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Aporte Ecológico a la Homilía del domingo

  •   Domingo Abril 14 de 2013
  •   Aporte ecológico a la Homilía del Domingo
  •    Alejandro Londoño Posada, S.J.

En la pesca de los discípulos en el lago de Tiberíades, en una primera mirada, no encontramos ninguna acción ecológica. Sólo la presencia del mar y de los peces. Cuando más una invitación a que pensemos cómo estamos tratando a estos seres, cuyo plato sabemos que nos alimentan tanto.

Pero consideremos dos aspectos: los abusos en la pesca y el mandato de Jesús, junto con el de ser pescadores de hombres, el de ser buenos apacentadores del rebaño. El seguimiento de Cristo implica hoy en día el discernir sobre el modelo de sociedad que vivimos y la que deseamos gozar; ¿Una sociedad del derroche, del estar acabando con los recursos naturales de los ríos y los mares? ¿O una civilización ecológicamente sostenible en cuanto al cuidado de los recursos marinos?

Un día un niño del barrio El Dorado le dijo a su padre: “Papá, por culpa suya se están muriendo muchos pescados. El papá no le entendió nada y entonces el niño le explicó: “Como tú arrojas los plásticos al suelo, el agua se los lleva al río Fucha y este al Bogotá y al Magdalena. Los peces al comérselos se atragantan y se mueren”.

En Vida de Hoy narra Javier Silva que el oceanógrafo Charles Moore navegaba por el pacífico, regresando de Hawai en una regata. De un momento para otro comenzaron a ver una hilera de bolsas de plástico y otros objetos.

Según Greenpeace al año caen al mar 6 millones de toneladas de residuos. Y esa “sopla de plásticos” en alta mar se ha multiplicado por 100 entre 1999 y 2010. Por este motivo y tantos otros que amenazan la vida del planeta, no está por demás recordar que Jesús manda a sus discípulos a ser pescadores de hombre, lo que en sentido ecológico implica formar hombres solidarios con los demás.

Una experiencia personal muy grata. Yo subí varias veces al barrio La Roca, de mi parroquia de San Javier, a celebrar la Eucaristía. Llegaba en bus o en carro por la única calle o carrera que entra allí. Nunca vi algo especial.

Pero en esta semana santa constaté algo diferente, desde que me contaron el día del vía crucis, que esta Ciudadela Parque de la Roca, como se denomina, tiene 24.000 metros cuadrados de zona verde y más de 100 árboles. Eso sin contar los innumerables jardines que existen entre una hilera de casas y las del frente, pues allí no hay calles, sino escaleras. A esto se añade una limpieza extraordinaria. No se encuentran papeles ni plásticos en estos parajes. Qué gran ejemplo para Bogotá que produce 2 millones de toneladas de residuos al año. Y apenas está medio comenzando a reciclarlos este año.

Si Jesús resucitó y se presentó a sus discípulos en el lago de Tiberíades y compartió con ellos el pan y el pescado, fue para algo más: para invitarlos a vivir la Resurrección.