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Aporte Ecológico a la Homilía del domingo

  •   Domingo Febrero 10 de 2013
  •   Aporte ecológico a la Homilía del Domingo
  •    Alejandro Londoño Posada, S.J.

El evangelio de este domingo nos habla de la pesca, un oficio que puede amenazarnos a todos nosotros, según la noticia que comentaremos más adelante, debido al tipo de pescados que la sociedad capitalista está a punto de ofrecer a nuestros pobres estómagos y bolsillos.

Se trata de la escena de cuando Jesús estaba a la orilla del mar de Genesaret y de repente se juntó un gentío deseoso de escuchar su palabra. Entonces él vió a la orilla dos barcas de pescadores que habían estado pescando y que en ese momento se encontraban lavando las redes.

Nos cuenta Lucas que Jesús subió a una de esas barca, la de Pedro y le pidió que se alejara un poco de tierra y desde allí comenzó a hablarles. Al terminar, le dijo a Pedro que remara mar adentro y que echaran la red para pescar. Ni pronto ni perezoso, Pedro le respondió que toda la noche habían estado intentando pescar y que habían fracasado. Sin embargo añadió una palabra llena de encanto y de fe: “Pero sólo porque tú lo dices echaré las redes”.

Ya sabemos el excelente resultado de la operación pesquera y la reacción de Pedro cuando vio que incluso los de la otra barca venían a ayudarles. También conocemos su confesión: “Apártate de mí, Señor, que soy un hombre pecador”.

Santiago y Juan, se nos cuenta, también participaron del sustico y de la admiración. A los tres los llamó Jesús y estos, dando un ejemplo a los jóvenes de hoy, al punto dejaron todo y lo siguieron.

En el momento presente tenemos dos amenazas. Una para los pescadores de las Islas de san Andrés y Providencia. Pidámosle al Señor, que el resolución de La Haya no los vaya a perjudicar o que al menos el gobierno les preste ayuda.

La otra, de que hablamos al inicio, no es de no pescar, sino de pescar demasiado. En Estados Unidos están a punto de ofrecer al mundo el primer animal comestible, genéticamente modificado. Se trata de un salmón mutante, que podría acabar con poblaciones enteras de salmones naturales y poner en riesgo nuestra salud.

Es pez crece dos veces más rápido que un salón normal, pero ni siquiera los científicos saben qué efectos a largo plazo tendría sobre nuestra salud. Por eso una coalición de pescadores, ambientalistas y consumidores le están pidiendo al gobierno de USA que cancele este espinoso experimento.

La compañía que desarrolló este pez “Frankestein”, le alteró el ADN para crear un salmón que pudiera crecer a velocidades vertiginosas durante todo el año. Se teme que pueda causar un desastre, diezmando el resto de las poblaciones salvajes, además del peligro para nuestra salud.

Le tenemos que pedir a Jesús que dé valor no sólo a los que pescan poco Pedro, pero arrojan las redes con fe, sino a los que desean multiplicar uno de los escandalosos milagros de la sociedad capitalista, pescando enormes ganancias económicas, como lo hacen, pero no son capaces de reconocer su pecado de atentar contra la humanidad.

Sigamos también pidiendo por la conversión de los que se empeñan en “pescar” oro en los páramos, contaminando las aguas y amenazando ecosistemas tan bellos y necesarios para la supervivencia de la raza humana.