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Aporte Ecológico a la Homilía del domingo

  •   Domingo Febrero 17 de 2013
  •   Aporte ecológico a la Homilía del Domingo
  •    Alejandro Londoño Posada, S.J.

El evangelio de hoy nos presenta, en una síntesis, las tentaciones de la vida de Jesús: unas de tipo material como pensar que sólo vivimos de pan; otras sobre el dejarnos llevar en nuestras acciones de la vanagloria y de la soberbia; otras sobre el abuso del poder.

Las personas que vieron la serie televisiva sobre la vida de Pablo Escobar, El Patrón del Mal, pudieron profundizar hasta dónde llevan estas tentaciones, de la riqueza, la soberbia y el abuso del poder. Tentaciones que pueden ser las mismas que nos asedien a nosotros en todo sentido, incluso en relación con el empleo que hagamos de la naturaleza y el medio ambiente.

En la última semana de febrero, los periódicos nos mostraron hasta dónde pueden conducir al ser humano estas tentaciones de la comodidad, la codicia y el afán de sobresalir sin tener en cuenta en lo más mínimo las necesidades de las comunidades campesinas.

En un municipio cercano a Bogotá, una familia rica construyó una carretera clandestina que arrasó con tres reservas forestales. Lo hizo sin contar con los vecinos, ni con la licencia ambiental, necesaria por tratarse de un páramo. El hecho es que dañaron una amplia zona de resera forestal, acabando con especies tales como el laurel, encenillos, arayanes y manos de oso.

Pero más grave aún, los escombros arrojados al lecho de la quebrada la Hondura, perjudicaron a 5 acueductos veredales. Todo, lo confesaron después a los periodistas, para poder viajar en carro más rápido y cómodamente… sin importarles el prójimo, que en este caso fueron no sólo los campesinos, sino todos aquellos a quienes perjudican los daños a los cerros orientales de esta ciudad.

El Deuteronomio hace una relectura de la opresión que vivió el pueblo en Egipto y cómo Yahvé los liberó, para invitar a los judíos a ser generosos, a pagar el diezmo de las cosechas al Señor. Ese pasaje tiene valor para nosotros hoy también. Debemos ser generosos con la Iglesia. Pero queda esta duda. Supongamos que una persona da su “cosecha” hoy a personas hambrientas y necesitadas: ¿ese diezmo dado a los pobres no es dado a la Iglesia? ¿Ellos no son la parte de la Iglesia preferida por Jesús?