue hasta el barrio o la vereda. Lo mismo, sería difícil que la comunidad luchara junta por tener agua potable, impidiendo que el Ministerio del Medio Ambiente acepte que se den licencias a las grandes empresas extranjeras que contaminan quebradas y ríos.

Por otra parte, mientras en Colombia, el 1% sea el dueño de la mitad de la tierra, no habrá confianza, ni solidaridad. Incluso seguirá existiendo la causa que hace años justificó el nacimiento de la guerrilla. Otra cosa distinta es que ésta en lugar de seguir luchando por la justicia, lo siguió haciendo por apoderarse del negocio de las drogas.

En cambio en los Hechos de los Apóstoles se nos presenta una comunidad, en donde verdaderamente hay confianza y solidaridad. Un modelo de la comunidad eclesial que estamos llamados a crear.

La confianza se demuestra en la forma cómo se reúnen y oran juntos. La solidaridad en la forma de compartir los bienes: “los creyentes vivía unidos y lo tenían todo en común; vendían sus posesiones y bienes, y lo repartían entre todos, según las necesidades de cada uno…” (Hech 2, 44).

Esta manera de actuar es la que estamos necesitando para poder vivir unidos en la Casa Común. Y aquí es donde muchas comunidades campesinas e indígenas nos están dando ejemplo, gracias a una sabia comprensión de la Ecología. Un ejemplo bien diciente fue la votación de Cajamarca: el 98% en contra de la muerte que iba a causar la locomotora minera, en una enorme región, con la contaminación de sus tierras, de sus quebradas y ríos.

Nunca nos cansaremos de repetir frases como esta de la encíclica LAUDATO SI, Alabado seas, Señor: “El ambiente humano y el ambiente natural se degradan juntos, no podremos afrontar adecuadamente la degradación ambiental si no prestamos atención a las causas que tiene que ver con la degradación humana y social. (L.S., Nr. 48).

Y en este sentido el ejemplo de las primeras comunidades es valiosísimo. Una buena espiritualidad, un sentido de unión y solidaridad, una ética ecológica, son la garantía de que haya gente que luche por el bien común, por la Casa Común.