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Aporte Ecológico a la Homilía del domingo

  •   Domingo Febrero 03 de 2013
  •   Aporte ecológico a la Homilía del Domingo
  •    Alejandro Londoño Posada, S.J.

El domingo pasado vimos a Jesús proclamando lo que llamábamos su Visión y Misión. Hoy se nos presenta mostrándonos cómo el realizar ciertos programas no siempre es fácil. Muchas personas han luchado, siguiendo el espíritu de Jesús para poner el Medio Ambiente al servicio del hombre y no al revés, según su máxima de que no es el hombre para el sábado. No es el hombre para los negocios que perjudican los ecosistemas, sino éstos al servicio del hombre, de las comunidades humanas.

En el Evangelio de hoy, Jesús nos confiesa esa dificultad: “Ningún profeta es bien recibido en su tierra” (Lucas 4,24). Y arguye con dos ejemplos, de los profetas Elías y Eliseo. Era una “indirecta” como decimos hoy, a la no recepción de su mensaje por parte de quienes se fijaban en su origen campesino.

Muchas veces hemos constatado cómo en reuniones, por ejemplo, sobre los Cerros Orientales de Bogotá, la opinión de los campesinos es bien sabia. Han propuesto defenderlos y rodearlos con huertas caseras. En ellas se recibe las aguas de las montañas, se cultivan productos sanos, libres de insecticidas y abonos en lo posible, se da trabajo a familias enteras y, a su vez, sirven de escudo a los cerros para que no los sigan destruyendo los urbanizadores ricos, ni los urbanizadores piratas que también abundan por esos lados. La pregunta es: ¿Se les ha hecho caso a las propuestas tan acertadas de los campesinos?

El mismo ejemplo podríamos aducirlo de profetas de la selva amazónica como Chico Méndez y otros. El mismo monseñor Casaldáliga ha debido salir perseguido y amenazado de su diócesis. La misma suerte han corrido sacerdotes colombianos que se oponen a la destrucción de la naturaleza por la extracción de oro, que contamina las aguas y sólo nos dejan desiertos.

El profetas Jeremías, autor de la primera lectura, sentía que el Señor lo había colocado para arrancar y derribar, para destruir y demoler, pero también para edificar y plantar (Jeremías 1, 10). No será esa nuestra misión de los cristianos hoy con relación a la Ecología.

Qué bonito encontrar realizaciones como el Parque de las Frutas, situado abajito de la Manuela, donde se debía la via Manizales-Pereira hacia Medellín. Allí han sabido cultivar nuestras frutas nativas, como el arazá o guayaba-yogur y otras del Amazonas o Chocó, en las laderas del Chinchiná.
Allí mismo han sabido aprovechar la inmensa variedad de guaduas para elaborar flautas, guitarras, palos de agua, sillas y otras artesanía, aprovechando los carismas de las personas, como nos lo propone hoy la I Corintios en el capítulo 12.