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La fe como experiencia de Dios

  •   Domingo Febrero 17 de 2013
  •   Pistas para la Homilía del Domingo
  •    Jorge Humberto Peláez Piedrahita, S.J.

• Lecturas:
o Deuteronomio 26, 4-10
o Carta de san Pablo a los Romanos 10, 8-13
o Lucas 4, 1-13

• El Miércoles de Ceniza empezó la Cuaresma, que es el tiempo litúrgico en el cual la comunidad cristiana se prepara para la celebración de la Pascua del Señor. Los textos bíblicos que escucharemos en los próximos domingos crearán el clima de recogimiento y llamado a la conversión.

• Nuestra meditación dominical comenzará por explorar la impactante motivación que Moisés hace a la comunidad sobre la manera de vivir y expresar la fe.

• La elaboración teológica que va desarrollando el pueblo de Israel a lo largo de los siglos no partió de unos presupuestos teóricos. El pueblo elegido descubre a Dios, que se fue manifestando a través de los acontecimientos de la comunidad; los libros del Antiguo Testamento nos comunican cómo fue madurando esa fe a través de la agitada historia de Israel.

• La primera lectura que acabamos de escuchar nos presenta a ese formidable líder que fue Moisés, quien se dirige a la comunidad para recordarle su historia, la cual parte del patriarca Abrahán: “Mi padre fue un arameo errante que bajó a Egipto y se estableció allí con muy pocas personas; pero luego creció hasta convertirse en una gran nación, potente y numerosa”. Esta historia, que se empieza a escribir con los patriarcas, tendrá capítulos gloriosos, guerras, infidelidades, etc. Dios va manifestando su plan de salvación a través de todos esos acontecimientos leídos desde la fe.

• En las instrucciones que Moisés da a la comunidad, claramente se identifican tres elementos: hagan memoria de su historia y tráiganla al día de hoy; presenten las ofrendas; adoren al Señor; una expresiva articulación de oración, celebración litúrgica y confesión de fe.

• ¿Qué nos dice a nosotros este texto, cuando lo leemos muchos siglos después de haber sido redactado?

- Nos muestra que el camino de la fe debe estar marcado por una profunda experiencia espiritual. Las instrucciones que Moisés da a la comunidad nos sugieren que la acción evangelizadora de la Iglesia no puede llevarse a cabo mediante discursos abstractos, desconectados de la vida diaria de los fieles.

- Los agentes de pastoral debemos ser creativos, de manera que en las celebraciones comunitarias y en las reuniones grupales favorezcamos un clima de activa participación; que la música y demás símbolos utilizados hagan parte de la cultura de los que participan. El lenguaje litúrgico debe estar cuidadosamente sincronizado con el perfil cultural de esa comunidad particular. Se debe crear una atmósfera favorable que permita leer, desde la fe, sus historias personales para hallar a Dios en todas las cosas.

- Un escenario privilegiado para descubrir la acción de Dios son las experiencias de trabajo con indigentes, ancianos, campesinos. Allí escucharemos la voz de Dios que se manifiesta en el clamor de los hermanos.

• Tenemos que reconocer que la cultura contemporánea obstaculiza estas experiencias que permiten descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos, y así empezar a recorrer el camino de una fe madura, que va más allá de unas prácticas sociales heredadas de los mayores. La cultura contemporánea es superficial; nos dejamos llevar por lo que es “chévere” y fácil. En medio de la agitada vida diaria escuchamos muchas voces que nos invitan a emprender caminos de felicidad aparentes, que terminan en insatisfacción y soledad. Este engañoso canto de sirenas, que los creyentes identificamos con el nombre de tentación, es el tema del relato evangélico de hoy.

• El texto de san Lucas nos narra las tentaciones que Jesús experimentó en el desierto, al comienzo de su vida apostólica. Las fuerzas del mal pretendieron “torcer” a Jesús, de manera que modificara su proyecto de vida en total obediencia a la voluntad del Padre.

• En tres ocasiones, el demonio acosa a Jesús: “Si eres el Hijo de Dios, dile a esta piedra que se convierta en pan”; “todo esto será tuyo, si te arrodillas y me adoras”; “si eres el Hijo de Dios, arrójate desde aquí”. Si Jesús fue tentado, ¿qué podremos decir nosotros? No pensemos ingenuamente que estamos cubiertos de todo riesgo, pues la fragilidad hace parte de nuestra condición humana; no existe el matrimonio que tenga garantizada la estabilidad hasta que la muerte los separe; no existe la vocación sacerdotal que garantice que siempre permanecerá fiel a sus promesas; no existe la honestidad inmune a los sobornos, amenazas o chantajes.

• Es hora de terminar nuestra meditación dominical. Pidámosle al Señor la gracia de avanzar en nuestra experiencia de fe, de manera que la vida diaria sea el lugar donde descubramos la presencia amorosa de Dios; y pidamos la fuerza para superar los obstáculos y tentaciones que nos apartan del camino del Señor.