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Apuntes del Evangelio

  •   Domingo Mayo 01 de 2017
  •   Apuntes del Evangelio
  •    Luis Javier Palacio Palacio, S.J.

Juan 6:22-29, lunes, mayo 1 de 2017

Las multitudes que siguen a Jesús lo han unido de tal forma a sus discípulos que no entienden que ande solo. Lo buscan para preguntarle de manera ambigua: «¿Cuándo has llegado hasta aquí?» porque con lo dicho sobre las barcas se esperaría la pregunta ¿Cómo has llegado hasta aquí? Pero a ninguna de las dos preguntas responde Jesús porque en el evangelio de Juan hay una trascendencia del tiempo y el espacio. Siendo el Logos encarnado, estaba desde el principio de los tiempos, y habiendo venido del cielo el espacio resulta secundario. En Juan hay una interesante confusión de tiempos y lugares a la manera de los equívocos joánicos o de sus ironías. Jesús dice venir del cielo y los judíos que viene de Nazaret por lo que no puede ser Mesías. Su actividad se desarrolla en Jerusalén básicamente y en los sinópticos en Galilea. Su Padre es Dios y hasta Felipe dice que hijo de José. La última cena se realiza antes de Pascua y su crucifixión coincide con el sacrificio de los corderos mientras en los sinópticos su cena coincide con la Pascua judía. Las multitudes siguen pensando en el pan de cebada que les ha sido repartido sin captar el signo de lo que Jesús quiere darles a entender. El alimento terrenal, como signo del alimento «que permanece hasta la vida eterna», requiere de la misma realidad y el uno no se entiende sin el otro. En Juan comer y entrar en contacto con Dios forman una unidad. El maná, con las válidas explicaciones que se han dado de ser una emanación del árbol Tamarix Mannifera al ser picado por una cochinilla, era tenido en un proceso de reflexión como pan del cielo. Es considerado como pan sin cuerpo, rocío de la mañana, granos del cielo, como semilla de cilantro, como de bedelio, como sabor acomodado a lo que desee el comensal, como pan de ángeles, como pan del cielo. Incluso el maná “guarda” el sábado por lo que no aparecía tal día y se recogía doble porción el viernes. Era el único día en que no se descomponía. Deja de aparecer cuando entran en la tierra de Palestina a través del Jordán y según tradición habría una jarra con maná permanentemente en el Templo. Con la invasión de Nabucodonosor y destrucción del Templo, se tenía la leyenda de que la vara de Moisés y la jarra de maná habían sido escondidas en el monte Garizim, donde los Samaritanos tenían su centro de culto. Se había vuelto signo de la Torah (ley) e incluso con sentido contrario al original. Yahvé dio el maná para que no pensaran que el hombre vive solo del pan sino de la palabra de Yahvéh. Algunos comentarios incluso decían que había sido creado en el ciclo de siete días la víspera del descanso de Yahvéh. El nombre mismo se derivaría de la pregunta ¿Qué es esto? (man hu´ en hebreo). El sentimiento espiritual o místico (igual que el poético) no cambia la “materia” de las cosas sino su sentido y relación con el ser humano: paloma y paz, rosa y amor, agua y pureza. El evangelio de Juan utiliza tres elementos queridos en el judaísmo tradicional relacionados con Moisés como son la serpiente de bronce, el maná y la fiesta de pascua. Un elemento un poco más figurado es que Moisés se ofrece a morir por el pueblo en el incidente del becerro de oro. «Con todo, si te dignas perdonar su pecado..., y si no, bórrame del libro que has escrito» (Ex 32:32). Pero el que el maná fuera alimento transitorio en el desierto, es utilizado en el Nuevo Testamento para recalcar que aún era un alimento incompleto, pues murieron quienes lo comieron. El lenguaje de la muerte física en relación con la muerte espiritual a veces puede confundir en las Escrituras. Jesús enfatiza la importancia de un nuevo pan cuando dice: «Yo soy el pan vivo que bajó del cielo; si alguien come de este pan vivirá para siempre; y, de hecho, el pan que yo daré es mi carne a favor de la vida del mundo». No aparece divorciado en Juan el pan celestial del pan terrenal, como tampoco la vida como eternal o terrenal; son indisociables en un evangelio aparentemente dualista por su lenguaje . Un pan meramente material era reducir el mesianismo de una manera cruda y materialista. De pensar así no estaban exentos algunos círculos cristianos y algunos tipos de judaísmo. Pero pensarlo enteramente espiritual también era un error por lo cual Pablo critica las celebraciones de los corintios, que quedarían como meros címbalos que resuenan. En el lenguaje del Vaticano II se asocian ambas perspectivas cuando se habla de dos panes: pan de la Palabra y pan de la Eucaristía, llamando a ambos pan. De alguna manera simbólicamente hay también una referencia a la jarra de maná en el Templo cuando se dice a los seguidores de Jesús que comerán del “maná escondido”: «Al que venciere le daré del maná escondido» (Ap 2:17).

Las multitudes no estaban pidiendo directamente a Jesús que hiciera llover maná como en el desierto sino que hiciera un signo que los convenciera que había llegado la era mesiánica. El problema del futuro es que no es revelable ni descubrible sino construible en el mensaje de Jesús. Así que el “cómo sea el cielo futuro”, la “era mesiánica” no puede ser motivo sino de la especulación o la imaginación. Para algunos es la proyección en el futuro del “paraíso perdido” en el relato del Génesis; para otros la vida en el trono celestial a la manera de la gloria de Isaías; para otros la descripción de Ezequiel de la carroza que da origen a la espiritualidad del Merkaba con ángeles, arcángeles, querubines. En una tradición judía de la Mishnáh (comentarios) se dice que Moisés como el primer mesías había realizado tres actividades que realizaría el último mesías que era Jesús para los creyentes. Estas tres actividades sería: la provisión de maná, la provisión de agua y montar en un burro joven (pollino). El evangelio de Juan pone a Jesús a cumplir, a su manera, las tres actividades con el discurso del pan de vida asimilado a su cuerpo, el agua del pozo de Jacob asimilada al agua viva y entrar en Jerusalén en un burro: «No temas, hija de Sión; he aquí que viene tu rey montado sobre un burro» (Jn 12:15). Que la Eucaristía de los creyentes haya sido tempranamente asociada con el maná puede entenderse porque la situación de la comunidad en medio de oposiciones, debates, ataques y persecuciones era fácilmente asimilable a la situación del pueblo en el desierto. En la teología de la liberación un libro frecuentemente citado y analizado es el libro del Exodo como experiencia fundante del pueblo judío y de todo pueblo.

Curiosamente el evangelio de Juan no relaciona el maná con la otra importante comida de la época de Jesús como es la Pascua. El prototipo del pan de vida es el maná con sus contrastes y la última cena es una comida previa a la Pascua de los judíos en la que se enfatiza el servicio y el futuro de la comunidad creyente y no el pasado de liberación del pueblo judío. Si el maná saciaba en el desierto y el pan de cebada saciaba en Palestina, ahora «comer pan hasta saciarse» requiere un nuevo sentido.