Descargue la Homilía en formato .PDF

↓ Descargar

“Preparen el camino del Señor” (Lc 3, 1-6)

  •   Domingo Diciembre 09 de 2012
  •   Guión para la Radio
  •    José Martínez De Toda, S.J.

Moderador/a: Buenos días. Estamos aquí en el Estudio… (Se presentan los participantes).

El Evangelio del domingo de hoy describe los primeros pasos del Plan de Dios para
salvar la humanidad de la autodestrucción.

¿Cuáles son esos primeros pasos? Escuchémoslos.

Lectura del santo evangelio según San Lucas (Lc 3, 1-6)

NARRADOR/A– En el año quince del reinado del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato

gobernador de Judea, y Herodes virrey de Galilea, y su hermano Felipe virrey de Iturea y Traconítide, y Lisanio virrey de Abilene, bajo el sumo sacerdocio de Anás y Caifás, vino la palabra de Dios sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto.
Y recorrió toda la comarca del Jordán, predicando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados, como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías:

ISAÍAS – "Una voz grita en el desierto: Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos, elévense los valles, desciendan los montes y colinas; que lo torcido se enderece, que lo escabroso se iguale. Y todos verán la salvación de Dios".

Pregunta 1 – ¿Qué hacían los poderosos antes de la llegada de Jesús?

Los habitantes de Roma han preparado un poderoso ejército y se han apoderado de casi todo el mundo conocido por ellos. Su poder llega hasta Palestina, la tierra de los judíos, donde manda Pilato a nombre de Roma. Allí obligan a la población a pagar impuestos para Roma, la explotan, abusan de ella. Y la muerte y la destrucción llenan la tierra. Pero ellos no saben lo que prepara Dios.

Pregunta 2 – ¿Qué hace Dios ante esta situación?

S. Ignacio nos lo cuenta: “Las tres divinas Personas miraban toda la redondez de la tierra llena de hombres, unos en paz y otros en guerra, unos llorando y otros riendo, unos sanos y otros enfermos, y todas las gentes en tanta ceguedad hiriendo y matando. Y esas Divinas Personas deciden en su eternidad que la segunda Persona se haga hombre, para salvar al género humano.” (Ejercicios Espirituales, NN. 102, 106, 108).

Y Dios envía primero a Juan Bautista el Precursor, a preparar los caminos de Jesús, y que comenzó a predicar el arrepentimiento de los pecados.

Así hace Dios con nosotros, que escribe recto con líneas torcidas. Ahora que conocemos todo el desenlace, entendemos todo. Pero en tiempo de Juan el Bautista era difícil adivinar lo que estaba programando Dios.

Como se ve, lo esencial de lo que ocurre en la humanidad no está en manos de los poderosos. Lucas dice escuetamente que la Palabra de Dios vino sobre Juan en el desierto, no en la Roma imperial ni en el recinto sagrado del Templo de Jerusalén.
En ninguna parte se puede escuchar mejor que en el desierto la llamada de Dios a cambiar el mundo. El desierto es el territorio de la verdad. Allí se vive de lo esencial. No hay lujo ni ostentación supérflua ni cosas sin necesidad. Lo decisivo es buscar el camino acertado para orientar la vida. Por eso, algunos profetas añoraban tanto el desierto.

De esta forma Dios providente se ocupa de nosotros.

Lo hizo a través de Moisés con los israelitas, a quienes libera de la esclavitud de Egipto.

Aquí lo hace con Jesús.

Pregunta 3 – ¿Cuál fue la función específica de Juan Bautista?

El oficio de Juan el Bautista fue anunciar la llegada del Mesías; Juan fue quien supo identificar y señalar, entre la multitud, al Cordero de Dios que venía a quitar el pecado del mundo.

Juan enseñó a la gente a reconocer, entre los hilos y las telas de una historia confusa, la presencia del Emmanuel, es decir, del Dios con nosotros, que se hizo historia y sangre, pueblo y cultura, súplica y grito de protesta, en el vientre de María, la Virgen fecunda, la llena de gracia y simpatía.
Juan el Bautista predicó y bautizó en las orillas del río Jordán, junto al desierto, actual zona fronteriza entre Israel y Jordania.

Pregunta 4 – ¿Cuál fue el mensaje de Juan el Bautista?

Juan viene a dar cumplimiento a la profecía de Isaías que invitaba a levantar la voz en medio del desierto: “Preparen el camino del Señor; ábranle un camino recto. Todo valle será rellenado, todo cerro y colina será nivelado, los caminos torcidos serán enderezados, y allanados los caminos disparejos. Todo el mundo verá la salvación que Dios envía”.

Cuando Pablo VI visitó Bogotá, la gente de esa ciudad comentaba que el Papa había sido el mejor Alcalde de la ciudad, pues, gracias a su visita, se hicieron muchas obras, que eran necesarias para la ciudad: arreglo de calles, de plazas, etc.

Pregunta 5 – ¿Hacía algo especial Juan el Bautista?

En este marco del desierto, el Bautista anuncia el símbolo grandioso del Bautismo, punto de partida de conversión, purificación, perdón e inicio de vida nueva. (Pagola).

Juan bautizaba. La gente que venía a escucharlo, confesaba sus pecados y Juan los hundía en las aguas del Jordán. Era un símbolo de limpieza, pues el agua purifica lo sucio.

Pero también era símbolo de renacimiento, de empezar de nuevo, pues el agua da vida.

Pregunta 7 – ¿Qué tenemos que hacer hoy para preparar la venida de Jesús?

Nuestras vidas están sembradas de obstáculos y resistencias que impiden o dificultan la llegada de Dios a nuestros corazones y comunidades, a nuestra Iglesia y a nuestro mundo.

Dios está siempre cerca. Somos nosotros los que hemos de abrir caminos para acogerlo encarnado en Jesús.

Las imágenes de Isaías invitan a compromisos muy básicos y fundamentales: cuidar mejor lo esencial sin distraernos en lo secundario; lo que hemos ido deformando entre todos…; afrontar la verdad real de nuestras vidas para recuperar un talante de conversión. Hemos de cuidar bien los bautizos de nuestros niños, pero lo que necesitamos todos es un «bautismo de conversión. (Pagola).

Más en concreto se recomienda lo siguiente:

- Celebrar el domingo con gozo. Buscar a Dios. Reunidos en torno a su palabra y a su mesa compartimos juntos una historia y un banquete. Nos encontramos más dispuestos a oír la palabra de Dios cuando la vida parece más árida.

- Buscar el bien de todos. No somos prisioneros de nuestro clan. Estamos llamados a abrazar a todos.

- Romper el individualismo. Vivir cada día más abiertos a unas relaciones más justas y fieles.

- Hacer míos los problemas de la comunidad y participar en todo lo que aporte soluciones a ellos.

- Ser ejemplo de vida para los que no practican la fe.

La salvación de Dios no sólo llega a los judíos sino a todos los hombres: “Y verá toda carne la salvación de Dios”.

Vivimos en un mundo polarizado y dividido por la política y los intereses egoístas.
Pero para Dios todos somos iguales. Es como la lluvia, que cae por igual sobre todos.

Despedida

Les invitamos a la Misa, a la Eucaristía, sacramento del amor. Ahí escucharemos a
Juan Bautista, el Precursor, que nos dice “Preparen el camino del Señor”. ¡Qué alegría! Ya viene Jesús, nuestro gran Amigo, el que morirá por nosotros, pero se quedará con nosotros en la Eucaristía hasta el fin de los tiempos.