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Aporte Ecológico a la Homilía del domingo

  •   Domingo Abril 21 de 2013
  •   Aporte ecológico a la Homilía del Domingo
  •    Alejandro Londoño Posada, S.J.

A propósito de la renuncia del Papa, el ex - embajador en el Vaticano, Guillermo L. Escobar ha propuesto un símil muy bello. La diferencia entre Juan Pablo II y Benedicto XVI es como la de las dos orillas de un mismo río. En una orilla está la personalidad del Papa Juan Pablo II, ardor, amor, corazón. Al otro lado, Benedicto XVI: teólogo, estudioso, cerebro. La Iglesia sigue como un río, el río del catolicismo, que viene desde Jesús y Pedro, deslizándose hacia la eternidad.

Pero vengamos a las lecturas. En la primera se dice: Un día después de comenzar a comer lo que producía la tierra, se acabó el maná; ya los israelitas no tuvieron más maná, sino que aquel año comieron lo que producía el país de Canaán (Josué 5, 12). Hoy diríamos que se nos está hablando del producido de la minería como si fuera el maná. No hay que sembrar, no hay que labrar la tierra. Basta con destruirla y sacar oro, que con este compramos la comida.

Dios quiera que llegue pronto el día en que comprendamos el sofisma tan grande y comencemos a comer lo que produce la tierra, sin que la destruyamos para obtener unas regalías infelices, como sucede con la minería. Este problema debiera ocupar nuestras mentes y nuestro corazón. Hay que acompañar con la oración a los habitantes de los páramos amenazados, como Santurbán en Santander y en tantos otros lugares.

Pasemos a una aplicación del evangelio. Si en nuestra casa tenemos comida en abundancia, para qué nos vamos a ir, como el hijo pródigo a un país extraño a aguatar hambre y a gastar el dinero “llevando una vida de libertinaje” , como por desgracia suelen llevarla muchas personas que se van trabajar en sitios donde predomina la minería.

El hijo pródigo sintió hambre y se dijo: “Cuántos jornaleros en la casa de mi padre tienen pan de sobra y yo aquí me muero de hambre” (Lucas 15,17).

El pecado del hijo pródigo fue no sólo contra Dios, sino contra su familia, contra el prójimo. Por eso hablando de su padre dice: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti”. Menciona primero a Dios y luego a su progenitor. Pero el pecado fue también contra su familia, a la que hizo quedar mal. Desde otro punto de vista ese `pecado fue el de su hermano mayor que se “puso furioso y no quería entrar” (Luc 15, 28).

El hermano mayor es imagen de aquellas personas que no quieren salga adelante el proceso de paz, porque quieren todo para sí. Más evangélico sería que dijeran: “Este hermano – guerrillero o paramilitar - estaba muerto y resucitó; estaba perdido y lo encontramos”. Ojalá que ellos también vengan a trabajar la tierra y no a robársela. Pero que también la tengan fruto de una reforma agraria que nuestros gobiernos no han querido o podido hacerla y por eso las luchas han durando últimamente 50 años.