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“Ningún profeta es bien visto en su tierra” (Lc 4, 21-30)

  •   Domingo Febrero 03 de 2013
  •   Guión para la Radio
  •    José Martínez De Toda, S.J.

Moderador/a: Buenos días. Estamos aquí en el Estudio… (Se presentan los participantes).

El Evangelio del domingo de hoy nos presenta el lado difícil de la misión de Jesús, el lado difícil, también, de la misión del cristiano. Sólo en Su Espíritu es posible llevarla a cabo.

Lectura del santo evangelio según San Lucas (Lc 4, 21-30)

NARRADOR/A – En aquel tiempo, comenzó Jesús a decir en la sinagoga:

JESÚS – "Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír”.

NARRADOR/A – Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios. Y decían:

SEGUIDORES – "¿No es éste el hijo de José"?

NARRADOR/A – Y Jesús les dijo:

JESÚS – "Sin duda me recitaréis aquel refrán: "Médico, cúrate a ti mismo"; haz también aquí en tu tierra lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaún".

NARRADOR/A – Y añadió:

JESÚS – "Les aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra. Les garantizo que en Israel había muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías; más que a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado, más que Naamán, el sirio".

NARRADOR/A – Al oír todo esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo. Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba.

Pregunta 1 – En el evangelio de hoy aparece el primer fracaso de Jesús. ¿Cómo ocurrió?

Jesús comienza su vida pública, recorriendo la Galilea, y allí su fama se extendió por toda la región (Lc 4,14). Y un día apareció en Nazaret, su pueblo donde se crió y creció.

El sábado fue a la sinagoga. Le invitan a leer la Biblia y predicar. Lee unas frases del profeta Isaías (61,1-2), que habla a favor de los pobres, los cautivos y los oprimidos… Y Jesús dice que ésa es su Misión: ayudarles a conseguir su liberación.

Al principio todos lo escuchan con agrado y satisfacción.

Pero la situación da un vuelco repentino y comienza a aparecer la agresividad de la gente contra.

Pregunta 2 – ¿Cuál fue la chispa que motivó el cambio?

Quizá en ese momento algunos le dijeron a Jesús:

- Haz aquí los milagros que hiciste en Cafarnaúm.

Pregunta 3 – ¿Por qué piden milagros?

- Primero: se sentían celosos y envidiosos de Cafarnaún, donde había hecho tantos milagros. Ellos pensaban que Jesús debía hacer más milagros aún en su pueblo natal que en Cafarnaún. Debía preferir a los de su pueblo.

- Segundo: Cafarnaún era una ciudad grande, de mucha pesca y comercio, y en ella había muchos gentiles. Éste era su defecto. Jesús debía preferir a Nazaret, donde todos eran judíos, del pueblo elegido por Dios.

- Tercero: a los judíos de Nazaret no les gusta la interpretación que hace Jesús del texto de Isaías. Los judíos piensan que el texto de Isaías (61:1) se refiere sólo a Israel, como pueblo oprimido por los romanos. Él debe trabajar para liberar al Israel cautivo. En otras palabras, el Mesías debe salvar a Israel, ponerlo al frente de las naciones, y debe vengarse así de todos sus enemigos.

Pregunta 4 – ¿Cómo manifiestan su descontento?

Haciendo comentarios mal intencionados, de un escepticismo absoluto:

- "¿No es éste el Hijo de José?" (Lc 4,22).
- "¿De dónde le viene a éste esta sabiduría y estos milagros?" (Mt 13,54).

Como diciendo: “¿Quién se cree Jesús que es?”

Pregunta 5 – ¿Qué responde Jesús a todos esos chismes?
Seguramente Él trató de explicarse:

Primero: Jesús no tiene una misión restringida sólo para el pueblo judío. Es universal (eso significa católico). El verdadero Dios está a disposición de todos, especialmente de los pobres, de los más necesitados y de los humildes, que tengan fe.

Y cita dos casos muy conocidos en el Antiguo Testamento, en los que aparece una preferencia de Dios por los no judíos:

- El primer caso es el de Elías. En medio de una amenazante sequía, Dios mandó a Elías que le pidiera pan y agua a una viuda pobre y gentil de Sarepta, cerca de la ciudad de Sidón, es decir, en territorio extranjero. Ella protestó que solo tenía una barra de pan para ella y su hijo, y que después morirían. Elías le pidió que obedeciera con fe, y le prometió: “La tinaja de harina no escaseará, y la botija del aceite no disminuirá, hasta cuando Dios traiga lluvia sobre la haz de la tierra” (1 Reyes 17:1-24). Ella respondió con fe como le pidió, y fue fielmente recompensada. Su hijo murió, pero Elías lo resucitó.

- El segundo caso es del profeta Eliseo, que no curó a ningún leproso israelita, habiendo tantos en Israel, sino a Naamán, también un extranjero y gentil (2 Reyes 5, 1-19), y además comandante del ejército sirio. La mención de Naamán debió ser particularmente amarga para los judíos, pues les recordaría la presencia de soldados romanos que en ese momento ocupaban Israel.

- Además, Jesús les dice que Él no ha venido a salvar a los santos, sino a los pecadores.

- Por fin, los milagros no son para entretener a la gente. Lo mismo le pedirá Herodes el Viernes Santo, amenazado de muerte. Pero Jesús no le complació. Además los milagros suponen mucha fe. Su base es la fe.

“Entonces todos en la sinagoga se llenaron de ira, oyendo tales cosas” (v. 28).
Y Jesús concluye:

- “Les aseguro que ningún profeta es bien recibido en su propia tierra”.

Pregunta 6 – ¿Por qué un profeta no es aceptado en su tierra?
En la Biblia, profeta no es simplemente el que predice el futuro.

El profeta esencialmente es el vocero de Dios. El profeta no puede hablar exclusivamente según le digan sus amigos y paisanos.

El profeta dice las verdades, aunque sean amargas, y esto es lo que les mete en problemas. Se hacen impopulares y contraculturales.

Y así ocurrió en la larga historia de Israel, que rechazó a tantos profetas.

Pregunta 7 – ¿Logró Jesús convencerlos?

Nada. Más bien, quieren apedrearlo. Pero estaba prohibido hacerlo dentro de la ciudad (Lev. 24:14; véase también Hechos 7:58; 14:19).

Por eso, lo llevan fuera de ella, e intentan despeñarlo o empujarlo por un barranco a un nivel más bajo, para que la multitud pueda tirarle piedras desde arriba.

Pero Jesús fría y majestuosamente se abrió paso entre ellos y se alejaba…

Esta historia es un adelanto de cómo será el ministerio de Jesús y el de la iglesia primitiva.

Jesús acabará en la cruz, pero resucitará; y muchos de la iglesia primitiva acabarán siendo devorados por los leones del Coliseo de Roma, pero Dios los acoge en el cielo.

Despedida Les invitamos a la Misa, a la Eucaristía, sacramento del amor. En ella encontramos luz y fortaleza para nuestra propia misión; esa misión en la que el Padre nos ha asociado con la de Jesús.