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El mensaje del domingo

  •   Domingo Mayo 14 de 2017
  •   El mensaje del Domingo
  •    Gabriel Jaime Pérez Montoya, S.J.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No pierdan la calma, crean en Dios y crean también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no fuera así, ¿les habría dicho que voy a prepararles sitio? Cuando vaya y les prepare sitio, volveré y los llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estén también ustedes. Y adonde yo voy, ya saben el camino.» Tomás le dice: «Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?»


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No pierdan la calma, crean en Dios y crean también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no fuera así, ¿les habría dicho que voy a prepararles sitio? Cuando vaya y les prepare sitio, volveré y los llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estén también ustedes. Y adonde yo voy, ya saben el camino.» Tomás le dice: «Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?»

Jesús le responde: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si ustedes me conocen a mí, conocerán también a mi Padre. Ahora ya lo conocen y lo han visto.»

Felipe le dice: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta.» Jesús le replica: «Hace tanto que estoy con ustedes, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: "Muéstranos al Padre"? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo les digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace sus obras. Créanme: yo estoy en el Padre, y el Padre en mí. Si no, crean a las obras. Les aseguro: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores. Porque yo me voy al Padre.» (Juan 14, 1-12)

Hoy la palabra de Dios nos invita en el Evangelio (Juan 14, 1-12) a no perder la calma en las situaciones difíciles y a renovar nuestra esperanza, confiando en Jesús resucitado como el camino que nos conduce a la felicidad eterna, como la verdad que disipa nuestras incertidumbres y como la vida que le da sentido a nuestra existencia. Las otras lecturas [Hechos 6, 1-7; Salmo 33 (32); 1 Pedro 2, 4-9] nos traen también un mensaje de optimismo a la luz de nuestra fe en Jesucristo resucitado.

1. “No pierdan la calma”

Esta frase que Jesús dirige a sus discípulos durante la cena pascual en la que instituye la Eucaristía, forma parte de lo que podría llamarse su testamento y llega hoy hasta nosotros como una invitación a no angustiarnos ni desesperarnos en medio de los problemas que tenemos que afrontar, no sólo en el plano individual o familiar sino también en el social.

En varios pasajes de los Evangelios, cuando los discípulos de Jesús están pasando por momentos difíciles, Él los tranquiliza animándolos a confiar en su poder sobre las fuerzas del mal: “no teman”, “no se acobarden”, “levanten la cabeza”, “no pierdan la calma”, “la paz les dejo, la paz les doy”.

Sintamos y recibamos en lo más hondo de nuestros corazones este mensaje de invitación a la paz interior que nos comunica el Señor resucitado y que también nosotros, como creyentes en Él, estamos llamados a comunicar a todas las personas con las que nos encontremos en nuestra vida.

2. “En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones”

La “casa del Padre” es una sugestiva metáfora que emplea el lenguaje bíblico para hacer referencia al futuro de felicidad eterna que el Señor nos tiene preparado si aceptamos su invitación a vivir de acuerdo con su mandamiento del amor y siguiendo sus enseñanzas.

Esa vida plena y feliz en la eternidad es lo que tradicionalmente llamamos el cielo, que no es un lugar físico sino un estado de existencia en una forma de vida nueva distinta de la presente, no ligada a la condición material ni a las dimensiones del espacio y del tiempo.

A ese estado somos llamados todos sin discriminaciones, y esto es precisamente lo que significa la imagen de las múltiples habitaciones de la “casa del Padre”: es una casa en la que podemos caber todos, sin exclusiones, y a la que podremos llegar si andamos por el camino que nos conduce a ella.

3. “Yo soy el camino la verdad y la vida”

A la pregunta que le hace el apóstol Tomás -«Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?»-, Jesús responde con una de las frases más recordadas con las que Él se describe a sí mismo: «Yo soy el camino, la verdad y la vida.»

La expresión Yo soy empleada por Jesús en el Evangelio de san Juan (Yo soy la luz del mundo, Yo soy el buen pastor, Yo soy la puerta, Yo soy la resurrección y la vida, Yo soy el pan de vida, Yo soy la vid, ustedes los sarmientos -Yo soy el árbol, ustedes las ramas, Yo soy, el que habla contigo -como le dijo a la Samaritana cuando ésta le hablaba del Mesías-, o simplemente Yo soy -como se identificó a sí mismo ante quienes se disponían a apresarlo en el huerto de Getsemaní-) es una referencia directa al nombre con el cual se le había revelado Dios a Moisés: Yahvé, que en hebreo significa Yo soy.

- Jesucristo se nos presenta como el camino. Sus enseñanzas y su ejemplo son el sendero que nos conduce a la felicidad eterna que Él mismo nos tiene preparada. En la medida en que lo sigamos a Él, llegaremos a la “casa del Padre”.

- Jesucristo se nos presenta como la verdad. Él es la revelación plena de un Dios que cumple sus promesas de salvación y a quien precisamente por eso podemos aferrarnos como a una roca firme.

- Jesucristo se nos presenta como la vida. Él tiene palabras de vida eterna, como le dijo Pedro después de haberlo oído decir “Yo soy el pan de vida”, y es Jesús mismo quien nos ha abierto, gracias a su resurrección, a la esperanza de una vida nueva y eterna.

Confiados en Jesús que nos dice, como al apóstol Felipe en el Evangelio, “quien me ha visto a mí ha visto al Padre”, y en quien por ello reconocemos a un Dios que nos ama a todos como hijos suyos, renovemos nuestra esperanza en el futuro de cada uno de nosotros, de la Iglesia y de la humanidad entera.