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Aporte Ecológico a la Homilía del domingo

  •   Domingo Mayo 12 de 2013
  •   Aporte ecológico a la Homilía del Domingo
  •    Alejandro Londoño Posada, S.J.

Hablemos hoy de 3 viajes. El primero los encontramos tanto en la primera lectura como en la tercera. Lucas termina su Evangelio con la Ascensión: “Y mientras los bendecía se separó de ellos y fue llevado al cielo” (Lucas 24, 51).Y comienza su libro de los Hechos de los Apóstoles con la despedida y cómo “los vieron elevarse, hasta que una nube lo ocultó de su vista” (Hch. 1, 1-9).

Comparemos esta escena con un viaje. Estamos en una estación a donde llega Jesús y a la vez de donde emprende otro viaje. Jesús termina su vida terrena, dolorosa, sacrificada y entregada por nosotros y emprende otro viaje: asciende ahora en una nube. No olvidemos que “la nube” en el Antiguo Testamento es señal de presencia escondida de Yavé, que ofrecía seguridad al pueblo peregrino.

Hablemos de un segundo viaje, el de la Humanidad. Es claro que Adán, Eva, Caín y Abel, son personajes, por así decirlo simbólicos, personajes de leyendas etiológicas, hechas para explicar unas realidades que inquietaban al pueblo israelita: la existencia del mundo, del hombre, del pecado y hasta de las mismas inundaciones o diluvios. No olvidemos que los 11 primeros capítulos del Génesis son muy particulares.

Esos capítulos “no son históricos, aunque sí tienen historia”. Una poesía sobre Bolívar que llega “en las alas de la victoria” a Santa Fe, no es un texto de historia, pero sí tiene historia. Cuentan que en una clase de Filosofía un alumno desafió al profesor: ¿Cómo me prueba usted que yo existo? Sin inmutarse el profesor respondió: ¿Quién hizo la pregunta? Estamos, pues, en la presentación de la estación de salida de la humanidad. Ahora: ¿Para dónde vamos?

Al describir la Ascensión de nuestro Hermano mayor, Lucas nos habla de la otra estación de nuestro viaje. Dice que Jesús “se les presentó con muchas y evidentes pruebas de que estaba vivo, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles del reino de Dios” (Hch. 1, 3). Destino final del viaje de la humanidad redimida: El Reino de Dios.

Pasemos ahora, para no quedarnos mirando al cielo, como los galileos (Hech. 1, 11), a otros viajes. Hoy, con solo ojear cualquier periódico o revista, hallamos infinidad de propuestas turísticas. En países tan bellos como los nuestros, abundan ofertas de excursiones al extranjero. Estas invitaciones se endulzan, acompañándola con la preposición eco: Eco-turismo, Eco-excursiones, Eco-cruceros.

Irónico eso de apelar a lo económico de tales viajes. Se está abusando de una pariente de eco-logía que lleva el mismo prefijo: eco-nomía (buena administración de la casa). Lo ideal sería conservar la raíz griega eco sólo para significar algo familiar, sencillo y agradable.

En cualquier día de semana, se encuentran en los terminales de buses o aeropuertos, centenares de pasajeros con sus maletas, dispuestos a emprender viajes. Algunos, por una necesidad urgente o por negocio. Otros por descanso. A estos viajes les damos el nombre de paseos. Viaje proviene de vía. Paseo de dar pasos o pasar de un lugar a otro.

Es tan alegre y reconfortante ver familias interesadas en aprovechar los viajes para educar a los hijos en cuanto al disfrutar de los paisajes. A veces, con todo, es al revés. Es frecuente ver a los niños cómo gozan mirando por las ventanas las vacas, caballos, ovejas… y gritando luego a sus padres para que vean estos animalitos. Lo ideal sería que nosotros los mayores también gocemos con la vista de ellos y de nuevos paisajes, montañas, ríos, árboles.

En los viajes no es raro encontrar gente, que arroja papeles y envolturas de alimentos a las carreteras. Con razón muchas vías sólo muestran basureros en sus orillas. Otras personas son tan conformistas que cuando viajan con sus hijos, no protestan cuando se proyectan películas violentas o pornográficas, así vayan con sus hijos pequeños.

Qué bueno que estos paseos sean una manera de encontrar a Dios, de vivir desde ahora el Reino de Dios, con expresiones de solidaridad con las personas y con el cuidado y respeto de la naturaleza.