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La vida cristiana como una fiesta

  •   Domingo Marzo 10 de 2013
  •   Pistas para la Homilía del Domingo
  •    Jorge Humberto Peláez Piedrahita, S.J.

• Lecturas:
- Libro de Josué 5, 9. 10-12
- II Carta de san Pablo a los Corintios 5, 17-21
- Lucas 15, 1-3. 11-32

• La liturgia de este IV domingo de Cuaresma tiene sabor de fiesta. En los tres textos bíblicos que hemos escuchado se reconoce la acción liberadora de Dios, y esto permite mirar hacia el futuro con optimismo y espíritu positivo. Meditemos con atención estos textos, de manera que nuestra experiencia de fe sea vivida como una fiesta.

• Empecemos por la primera lectura. El pueblo de Israel ha finalizado la travesía por el desierto y ha llegado, por fin, a la tierra prometida, conducida por el liderazgo de Josué. En este azaroso viaje por el desierto, han vivido mil situaciones diferentes. Cansados, han levantado sus tiendas y se disponen a celebrar la cena pascual. Dice el texto: “Hoy he quitado de encima de ustedes el oprobio de Egipto”. Queda atrás la pesadilla de la esclavitud, y se abre un nuevo capítulo de su historia. El reto es configurarse como nación, darse las estructuras sociales que les permitan vivir su identidad como pueblo de la alianza. Así, pues, la cena pascual que celebran en Guilgal pone punto final a ese penoso viaje de la esclavitud a la libertad. Vayamos a la segunda lectura.

• El apóstol Pablo expresa con elocuencia la transformación radical que vivimos los seguidores del Señor resucitado:

- Dice san Pablo: “El que vive según Cristo es una creatura nueva; para él todo lo viejo ha pasado. Ya todo es nuevo”. Pablo nos está diciendo que la irrupción de Cristo en la historia de la humanidad y en la vida de cada uno de nosotros marca un antes y un después.

- La muerte y resurrección de Jesucristo nos reconcilió con el Padre y nos dio la condición de hijos. Ese orden nuevo inaugurado por el Señor se puede resumir en una sola palabra: reconciliación. Dice san Pablo: “Dios reconcilió al mundo consigo y renunció a tomar en cuenta los pecados de los hombres, y a nosotros nos confió el mensaje de la reconciliación. En nombre de Cristo les pedimos que se reconcilien con Dios”.

- Somos, pues, invitados a reconstruir el tejido de nuestra relación con Dios; y para poder reconciliarnos con Dios, debemos reconciliarnos con nuestros hermanos. En este horizonte que nos señala san Pablo, se nos invita a superar nuestros resentimientos para avanzar hacia un futuro diferente. Este llamado a la reconciliación tiene la mayor importancia para nuestro país, desgarrado por décadas de enfrentamientos.

- Vayamos, ahora, al hermoso relato que nos ofrece el evangelista Lucas, la parábola del hijo pródigo. En esta conmovedora escena del reencuentro entre el padre y el hijo aventurero se nos comunica el mensaje de Dios amor que espera que regresemos a la casa paterna. El personaje de la parábola no recrimina a su hijo ni toma represalias contra él; por el contrario, organiza una fiesta para darle la bienvenida.

• Cuando miramos el conjunto de las tres lecturas, ¿qué pistas nos ofrecen para nuestra vida diaria?

- En primer lugar, las tres lecturas de este domingo de Cuaresma nos invitan a vivir nuestra relación con Dios con alegría; no podemos vivir el Cristianismo atrapados en una telaraña de neurosis, de pesimismo, de temores. La fe en Dios es fuerza liberadora e ilumina el sentido de nuestras vidas.

- En segundo lugar, el encuentro gozoso con Dios lo celebramos en la eucaristía, en la que nos reunimos como comunidad de fe para orar juntos, escuchar la Palabra y compartir el Pan.

- En tercer lugar, el verdadero rostro de Dios es el de un Padre amoroso que comparte su vida divina con nosotros y que espera que regresemos a Él si nos hemos apartado por una decisión equivocada de nuestra libertad.

- En cuarto lugar, la fe nos da la fuerza para mirar el futuro con optimismo y para que busquemos la reconciliación; reconciliación con nosotros mismos, sanando las heridas de los resentimientos y envidias; reconciliación con los hermanos, contribuyendo a la búsqueda de la paz; reconciliación con Dios, reorientando nuestra vida según los valores propios del Evangelio.