Descargue la Homilía en formato .PDF

↓ Descargar

Aporte Ecológico a la Homilía del domingo

  •   Domingo Abril 07 de 2013
  •   Aporte ecológico a la Homilía del Domingo
  •    Alejandro Londoño Posada, S.J.

Los Evangelios de todos estos días nos hablan de la Resurrección de Jesús y de sus Apariciones a los apóstoles y discípulos, incluso a uno de ellos bien incrédulo, llamado Tomás. Este necesitaba ver las señales dejadas en sus manos por los clavos o la herida abierta por la lanza (Juan 20, 25).

En la sociedad actual muchas personas hasta que no vean los desastres causados por falta de sentido ecológicos de los gobernantes y las comunidades, no van a reaccionar. Hasta el momento 76 países han perdido todos sus bosques primarios y otros 11 podrían perderlos en sus próximos años. Pero como Tomás, necesitamos de un Jesús Resucitado, que nos impulsa a cambiar de vida.

Los documentos del Concilio Vaticano II nos ofrecen uno sobre la Iglesia en el mundo actual, la Constitución Pastoral Gaudium et Spes. El capítulo III sobre la Vida Económico-Social, está muy emparentado con la Ecología. Pero antes, los números 38 y 39 nos hablan de los valores humanos asumidos por Dios y que dan culmen a la actividad del hombre. Podríamos tomarlos como una invitación a profundizar los grandes interrogantes nuestros: ¿Qué pasará con este mundo? ¿Se destruirá del todo? ¿No quedará nada? ¿Se transformará?

Hoy leímos parte del primer capítulo del Apocalipsis. Hasta que no leamos los últimos dos capítulos no vamos a encontrar plenamente la respuesta a las preguntas anteriores. Allí se nos invita a esperar la Ciudad Nueva, a contemplar con alegría cómo al final de los tiempos Dios hace nuevas todas las cosas. Es decir, este mundo no se acabará, se transformará como dice bellamente un prefacio del misal. De seguro, esto nos despertará una gran curiosidad: ¿Cómo será todo esto?

Expliquémoslo con una comparación. Si una mamá pudiera hablar en su seno, con su hijito aún sin nacer y le contará todo lo irá a ver luego: aviones, árboles, personas, casas, ríos, colores, etc.: ¿qué le respondería el bebé? De seguro: “mamá no entiendo nada de lo que me dices, pero creo en ti y espero que cuando nazca, pueda gozar de todo esto”**.

Cuando se describe esta ciudad, nos sentimos como en una película, pues la nueva Jerusalén aparece resplandeciente, deslumbrante. Está descrita por medio de 12 piedras preciosas (Ap 21,18-20). La ingeniería con que está levantada es de lo más perfecta. Todas las dimensiones parecen escritas como para descrestar. Incluso se afirma que ya no habrá templo ni mediación alguna. Las mediaciones para construir un pueblo no existen (sacrificios, templo, clero, rey, policía, leyes, etc.). Dios está en todo y todo en él.

En el capítulo 21 se menciona 3 veces al Cordero, a Jesús resucitado (v.22, 23 y 27), resaltando así la importancia de la Resurrección. Y el capítulo siguiente y último comienza con esta bella imagen: "Me mostró entonces el ángel un río de agua que da vida, transparente como el cristal, que salí del trono de Dios y del Cordero. En medio de la plaza de la ciudad, a uno y otro lado del río, había un árbol de vida que daba doce cosechas, una cada mes, cuyas hojas servían de medicina a las naciones" (Ap 22,1-2).

Si recordamos la descripción del río que sale del templo de Ezequiel 47, nos inundará a nosotros un torrente de espiritualidad y será una invitación para relacionar más ecología y espiritualidad.

Enseguida el Apocalipsis nos envía a seguir anunciando este mensaje. Sin importarnos cómo la vida continúe, hay que seguir luchando para no decaer de los ideales, en nuestro caso, de la lucha por un mundo ecológicamente sano de acuerdo con los ideales del Reino proclamado por Jesús.

El salmo 117 nos invita a llenarnos de gozo por la forma cómo actúa el Señor y hoy II domingo de Pascua, en concreto por la Resurrección: "Este es el día en que actuó el Señor, festejémonos y alegrémonos en él" (v. 24).