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Hagamos presente el Reino de Jesucristo

  •   Domingo Noviembre 25 de 2012
  •   Pistas para la Homilía del Domingo
  •    Jorge Humberto Peláez Piedrahita, S.J.

• Lecturas:
- Profeta Daniel 7, 13-14
- Apocalipsis 1, 5-8
- Juan 18, 33-37

• La liturgia de este domingo celebra la fiesta de Jesucristo, Rey del universo. Esta celebración tiene una ubicación muy precisa dentro del calendario litúrgico; no se celebra en este momento del año por simple capricho. Veamos su sentido:

- El año calendario empieza el 1 de enero y termina el 31 de diciembre. A su vez, el año litúrgico empieza con el Adviento o preparación para la Navidad, y termina con la fiesta de hoy, en honor de Cristo Rey.
- Los fieles que participan en la misa de cada domingo van recorriendo las diversas etapas de la vida del Señor: su nacimiento, su ministerio apostólico, su pasión, muerte y resurrección. Así está articulado el año litúrgico. Teniendo como eje los misterios de la vida de Cristo, las lecturas bíblicas nos presentan los textos más significativos de la historia de la salvación.
- Esta celebración de Cristo Rey tiene un profundo significado teológico, pues no solo es el punto de llegada de unos textos bíblicos proclamados en las celebraciones eucarísticas de los domingos, sino que recuerda a la comunidad de fe que Jesucristo, constituido Señor del universo, es la meta de la historia, el punto de llegada de la aventura humana. Por Él, con Él y en Él caminamos hacia la casa del Padre, donde seremos acogidos como hijos y herederos.

• A las generaciones contemporáneas les suena muy distante este lenguaje que utiliza la Iglesia; la expresión Cristo Rey no encaja en la cultura democrática e informal de nuestro tiempo. Conscientes de estas limitaciones del lenguaje, los invito a explorar el significado de esta expresión, teniendo como referencia algunos hechos históricos:

- A través de los libros y de las películas, hemos conocido los grandes imperios que han aparecido en diversos momentos. Estos imperios han sido el fruto de audaces proyectos militares y políticos. Recordemos algunos nombres famosos: el imperio persa, Alejandro Magno, los romanos, los turcos otomanos, la expansión colonial de las potencias europeas en América, África y Asia, el imperio de los zares, la Unión Soviética, Hitler…
- Aunque las condiciones en que aparecieron estos imperios son absolutamente diferentes, en todos ellos encontramos un elemento común: la imposición de un sistema político por la vía de las armas.

• Cuando hablamos del reinado de Cristo estamos ante una realidad absolutamente diferente. En el evangelio que acabamos de escuchar, Jesús responde a la pregunta que le hace el gobernador romano: “Mi reino no es de este mundo”. Por eso, cuando hablamos del reinado universal de Cristo estamos rompiendo todos los paradigmas convencionales asociados con los imperios que conocemos:

- El reinado universal de Cristo es un llamado a la libertad de los seres humanos, y no una imposición. Es una invitación para abrazar un programa de vida, expresado hermosamente en el Sermón de las Bienaventuranzas. En él, Jesús muestra un camino diferente de felicidad, que pasa por la humildad, el desprendimiento, la mansedumbre. Semejante propuesta programática sería impensable para los gestores de estos proyectos políticos y militares que han sido los imperios.
- El reinado universal de Cristo transforma en hijos y herederos a quienes lo acojan; “ya no los llamo siervos, son mis amigos”. Por el contrario, estas aventuras imperiales que han aparecido en la historia han reducido los pueblos a la servidumbre y han negado sus derechos fundamentales.
- El reinado universal de Cristo instaura entre Dios y la humanidad unas relaciones basadas en el amor y la confianza. Cristo asumió nuestra condición humana y dio su vida para que nosotros tuviéramos acceso a una vida diferente, la vida de los hijos de Dios. Por el contrario, los proyectos hegemónicos humanos se imponen por la vía del temor, y los ciudadanos guardan silencio por temor a las represalias.
- El reinado universal de Cristo instaura una justicia misericordiosa, que no tiene las distorsiones e intereses de la justicia humana. La justicia divina no sólo ve los hechos, sino que lee lo más profundo de los corazones, allí donde están las motivaciones secretas que no compartimos con nadie.
- El reinado universal de Cristo traerá la reconciliación entre los pueblos y sanará todas las heridas que nos impiden construir un proyecto de humanidad.

• Este reinado universal de Cristo – que significa respuesta libre a una invitación, relaciones fraternas, confianza, justicia y reconciliación – no es una promesa lejana para el fin de los tiempos. Esa realidad ya está presente en medio de nosotros. El Señor pide nuestra cooperación para transformar las estructuras, allí donde se encuentra cada uno de nosotros: en la familia, en el grupo de vecinos y amigos, en el ámbito laboral, como ciudadanos. Somos colaboradores en la construcción de ese reino.