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“Tú eres mi Hijo, El amado, el predilecto” (Lucas 3, 15-16.21-22)

  •   Domingo Enero 13 de 2013
  •   Guión para la Radio
  •    José Martínez De Toda, S.J.

Moderador/a: Buenos días. Estamos aquí en el Estudio… (Se presentan los participantes).

El Evangelio del domingo de hoy marca el comienzo del ministerio de Jesús de una forma pública y estrepitosa. El Espíritu Santo, de suyo invisible, se hace presente en la forma de una paloma que baja del cielo, y se oye la voz del Padre. Escuchémoslo.

Lectura del santo evangelio según San Lucas (Lucas 3, 15-16.21-22)

NARRADOR/A – En aquel tiempo, el pueblo estaba en expectación y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías; él tomo la palabra y dijo a todos:

JUAN – Yo les bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él les bautizará con Espíritu Santo y fuego.

NARRADOR/A – En un bautismo general, Jesús también se bautizó. Y, mientras oraba, se abrió el cielo, bajó el Espíritu Santo sobre él en forma de paloma, y vino una voz del cielo:

DIOS PADRE – Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto.

Pregunta 1 – Lo que hoy cuenta el evangelio es como el lanzamiento público de Jesús como Mesías. ¿Dónde ocurrió eso?

Jesús había vivido con sus padres en Nazaret casi 30 años.

Entonces se comenzó a hablar de Juan el Bautista. Decían que se parecía a los antiguos profetas de hacía 400 años, pues llamaba a respetar los derechos de los pobres. Y todo ello en preparación a la llegada del Mesías. La gente se iba a escucharlo.

Y un día se fue Jesús también al río Jordán con otros. Y cuando se pusieron en fila para ser bautizados por Juan, Él también se puso en fila.

Para ello, el que bautizaba desataba las correas del calzado al que se iba a bautizar, y le ayudaba a desvestirse.

Después se sumergía en el agua y se levantaba. Los judíos del desierto se bautizaban con ocasión de ciertas fiestas, para demostrar su deseo de alcanzar una vida más limpia, cuando viniera el Salvador.

El diablo le había propuesto otro tipo de lanzamiento: desde el pináculo del Templo.

Jesús prefiere la oración, el Espíritu Santo, la humildad de bautizarse. ¿Cuál de los dos hubiera elegido usted?

Pregunta 2 – Pero Juan habla de dos bautismos. ¿Cuáles son ellos?

Él distingue dos clases de bautismo: el de él y el del Mesías, que está a punto de llegar.

Pregunta 3 – ¿En qué se distinguen ambos Bautismos?

El Bautismo de Juan es un simple bautizo

con agua. Con agua se lavan las manchas de la ropa. Es algo meramente simbólico.

Se trata de expresar públicamente el deseo de estar limpios para la llegada del Mesías.

Pero lo lavado difícilmente se parece a lo nuevo, y hay manchas que no se van de la ropa.

Estos deseos y promesas son falibles, como todo compromiso humano, y no bastan para extirpar del corazón la raíz misma del mal.

Pregunta 4 – ¿Y cómo es el Bautismo de Jesús?

El Bautismo de Jesús, en cambio, es algo real y transformador. Es nacer de nuevo para convertirnos en hijos adoptivos de Dios, para participar en la misión de su Hijo.

Y para ello el bautismo del Mesías será con agua, Espíritu Santo y fuego.

El Espíritu Santo garantiza que transformará interiormente a las personas, y las hará hijos de Dios.

Y se parecerá al fuego, que purifica el metal oxidado, y de ese crisol sale el metal brillante, como si fuera nuevo. Es un fuego purificador, no destructor.

Juan reconoce que su Bautismo es inferior al de Jesús. Inclusive Juan no se siente digno de desatar sus sandalias. Con esas palabras Juan reconoce que no es digno de bautizar a Jesús.

Pregunta 5 – ¿Por qué se bautizó Jesús?

Jesús no necesitaba conversión ni recibir el bautismo de Juan. Pero siendo el Salvador, quiere empezar

acompañando a sus hermanos pecadores, que buscan el camino del perdón.

Además, al recibir el bautismo de Juan, Jesús se solidariza con Juan, que busca la justicia y trabaja para que todos reformen su propia vida.

Pregunta 6 – ¿Qué es lo más importante del evangelio de hoy?

Lo más importante se halla en estas frases:

Y mientras oraba, se abrió el cielo, bajó el Espíritu Santo sobre él como si fuera una paloma, y vino una voz del cielo: “Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto”.

Así que son varios los pasos:

Primero: Jesús ora. La oración de Jesús precede a los acontecimientos más importantes de su vida. El ministerio de Jesús y el de la iglesia toman su fuerza de la oración.

Segundo: El cielo se abre, no al ser bautizado Jesús, sino durante la oración que siguió a su bautizo. Y baja el Espíritu Santo como en forma de paloma.

Tercero: “Y se oyó una voz del cielo que decía: “Tú eres mi Hijo amado, el predilecto” (v. 22c). Es la voz de Dios, del Padre Celestial, presente también en este bautismo de Jesús.

Pregunta 7 – ¿Cuál es el papel del Espíritu Santo en el Bautismo de Jesús?

El Espíritu Santo aparece en el evangelio de Lucas desde su mismo principio.

- En la Anunciación

- En la Visitación de la Virgen a su prima Isabel.

- En la Presentación de Jesús en el Templo

El Espíritu es como la paloma del Arca de Noé, que fue un símbolo de paz – una señal de la presencia de Dios – una promesa de salvación.

- Ahora, después del Bautismo, el Espíritu Santo desciende sobre Jesús, para que comience su ministerio.

Pregunta 8 – ¿Por qué el Padre lo llama ‘el predilecto’?

A los reyes de Israel se les había llamado “Hijo de Dios”.

Pero, especialmente se usaba esta frase ‘Hijo de Dios’, cuando se quería designar al Mesías.

Por eso el Mesías es el ‘Predilecto Hijo de Dios’.

Efectivamente, Jesús era Hijo de Dios más que nadie, Hijo Único del Padre, Dios nacido de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero. Y ahora el Padre con la voz y el Espíritu en forma de paloma lo invitan a empezar su ministerio de salvación.

Precisamente algunos días después de este bautismo, María, su Madre, en las bodas de Caná, terminó de decidirlo a actuar en público como Mesías.
Jesús es el líder, la luz del mundo.

Despedida

Les invitamos a la Misa, a la Eucaristía, sacramento del amor. Allí asistimos con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo al inicio del ministerio de Jesús, de su vida pública, dedicada a enseñar en la práctica cómo amar a los demás, y que culminará en su Muerte y Resurrección, representados en la Eucaristía. Allí nos sentimos fortalecidos para nuestra propia misión cristiana, con Jesús y a la manera de Jesús.