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Aporte Ecológico a la Homilía del domingo - Cristo Rey

  •   Domingo Noviembre 25 de 2012
  •   Aporte ecológico a la Homilía del Domingo
  •    Alejandro Londoño Posada, S.J.

Comencemos recordando los susticos que nos dan quienes miran con ojos pesimistas o de fanatismo el Apocalipsis y se aprovechan de fechas especiales, para “asustar bobos” como decimos vulgarmente. Incluso para exigirles “impuestos” a sus seguidores.

El fin del mundo dizque iba a suceder el año 1.000, cuando pulularon numerosas sectas. Más cerca a nosotros, el 2.000, cuando muchas personas se dedicaron a golpear las parroquias para que les bautizaran los niños.

Más adelante, de acuerdo con cálculos muy “precisos” sobre el famoso 666 (Ap 13,18), vendría el día 6, del mes 6, del año 2006. Por fortuna, los biblistas nos interpretaron el valor simbólico del 666. Equivalía en letras a Nerón César. O al menos a alguien imperfecto que no llegó a ser 777. El 2006 pasó sin pena ni gloria. Estas personas se habían olvidado cómo el mismo Jesús había dicho a sus discípulos que nadie, ni el Hijo del Hombre, sabía “el día, ni la hora” (Mc 13,32). Ahora el susto se apoya en el calendario maya.

Estas interpretaciones del Apocalipsis, que apellidamos la “mirada pesimista”, son hechas por quienes olvidan cómo este libro estaba destinado a dar ánimos a quienes sufrían las persecuciones de fines del primer siglo cristiano. Ni los grandes terremotos, ni las estrellas que caen del cielo, ni el sol o la luna que asustan (Ap 6,12-13), ni las plagas anunciadas por las trompetas (cap. 8), ni el dragón, ni las dos bestias (c.12 y 13), ni la orgullosa Babilonia (cap. 18), son capaces de vencer al “Cordero que está en pie con señales de haber sido degollado” (Ap 5,6).

En la primera lectura de hoy, tomada de Daniel se nos presentan alguien que venía “sobre las nubes del cielo semejante a un hijo de los hombres” (Daniel 7,13), que se dirige al Anciano de días (el Dios eterno) y después recibe el poder, gloria y reino. La liturgia visualiza aquí a Jesús Rey.

La segunda lectura, tomada del Apocalipsis nos presenta a Jesucristo como “el testigo fiel, el primogénito de los resucitados y el soberano de los reyes de la tierra” (Ap 7,5). Y siguen unas palabras muy consoladoras para nosotros: “El nos ama, y nos libró de nuestros pecados con su sangre, e hizo de nosotros un reino de sacerdotes para Dios, su Padre. A Él la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén” (Ap 1,5-6).

Este libro es un escrito riquísimo. Contiene casi 400 citas del Antiguo Testamento, la mayoría implícitas. Es un libro destinado para la lectura de las asambleas litúrgicas y para animar la fe y confianza de los fieles. Por ambos motivos lo seguimos leyendo hoy, pues Jesús muerto y resucitado - eso significa el haber sido degollado y el estar en pie - salva no sólo a las doce tribus de Israel (Ap 7,4-8), sino a “una multitud enorme que nadie podría contar, de gente de toda nación, raza, pueblo y lenguas… que están de pie ante el trono y el cordero” (Ap 7,9).

De todos los escritos del Nuevo Testamento es el que más nombres y títulos le confiere a Jesús. Se han contado más de 700. Tendríamos que buscar entre estos algunos títulos con más perfil ecológico, como: el origen de las cosas creadas (3,14); aquel “al que pertenece el dominio del mundo y reinará por los siglos de los siglos” (Ap 11,15).

El evangelio puede rematar nuestro comentario de una forma muy consoladora: “Yo he nacido y venido al mundo para esto, para dar testimonio a favor de la verdad. Todo el que está por la verdad, escucha mi voz” (Juan 18,37)

Quienes están hoy por la Economía verde, que defiende la naturaleza y la vida humana, están por la verdad. Quienes están por la Economía pintada de verde, que sólo piensa en el dinero, la explotación del medio ambiente, las ganancias por encime de la vida humana, no están por la verdad. Nos toca elegir