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Solucionemos los conflictos de manera civilizada

  •   Domingo Mayo 05 de 2013
  •   Pistas para la Homilía del Domingo
  •    Jorge Humberto Peláez Piedrahita, S.J.

• Lecturas:

- Hechos de los Apóstoles 15, 1-2. 22-29
- Apocalipsis 21, 10-14. 22-23
- Juan 14, 23-29

• Uno de los problemas más serios que se está viviendo en escuelas y colegios es el bullying o matoneo escolar. Se trata de las actitudes tiránicas o intimidatorias de uno o varios alumnos contra un compañero de clase. Estas actitudes violentas se expresan de muchas maneras: piden dinero para no golpearlo o divulgar alguna información confidencial; empujan; maltratan; humillan; hacen bromas de mal gusto, etc.

• Este problema no es nuevo. Lo que sí es nuevo es la utilización de las redes sociales como herramienta de tortura. Para un niño y para un adolescente es demoledor lo que se publica sobre ellos en Facebook o en Tweeter; estos comentarios hacen imposible la vida a sus víctimas, que pueden llegar al extremo del suicidio.

• Cuando analizamos esta preocupante conducta, identificamos dos factores: En primer lugar, se trata de unas relaciones sociales enfermas que se construyen desde el dominio o posición de fuerza, y no desde la igualdad y el respeto; en segundo lugar, se trata de un rechazo agresivo de las diferencias: se ensañan con su compañero de clase porque tiene un color diferente de piel o porque pertenece a otro estrato socio económico o porque habla de una manera particular o por su orientación sexual.

• Esta problemática, que es propia de las instituciones educativas, se nutre del mal ejemplo de los adultos. Es lamentable el espectáculo que ofrecen personajes de la vida nacional e internacional que recurren al matoneo contra sus adversarios políticos, y usan los medios de comunicación para descalificarse e insultarse, y para hacer circular rumores y chismes.

• Es natural que existan diferencias de opinión entre los seres humanos; más aún, el unanimismo no permite que las cosas cambien. Lo importante es que las diferencias se debatan de manera civilizada.

• Pues bien, la primera lectura que hemos escuchado, tomada de los Hechos de los Apóstoles, nos plantea una situación muy complicada que tuvo que afrontar la comunidad apostólica, por el choque de culturas y tradiciones. El apóstol Pablo asume la misión de anunciar la buena nueva de Jesús resucitado a los paganos. La fuerza de su palabra, su testimonio de vida y los milagros que hacía suscitaron muchas conversiones. Así, pues, la comunidad de la Iglesia se fue desarrollando a partir de dos colectivos muy distintos: los bautizados provenientes del judaísmo, y los bautizados provenientes del paganismo.

• Los que venían del judaísmo miraban con suspicacia a los paganos recién convertidos y pretendían imponerles algunos de sus ritos como un prerrequisito para abrazar la nueva fe y ser acogidos en la comunidad cristiana. Esta conflictiva situación está descrita en los Hechos de los Apóstoles: “Vinieron de Judea a Antioquía algunos discípulos y se pusieron a enseñar a los hermanos que, si no se circuncidaban de acuerdo con la ley de Moisés, no podían salvarse”. Recordemos que para los judíos, la circuncisión de los varones era signo de pertenencia al pueblo elegido; también tenían unas normas muy estrictas respecto a los alimentos; todo esto formaban parte de su identidad cultural.

• La comunidad apostólica estaba ante un problema muy serio, que podía herir de muerte la naciente Iglesia. El texto nos dice que esta exigencia de los discípulos que vinieron de Judea “provocó un altercado y una fuerte discusión con Pablo y Bernabé”. Lo interesante es destacar que fueron capaces de ir más allá de la discusión y dieron los pasos para encontrar una solución. De manera muy esquemática, el libro de los Hechos de los Apóstoles nos presenta la secuencia de los acontecimientos:

- Una delegación de la comunidad de Antioquía, constituida por Pablo y Bernabé y algunos más, viaja a Jerusalén para tratar el asunto con los Apóstoles y presbíteros;

- En Jerusalén se da el debate, y en él participan los líderes de la comunidad; el espíritu que anima a los participantes no es sacar su propia idea adelante sino acertar en lo que más conviniera a la construcción de la comunidad de fe;

- Llegan a una decisión por consenso, que pondrá punto final al enfrentamiento, y definen una estrategia de comunicación que consiste en la redacción de un solemne documento y el envío de una delegación del más alto nivel.

• ¿Cuáles son los aprendizajes que nos deja esta crisis de la comunidad apostólica, que fue manejada adecuadamente?

- En primer lugar, se afrontó la situación que era motivo de conflicto. Es frecuente que, en razón de conservar una armonía aparente, los temas difíciles se eviten y se pospongan las soluciones.

- En segundo lugar, participaron en la discusión aquellas personas que eran líderes de la comunidad y tenían algo importante que decir.

- En tercer lugar, hubo un manejo adecuado de las dos dimensiones que estaban un juego: los principios y las sensibilidades culturales. Por una parte, se tomó una decisión clara frente al principio que estaba en discusión: los paganos que solicitaban el bautismo no estaban sometidos a la circuncisión ni a la normatividad de la ley mosaica; después de esta afirmación doctrinal, se exhorta a los paganos convertidos a que sean muy cuidadosos en sus comportamientos cotidianos de manera que no incomoden a sus hermanos judíos convertidos que eran muy sensibles a la pureza ritual. En palabras nuestras, diríamos que las orientaciones dadas por Jerusalén tienen en cuenta los principios y la sensibilidad cultural, es decir, integran la doctrina y la pastoral.

• Es hora de terminar nuestra meditación dominical. El texto de los Hechos de los Apóstoles nos dice cómo solucionó la primera comunidad cristiana una difícil situación; en este texto encontramos elementos muy inspiradores para la solución de las tensiones dentro de la Iglesia y también en la sociedad civil. No debemos evadir los temas espinosos, sino que deben ser tratados por las personas que tienen capacidad de decisión; hay que permitir que se expresen las diversas posiciones y los argumentos que las respaldan, sin pretender acallar las voces discordantes; hay que buscar soluciones de consenso, de manera que no haya vencedores ni vencidos, sino que salga fortalecida la comunidad o la organización.