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Apuntes del Evangelio

  •   Domingo Mayo 11 de 2017
  •   Apuntes del Evangelio
  •    Luis Javier Palacio Palacio, S.J.

En el lavatorio de los pies (substituye en Juan el relato de la cena), Jesús da una lección del principio cristiano del servicio. Algo que era tenido por ocupación de esclavos tanto en la cultura griega como en la judía. De muchas maneras se justificaba la existencia de esclavos, que eran realmente esclavizados, pues no hay ningún ser humano esclavo por naturaleza. Los vencidos en combate, los acreedores insolventes, los parias, los extranjeros eran fácilmente esclavizados por un cierto derecho implícito. El principio absoluto judío era que no se podía ser esclavo sino de Yahvéh y que la salvación más significativa y base de toda reflexión teológica era la liberación de la esclavitud de Egipto. Esto llevó a que el judaísmo tuviera unas normas sobre la esclavitud mucho más humanas que las de los pueblos vecinos y que las que luego acogieron los mismos cristianos quienes siguieron más la legislación cananea que hacía del esclavo un bien mueble heredable con su prole y futura descendencia.


Juan 13:16-20, jueves, mayo 11 de 2017

En el lavatorio de los pies (substituye en Juan el relato de la cena), Jesús da una lección del principio cristiano del servicio. Algo que era tenido por ocupación de esclavos tanto en la cultura griega como en la judía. De muchas maneras se justificaba la existencia de esclavos, que eran realmente esclavizados, pues no hay ningún ser humano esclavo por naturaleza. Los vencidos en combate, los acreedores insolventes, los parias, los extranjeros eran fácilmente esclavizados por un cierto derecho implícito. El principio absoluto judío era que no se podía ser esclavo sino de Yahvéh y que la salvación más significativa y base de toda reflexión teológica era la liberación de la esclavitud de Egipto. Esto llevó a que el judaísmo tuviera unas normas sobre la esclavitud mucho más humanas que las de los pueblos vecinos y que las que luego acogieron los mismos cristianos quienes siguieron más la legislación cananea que hacía del esclavo un bien mueble heredable con su prole y futura descendencia. Tomas de Aquino llega a afirmar que los judíos están condenados a la esclavitud por su pecado (haber matado supuestamente a Cristo) . Agustín de Hipona llega a ver la esclavitud como expresión de un orden divino: “La primera causa de la servidumbre es, pues, el pecado, que somete un hombre a otro con el vínculo de la posición social. Esto es efecto del juicio de Dios, que es incapaz de injusticia y sabe imponer penas según los merecimientos de los delincuentes” (Ciudad de Dios, 19.15). En el judaísmo todo esclavo debía ser liberado con el jubileo de la tierra (49 años) y si era judío con el shabbath de la tierra (7 años). Esclavo de por vida solo era el voluntario a quien se le perforaba la oreja para marcarlo como “esclavo por voluntad propia”. Tanto María en la anunciación como Cristo con su abajamiento (kénosis) se hacen esclavos. Pablo se declara “esclavo de Jesucristo” e invita a los creyentes a hacerse servidores de los demás como la ley de Cristo: «Lleve cada uno las cargas de los otros, y así cumpliréis la ley de Cristo» (Gal 6:2). La afirmación del evangelio de hoy de que el esclavo no es mayor que su señor parece en función de la relación equivalente del enviado (Jesús) y quien envía (el Padre). Algo que en Juan es una afirmación casi a continuación refutada: «El que recibe al que yo envíe, a mí me recibe, y el que a mí me recibe, recibe al que me envió» que como en otro comentario se dijo, es propio de Juan darnos este zarandeo. Equivale a que las cosas son y no son al mismo tiempo, propio de la mística. No vale pues para justificar superioridad del amo sobre el esclavo en las relaciones comerciales, económicas o sociales. A los cristianos no los movió, infortunadamente, el evangelio a suprimir la esclavitud y se limitaron a enfatizar los derechos y obligaciones mutuas entre esclavos y amos. El evangelio entendido no como para cambiar estructuras sino corazones. La expresión de Pablo: «Ya no hay judío ni griego; ya no hay esclavo ni libre; ya no hay varón ni hembra; pues todos sois uno solo en Cristo Jesús» (Gal 3:28), fue tomada en sentido meramente espiritual y complementada con la carta a Filemón y sus relaciones con el esclavo Onésimo. Las formas más dolorosas de esclavitud surgen en los siglos XV y XVI con España y Portugal en sus colonias. Aunque hubo documentos eclesiales de desaprobación en casos particulares, como Juan VIII (873), Pablo III (1537), Gregorio XVI (1838), León XIII (1888) la abolición vino por otras causas. La Revolución Francesa prohíbe la esclavitud en las colonias francesas. En resumen, el esclavista era realmente el esclavizado de sus ambiciones económicas que no se detenía ni ante otro ser humano para convertirlo en mercancía. Algo similar el proxeneta que mercadea con los cuerpos de hombres y mujeres, niños y niñas. La actitud cristiana de ponerse al servicio de los demás, no es trabajo de esclavo sino servicio desinteresado; no surge de esclavización por otros sino del seguimiento de Jesús quien vive como “hombre para los demás”. El lavatorio de pies y los discursos de despedida anejos se interpretan falsamente cuando se entienden como discursos piadosos, que pretenden una edificación interior. Lo que persiguen más bien es mostrar cómo debía estructurarse la comunidad de los seguidores de Jesús. Pablo lo expresa de manera concisa: «Nada hagáis por rivalidad ni por vanagloria, sino más bien con humildad, teniéndoos recíprocamente unos a otros por superiores; no atendiendo cada uno solamente a lo suyo, sino también a lo de los otros» (Fil 2:3-4). Los discursos de despedida de Jesús son construidos recogiendo sus enseñanzas a lo largo de su vida. El modelo de creyente es “el discípulo amado” que no debe confundirse con Juan. Es, por así decirlo, un discípulo ideal que se mueve por un amor tan extraño como el de Jesús que da la vida por los que ama (sus amigos). Si se presenta como maestro y como señor que estaría en la visión de la época sobre todos los demás, precisamente es un maestro y señor que sirve, no que reclama que le sirvan. Siendo el maestro y el señor, ha dado una voltereta al sentido de los términos y se ha hecho esclavo de todos. En la comunidad no puede limitarse esta enseñanza a una simple confesión de labios, sino que ha de sentirse obligada por deuda de amor a un compromiso semejante hasta la muerte. En Juan todo se fundamente en última instancia en el amor en el cual la comunidad debe encontrar su felicidad, su dicha y salvación. Un amor en el cual se compromete la libertad.

Judas, como personaje de reparto, viene a mostrar el interés personal (económico según los evangelios) que interfiere con el amor desinteresado. Ya cuando se recoge el evangelio de Juan existe la tradición que ha querido poner todo el peso de la culpa de la muerte de Jesús en Judas como en un “chivo expiatorio ”. El evangelista Marcos había visto el cumplimiento de las Escrituras en la traición de Jesús por uno de sus amigos. La iglesia primitiva veía como natural que se describiera el destino fatídico de Jesús según los modelos del Antiguo Testamento. Pero en realidad esto no captaba la novedad de la salvación por la pasión. No eran realmente demostraciones lógicas, sino imágenes y fórmulas conocidas para subrayar así la importancia de Jesús, especialmente en el ambiente judío. Si el amor no deja espacio precisamente para que sea rechazado e incluso traicionado no sería más que la transacción de un sentimiento comercial que ama para recibir a cambio. La novedad del amor de Jesús es que no esperaba a cambio sino que se diera a otros: «Si Dios nos amó así, también nosotros estamos obligados a amarnos unos a otros» (1 Jn 4:11).