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La comunidad se construye alrededor de la Palabra de Dios

  •   Domingo Enero 27 de 2013
  •   Pistas para la Homilía del Domingo
  •    Jorge Humberto Peláez Piedrahita, S.J.

• Lecturas:
- Libro de Nehemías 8, 2-4ª. 5-6. 8-10
- I Carta de san Pablo a los Corintios 12, 12-30
- Lucas 1, 1-4; 4, 14-21

• La liturgia de este domingo nos invita a reflexionar sobre la importancia central que tiene la Palabra de Dios en la vida de la comunidad. Sobre este tema encontramos dos escenarios que nos invitan a profundizar en el tema. El primero de ellos, tal como nos lo describe el Libro de Nehemías – primera lectura -, es el grupo que regresa a Jerusalén, después de cincuenta años de exilio y que, con profunda emoción, se reúne para escuchar los textos sagrados; el segundo escenario nos traslada a la sinagoga de Nazaret, donde Jesús explica el sentido de la Escritura a los vecinos que lo habían visto crecer. Estos dos escenarios son muy ilustrativos para profundizar en la importancia que corresponde a la proclamación de la Palabra de Dios dentro de la comunidad de fe. Por razones de tiempo, nuestra meditación dominical se focalizará en la primera lectura.

• Vayamos, pues, al Libro de Nehemías. Los invito a que hagamos un viaje a través del tiempo:

- El pueblo de Israel había tenido la cruel experiencia del exilio; durante largos años había vivido lejos de su tierra, sometido al yugo de una potencia extranjera. Había sido una brutal pesadilla de ruptura y desarraigo.

- Finalmente, en el 538 AC, el rey Ciro promulgó un edicto que autorizaba a los judíos para regresar a Jerusalén y reconstruir su Templo. El retorno a casa empezó inmediatamente, pero los trabajos de reconstrucción del Templo encontraron muchos obstáculos por parte de los samaritanos, que eran una disidencia de la religión judía.

- En esta etapa del regreso del exilio, hubo dos grandes protagonistas: en el campo de lo político, el personaje central fue Nehemías; y en lo religioso, el líder fue Esdras. El texto que hemos escuchado en la primera lectura nos describe un momento particularmente intenso en la vida de la comunidad, que había regresado a su tierra después de un amargo destierro.

• Tratemos de imaginarnos la escena. Las personas mayores se sienten profundamente emocionadas porque, finalmente, regresan al hogar que habían tenido que abandonar como consecuencia de la guerra; los jóvenes descubren la tierra de la cual habían oído hablar con nostalgia en las tertulias familiares. Las emociones son intensas. Después de leer y explicar las Escrituras sagradas, los dirigentes dicen a la comunidad: “No estén ustedes tristes ni lloren (porque todos lloraban al escuchar las palabras de la ley). Vayan a comer espléndidamente, tomen bebidas dulces y manden algo a los que nada tienen, pues hoy es un día consagrado al Señor, nuestro Dios. No estéis tristes porque celebrar al Señor es nuestra fuerza”.

• Esta escena que nos presenta el Libro de Nehemías es formidable e inspiradora, pues es la comunidad reunida para escuchar la Palabra de Dios y así comprender el sentido de los dolorosos acontecimientos que habían vivido y definir una agenda de cara al futuro. En esta asamblea reafirman su identidad como comunidad de fe; hacen memoria de los capítulos de su historia en los que han experimentado, de manera particularmente cercana, la presencia salvadora de Dios; toman conciencia de la singularidad de la Alianza que Dios ha establecido con su pueblo, que se expresa como “Yo seré tu Dios y tú serás mi pueblo”; manifiestan su determinación de recomponer el tejido social y sus instituciones religiosas y civiles que habían colapsado durante el exilio.

• ¿Qué nos dice a nosotros este texto del Libro de Nehemías? Nos invita a alimentar nuestra espiritualidad con la lectura meditada de la Palabra de Dios; exige a los sacerdotes que preparen cuidadosamente sus homilías y catequesis, de manera que el pueblo de Dios pueda conectar su vida diaria con las explicaciones de la Iglesia. A imitación de esa comunidad de fe que regresa a la Tierra Prometida, dejemos que la Palabra de Dios resuene en nuestro interior y no pongamos obstáculos a la acción del Espíritu que nos habla a través de la Sagrada Escritura.