Apuntes del Evangelio

  •   Domingo Mayo 07 de 2017
  •   Apuntes del Evangelio
  •    Luis Javier Palacio Palacio, S.J.

Juan 10:1-10, domingo, mayo 7 de 2017

De las épocas en que el pueblo judío era nómade, que van hasta la deportación a Babilonia, queda la imagen romántica del pastor. La “imagen” del nomadismo se conserva fresca por ser época clásica de las Escrituras y el pastoreo era la actividad típica de los levitas (clase sacerdotal y maestros de la Torah) porque no habían recibido tierra en el reparto. Eran la décima tercera tribu de Israel que no se contaba como tal por no tener tierras. Abel era pastor y ofrecía ovejas a Yahvéh y su ofrenda fue preferida a la de Caín que ofrecía frutos de la tierra. No se da razón para que Yahvéh prefiera la ofrenda de Abel. Caín es condenado a ser errante sin fin. Dios, presupuesta su existencia desde la primera línea de la Biblia, sin ningún intento de probarla, es concebido fuera de ideas abstractas como padre, pastor juez y rey. Yahvéh como pastor de Israel surge de la experiencia viviente de la piedad popular y lo distingue del frio estilo palaciego del antiguo oriente; Yahvéh camina con el pueblo y no habita en palacios. A diferencia de los pueblos vecinos, no tiene cuerpo, ni parientes, ni necesidades humanas. Algunos grandes personajes de la historia de Israel son pastores como Jetró, Abrahán, Lot, Moisés, Saúl, David, pero a Jesús se le designa como hijo de José el artesano (no pastor). Con el retorno del destierro a Babilonia la situación de los pastores cambia por completo. Ya la tierra invadida nunca será propiamente de los judíos y el pastor se consideraba un intruso en busca de pastos y agua para su rebaño. Los fariseos tenían a los pastores por impuros, pues les era difícil observar las normas de pureza por su estilo de vida, se les tenía por mentirosos y tramposos en el trato, no podían ser testigos en juicios ni meno jueces y se recomendaba no comprarles leche, lana ni carne. En el Nuevo Testamento únicamente en Lucas aparecen en acción los pastores reales de carne y hueso y son los que viven al descampado que visitan a Jesús en su pesebre de Belén; en el resto del Nuevo Testamento los pastores son personajes de parábolas y comparaciones, incluyendo el título de Jesús como buen pastor. También los magos estaban prohibidos por el judaísmo. La visita que hacen a Jesús en Mateo refleja más a los pecadores que se asocian en la vida pública a Jesús que a los reyes en los que los convirtió Tertuliano. Este hizo de magos de oriente (probablemente Persia) reyes orientales, para argumentar la sumisión del poder temporal al espiritual. Magos en Mateo y pastores en Lucas ambos son desclasados y marginales.

El pueblo judío, debido a la abundante diáspora, es descrito como un rebaño de ovejas dispersas y Jesús como quien las reúne y busca las perdidas. La parábola del buen pastor muestra el cuidado especial de Jesús por el rebaño en contraste con el interés personal de los fariseos como dirigentes religiosos. Los profetas ya habían usado la imagen de rebaño y pastor para criticar las relaciones inadecuadas de los dirigentes del pueblo judío. En el judaísmo ningún personaje descuella por sí mismo sino en función de la comunidad, del pueblo. Con varias figuras diferentes se ilustra la función “correcta” del pastor de manera que hacer una alegoría de todos puede crear confusión. Ya en la época del evangelio de Juan (finales del siglo I) se usaba la palabra pastor para los dirigentes de la comunidad y lo que se va a enfatizar en el texto es quien es el único modelo de pastor; que los demás deben plegarse al estilo de Jesús, aunque Jesús mismo no haya sido pastor de ovejas. La primera comparación libera a los pastores de su mala fama de ladrones y hace ladrones a quien roban sus ovejas. Quien guarda la puerta de las ovejas, que parece aludir al pastoreo asociado de varias familias, debe reconocer a los verdaderos dueños de las ovejas pues éstas conocen su voz. Ordinariamente eran los pequeños pastores, de unas pocas ovejas, los que se asociaban y hasta tenían nombre para cada una de ellas, como sucede aún hoy en el campo colombiano. En Lucas el dueño de las ovejas es el Hijo del Hombre. El redil es el patio de la casa o un encierro rodeado por un muro de piedra. En las noches los pastores se retiran a sus tiendas para regresar en las mañanas. Como sucede a menudo en las parábolas sobre el reinado de Dios en los sinópticos, los oyentes no logran entender. Bueno, no era fácil con la idea negativa que había de los pastores. Jesús ofrece entonces algunas variaciones sobre el tema central. Es ahora la puerta (no el pastor) que cumple la doble función de permitir el paso al rebaño y no admite sino a los pastores auténticos. Uno de ellos sería Pedro según la triple profesión de amor en la escena de la resurrección en donde tres veces se le manda cuidar y apacentar ovejas y corderos. Los fariseos, por no entrar por la puerta (Jesús) serían ladrones y salteadores. La segunda función de la puerta es permitir que las ovejas entren y salgan a buscar pastos. En contraste con el ladrón que roba, mata y destruye, Jesús da vida y vida abundante. Este es tema recurrente en Juan pues Jesús es agua de vida, pan de vida y puerta de vida.

Si las figuras para Dios como padre y pastor resultaban atrevidas en el judaísmo, Jesús las lleva a un atrevimiento mayor. El reino de los cielos (o sea Jesús mismo) es semejante a un banquete para pobres, cojos, rengos, caminantes; a un pastor que se ocupa y preocupa más de una oveja perdida que de noventa y nueve seguras; a un padre que acoge, sin pedir explicaciones, al hijo que ha malgastado su herencia; al propietario de un campo que ofrece generosamente un abundante sueldo a quien no se lo ha ganado; a un portero de redil que sirve a pastores considerados impuros; a la misma puerta del redil que protege ovejas y pastores; a un hambriento y sediento en el juicio de las naciones.

No es fácil determinar a quienes se pueda referir los pastores salteadores por lo que algunos comentaristas hablan de falsos mesías. No serían los fariseos, pues estaban ya en el redil de Israel, por lo que no tenían que forcejear para entrar, y, siendo de hecho los maestros, no se puede decir que hacían violencia en su función. De hecho, el pueblo judío los seguía, los oía y los tenía por virtuosos. El debate con los fariseos no es propiamente del tiempo de Jesús sino de la iglesia naciente. Falsos mesías sí se registran varios y se han seguido repitiendo en la historia del pueblo judío. Sea como sea, falsos mesías o fariseos, la que el evangelio de Juan enfatiza es que no hay pastoreo cristiano sino a la manera de Jesús. En la repartición de panes se nos dice que Jesús se mueve a compasión con las multitudes porque estaban fatigadas y decaídas, como ovejas sin pastor mostrando que las imágenes de su ministerio no son propiamente prefabricadas y aplicadas sin más a su persona como las que, por razones válidas hará luego la teología. No dice por ejemplo: “Yo soy la segunda persona de la Santísima Trinidad” sino que las toma de las que tenía la gente con su carga afectiva y le dictaba la misericordia. No tiene inconveniente en identificarse con pastor (hoy una imagen bucólica y retocada), puerta, incluso ladrón que llega en la noche, si esto sirve para la gente perciba una nueva manera de manifestarse la divinidad en medio de ellos. Para que las ovejas tengan vida en abundancia, no vacila en ir hasta la muerte, como pide que lo hagan los auténticos pastores.