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Redescubramos los fundamentos de nuestra fe

  •   Domingo Abril 14 de 2013
  •   Pistas para la Homilía del Domingo
  •    Jorge Humberto Peláez Piedrahita, S.J.

• Lecturas:
- Hechos de los Apóstoles 5, 27-32. 40-41
- Apocalipsis 5, 11-14
- Juan 21, 1-19

• Los textos pascuales nos ofrecen escenas muy inspiradoras de la primera comunidad cristiana, que giraba en torno a la experiencia del Resucitado. Hoy centraremos nuestra meditación en la primera lectura; allí encontramos al sumo sacerdote que reprende a los Apóstoles por anunciar a Jesucristo: “Les hemos prohibido enseñar en nombre de ese Jesús; sin embargo, ustedes han llenado a Jerusalén con sus enseñanzas y quieren hacernos responsables de la sangre de ese hombre”. La reprimenda del sumo sacerdote va acompañada de unos azotes para que aprendan la lección. ¿Cómo reaccionaron los Apóstoles ante esta prohibición? “Ellos se retiraron del Sanedrín felices de haber padecido aquellos ultrajes por el nombre de Jesús”.

• Esta misma escena se ha repetido a lo largo de los siglos. Muchos de los que detentan el poder han considerado peligrosa la voz de la Iglesia; por eso han querido callarla o al menos reducirla a un discurso religioso y moral irrelevante que no cuestione el uso y el abuso del poder.

• A este respecto, es impactante lo que sucedió con la triunfante revolución bolchevique que instaló la llamada dictadura del proletariado; durante más de setenta años, el ateísmo fue una política de Estado que pretendía borrar toda referencia a Dios. En 1989, cuando cayó el muro de Berlín y con él colapsó el sistema marxista, las iglesias ortodoxas y católicas se volvieron a llenar de fieles, hambrientos y sedientos de espiritualidad.

• Las persecuciones nunca han logrado silenciar el anuncio evangelizador de la Iglesia; más aún, han surtido el efecto contrario, pues han confirmado a los fieles en su compromiso de fe. Así reaccionaron los Apóstoles después de ser reprendidos y azotados por el sumo sacerdote, y así ha sucedido con todas las persecuciones que ha sufrido la Iglesia.

• Queda, pues, claro, que las persecuciones tonifican la fe y el compromiso de las comunidades; nunca han sido una amenaza real para la acción evangelizadora de la Iglesia. La amenaza más peligrosa para acción de la Iglesia no es la que viene de fuera, promovida por los enemigos de ésta, sino que la que se incuba en el corazón de los fieles, cuya fe se va debilitando por múltiples razones y cuya adhesión a la Iglesia se reduce a unos ritos que se celebran simplemente por fuerza de la costumbre; pensemos en el bautismo, la primera comunión, el matrimonio y las exequias. Muchos cristianos celebran estos ritos sin que constituyan una auténtica expresión de fe.

• El Papa emérito Benedicto XVI sintió una honda preocupación por el detrimento de la fe, y lo asumió como uno de los retos prioritarios de su pontificado. Esto lo motivó a convocar a un Año de la Fe, que se inició el 11 de octubre del 2012, fecha del 50° aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II, y que terminará el 24 de noviembre del 2013, fiesta de Cristo Rey.

• ¿En qué consiste la invitación que nos hace el Papa emérito Benedicto?

- Durante este año, nos invita a reflexionar sobre nuestra experiencia de fe para que la redescubramos si es que la tenemos un poco embolatada o desdibujada; para que la fortalezcamos si se ha debilitado ahogada por otras preocupaciones; para que la ilustremos si es que nuestra formación se quedó anclada en el tiempo, sin avanzar y madurar.

- Es muy probable que muchos católicos sigan repitiendo las palabas del viejo Catecismo del P. Astete, que decía que la fe era creer lo que no vemos porque Dios lo ha revelado; el Padre Astete se quedó corto en sus palabras pues la fe es mucho más que eso. La auténtica fe consiste en acoger la Persona de Jesucristo y su mensaje; la fe, por encima de cualquier otra consideración, es un acto de confianza y de amor.

• Precisamente, los textos del Nuevo Testamento, que leemos durante el tiempo de Pascua, nos muestran cómo las primeras comunidades cristianas tenían como centro la Persona de Jesucristo resucitado; era lo que los Apóstoles anunciaban a los judíos y gentiles.

• El Papa emérito Benedicto proclamó el Año de la Fe, que es una invitación para ir a lo esencial del Cristianismo. La experiencia nos muestra que no se ama lo que no se conoce. Así pues, si queremos descubrir las raíces profundas de nuestra fe, más allá de las costumbres y tradiciones que hemos heredado, debemos avanzar en el conocimiento del Señor; para ello recomendamos la lectura pausada de los evangelios, donde encontramos las catequesis de las primeras comunidades cristianas; los evangelios constituyen la fuente primera para avanzar en el conocimiento del Señor: sus palabras y acciones, su pasión, muerte y resurrección. El proceso de maduración en la fe nos exige formarnos. Es lamentable el analfabetismo religioso de muchos católicos que desconocen los contenidos básicos de la fe. Si no alimentamos la fe con la oración, la lectura pausada de los evangelios, la práctica de los sacramentos y el estudio, ésta irá languideciendo.

• En el contexto de las celebraciones del Año de la Fe, hay un tema de la máxima importancia, que es la llamada nueva evangelización, que se pregunta cómo presentar la Persona y el mensaje de Jesús a los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Este descomunal reto de comunicación nos pide conocer las diversas culturas, estar cerca de las comunidades, compartir sus esperanzas y temores. Este es el enfoque que el Papa Francisco quiere darle a la acción de la Iglesia.

• Que esta meditación dominical, que tuvo como punto de partida la prohibición del sumo sacerdote de anunciar a Jesucristo, nos motive a responder positivamente a la invitación que nos hace la Iglesia en este Año de la Fe para redescubrir los fundamentos de nuestra fe personal y formular las estrategias para una nueva evangelización.