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Aporte Ecológico a la homilía del domingo

  •   Domingo Mayo 07 de 2017
  •   Aporte ecológico a la Homilía del Domingo
  •    Alejandro Londoño Posada, S.J.

Una frase con gran aplicación en las lecturas de hoy que emplea Lucas en su libro sobre la historia de la primitiva Iglesia: “Sálvense de esta generación malvada” (Hech. 2,40)

Un bello ejemplo. Las mujeres del país centroamericano de El Salvador fueron claves en la defensa de una megaminería que amenazaba contaminar con el proyecto El Dorado al río Lempa, fuente de agua para el 77.5 % de las personas de este país. Por fortuna esta actitud valerosa de la mujeres que se unieron a los grupos ambientalistas, animó al gobierno a prohibir estos proyectos de esta generación malvada.

En realidad, esta amenaza de tantos proyectos parecidos merece la condena que aparece en los Hechos de los Apóstoles y nuestra necesidad de orar para que el Señor nos salve de esta generación malvada. Con entidades que creen que con dejar algunos dólares en el país donde contaminan, ya están haciendo un bien.

Es el mismo caso de lo que sucede en Jericó, Antioquia, donde el peligro de contaminar aguas y de acrecentar la deforestación es inmenso. Claro que no faltó el periódico capitalino que presentara una carta de la Anglo Gold Ashanti, donde quería justificar todo lo hecho a espaldas del campesinado, buscando incluso el engaño a los niños de la región con el argumento que las minas de oro les traerían la capacidad a los papás para regalarles bicicletas, motocicletas y mil regalos más.

Otra frase del evangelio con aplicaciones en el campo ecológico: “En verdad les digo, quien no entra por la puerta del corral de las ovejas, sino por cualquier otra parte, es un ladrón y un salteador” (Juan 10,1)

Cuando el Papa Francisco habla, en el capítulo II de la encíclica sobre la Casa Común, sobre lo que está pasando en nuestra casa, muestra detalles de esta generación a la que se le puede aplicar el epíteto anterior de malvada.

En efecto, el Papa señala aspectos tan concretos como la contaminación de la basura y de las aguas, la pérdida de la biodiversidad, el deterioro de la calidad de la vida humana, los daños en los humedales, etc.
Perfectamente podemos llamar, basados en los datos anteriores a esta generación de malvada. Con razón en la encíclica se mencionan 22 veces a los pobres, como las personas que más sufren las consecuencias de todo lo mencionado anteriormente.

Pero viniendo ya a los actores de esta catástrofe, a estos los podemos llamar ladrones y salteadores, como lo hace hoy el evangelio de Juan: “En verdad les digo, quien no entra por la puerta del corral de las ovejas, sino por cualquier otra parte, es un ladrón y un salteador” (Juan 10,1).