El mensaje del domingo

  •   Domingo Mayo 07 de 2017
  •   El mensaje del Domingo
  •    Gabriel Jaime Pérez Montoya, S.J.

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: «Les aseguro que el que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que salta por otra parte, es un ladrón y un bandido; pero el que entra por la puerta es el pastor de las ovejas.

A éste le abre el guarda, y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas, y cuando ha sacado del redil todas las suyas, camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz; a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños.»

Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús: «Les aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí fueron ladrones y bandidos, por eso las ovejas no les hicieron caso. Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y, salir, Y encontrará pastos. El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estrago; yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia.» (Juan 10, 1-10).

1. La imagen del pastor en la Biblia

La imagen del pastor que cuida y conduce a las ovejas es constante en el Antiguo Testamento. El libro del Génesis describe los orígenes de Israel hacia el siglo XVIII a.C. a partir de los patriarcas Abraham, Isaac y Jacob, que caminan en busca de agua y pastos para sus rebaños de ovejas y cabras. Seis siglos después, hacia el siglo XII a.C., encontramos en el libro del Éxodo a Moisés, quien junto al monte Sinaí aprende el oficio de pastor y es escogido por Dios como instrumento para liberar al pueblo de la esclavitud y conducirlo a través del desierto hacia la tierra prometida. Y otros dos siglos más tarde -hacia el X a.C.-, tal como nos lo cuenta el primer libro de Samuel, Dios mismo escoge a David, un joven pastor que cuidaba el rebaño de su padre Jesé, para ser consagrado rey de Israel a quien se atribuye, entre otros el Salmo 23 (22): El Señor es mi pastor, nada me falta

También la imagen del pastor es empleada por los profetas. En el capítulo 34 de Ezequiel, Dios reprueba a los jefes del pueblo por haberse aprovechado de las ovejas para sus propios intereses egoístas y anuncia la promesa de un Mesías descendiente de David que será su verdadero pastor. Cinco siglos más tarde, ya en el Nuevo Testamento, en los Evangelios anteriores al de Juan, es significativa la parábola contada por Jesús sobre el pastor que va en busca de la oveja perdida, la encuentra y la carga sobre sus hombros (Mateo 18,12-14; Lucas 15,3-7), mostrando así la misericordia infinita de Dios. Esta imagen del pastor misericordioso, pintada en las catacumbas de Roma, es la más antigua representación figurativa del cristianismo. Y en todo el capítulo 10 del Evangelio según san Juan, al que pertenece el pasaje de este domingo, Jesús describe su acción salvadora empleando tanto la imagen de puerta del redil de las ovejas como la del pastor. Finalmente, en los últimos versos de este capítulo, él mismo se presenta como el Buen Pastor.

2. “Camina delante de las ovejas y ellas lo siguen, porque conocen su voz”

Una de las características de los pastores en el cercano oriente es que van siempre delante del rebaño, a diferencia de los arrieros que golpean y empujan desde atrás. Por eso Jesús, al manifestarse como la presencia personal y salvadora de Dios entre nosotros, se aplica con toda razón la imagen del pastor para invitarnos a seguirlo y a confiar en su misericordia.

Esta metáfora juega con otro de los símbolos que el mismo Jesús emplea para explicar su misión: “Les aseguro que el que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que salta por otra parte, es un ladrón y un bandido; pero el que entra por la puerta es el pastor de las ovejas (…) Yo soy la puerta de las ovejas”. Esta otra imagen puede referirse a la labor pastoral que iba a continuar la Iglesia después de la muerte y resurrección de Jesús: esta labor, para ser auténtica, tiene que pasar por Él.

Existe el peligro de malentender la imagen del pastor y el rebaño, cuando se hace de la Iglesia una organización autoritaria en la cual unos jefes gobiernan desde arriba a unos borregos pasivos que se comportan gregariamente, sin libertad ni iniciativa propia. Por el contrario, en la Iglesia, como comunidad de fe que surgió de la vida y las enseñanzas de Jesucristo y en la que todos sus integrantes debemos ser reconocidos como “pueblo de Dios”, sus pastores –el papa, los obispos y los presbíteros- estamos llamados a vivir y actuar como verdaderos servidores, a imagen del propio Jesús.

3. “Yo he venido para que tengan vida, y la tengan abundante”

La misión de Jesús como el Buen Pastor corresponde a su vez a lo que dice la Primera Carta de Pedro, en la segunda lectura de este domingo, a quienes se habían convertido a la fe en Jesucristo: Ustedes andaban como ovejas descarriadas, pero ahora han vuelto al pastor y guardián de sus vidas (1 Pedro 2, 25). El propio Pedro, que en su discurso después de haber recibido energía del Espíritu Santo el día de Pentecostés, tal como aparece en la primera lectura, anuncia a Jesús resucitado como Señor y Mesías, había recibido de éste la misión de representarlo en la tierra como supremo pastor de su Iglesia, según nos lo cuenta en otro pasaje el Evangelio según san Juan: apacienta mis corderos (…), apacienta mis ovejas (Juan 21, 15-17).

El IV Domingo de Pascua o Domingo del Buen Pastor lo dedica la Iglesia Católica a celebrar la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones. Para la Jornada de este año 2017, el Mensaje del Papa Francisco, que lleva por título “Empujados por el Espíritu Santo para la Misión”, nos recuerda que la misión pastoral dada por Jesús a su Iglesia es confiada por Él a todos los bautizados en ella, pero de una manera particular y especial nos invita a “implorar de Dios nuevas vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada”, y agrega que “el Pueblo de Dios necesita ser guiado por pastores que gasten su vida al servicio del Evangelio (…), que sepan hacerse prójimos de los hermanos y ser, así, signo vivo del amor misericordioso de Dios”.

Pidámosle pues al Señor por las vocaciones sacerdotales y religiosas, para que el Señor suscite entre los jóvenes el deseo sincero de entregar de esa manera sus vidas al servicio de la misión pastoral de la Iglesia, siendo colaboradores idóneos del Buen Pastor en su misión de dar vida espiritual en abundancia.